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“Hay gente que funciona como una escopeta de perdigones: piensa una cosa, siente otra y sus actos se dispersan sin dirección”. Walter Riso

Para un país como el nuestro, concebido con un sistema presidencialista, que se puede dudar de su efectividad o no, pero sigue la tradición Latinoamericana, en el que existe una clara división de poderes: el Poder Ejecutivo recae en el Presidente elegido por votación popular y es independiente del Poder Legislativo y del Judicial, se asume que los ciudadanos nos presentamos a las urnas a votar, por un grupo de diputados que nos representen, un Consejo Municipal y un Presidente.

La figura referencial y a quien se le entrega el poder unipersonal es al Presidente de la República, de quien se espera como mínimo cumpla con las funciones que le ha ordenado la Constitución, y que en el momento de la toma de posesión se comprometa a cumplir con un Contrato Social no escrito, pero sí comprometido desde el momento que se le ha elegido por medio del voto popular.

Siempre ha existido el mal llamado poder detrás del trono, esto no es algo de esta época ni de este lugar, existen personajes, comúnmente un subordinado o asesor, que actúa como líder de facto, estableciendo la política a través de la influencia, la manipulación, o de ambas, la problemática en nuestro país es que en los últimos años, estos personajes han llegado a obtener un poder más que desmesurado, llegándose a convertir no en el poder detrás del trono, más bien han sido el poder en el trono, dejando a los gobernantes como figuras decorativas, hoy más que nunca.

Los libros de historia identifican a este tipo de poder como de Rasputin, retratado frecuentemente como “una figura oscura con poderes sobrenaturales, un símbolo de la decadencia de los Románov”, en nuestro país quienes han detentado el poder por delegación de quien no ha podido o no ha querido ejercerlo en cumplimiento del mandato popular cada vez son más visibles, haciendo que surja la pregunta que calza el presente artículo, al que no encontramos respuesta, porque nos sentimos defraudados ya que a quien entregamos el poder nos ha quedado a deber lo más importante: La Legitimidad.

Las noticias que han circulado en redes sociales, mismas que se han convertido, siempre con la cautela debida, en el medio de comunicación por el que recibimos mucha información, nos ha dejado con un mal sabor de boca, porque se ha identificado a una persona que sin haber sido elegida toma las decisiones que le hemos encomendado al Presidente, sin que hayamos autorizado esa delegación de funciones y sin que exista ley que la establezca.

El problema adicional en el presente caso es el componente político además de institucional de las actitudes de la dama que aparentemente ostenta el poder en Guatemala, como lo es su aparente actitud de apoyo al unionismo, partido concebido como dañino a los intereses del país, si no veamos como el que podría haber sido el Presidente Manuel Villacorta, decayó en el apoyo popular por su cercanía con alguien de ese grupo.

Además de lo anterior siendo importante el trasvase ideológico, nos encontramos con el problema institucional porque si de por si existe una gran desafección hacia la política en general, por la percepción que se tiene de que en Guatemala la política como ciencia no existe, más bien es un mercado de intereses, se suma el problema institucional, porque si es bastante cuestionado que además de tantos Ministros, porque son demasiados para los magros resultados, deban existir también tantos secretarios, y lo más cuestionable el poder que se les otorga por parte del Presidente a estos, a los que nadie eligió, pero más aún las decisiones en nombre de la población que estos toman.

No cabe duda que el actual gobierno tiene muchas explicaciones que darnos, las que lamentablemente no dará, porque el poder envuelve a las personas en una burbuja en la que ellos se dejan envolver.

Debemos poner los sentidos en nuestro futuro como sociedad y analizar desde ya, no solamente a los futuros candidatos que visto está no ejercerán el poder, debemos preguntarle inquisitivamente quienes los acompañan.

El perfil de los candidatos es tan importante como el de sus acompañantes.

Gladys Monterroso

licgla@yahoo.es

Abogada y Notaria, Magister en Ciencias Económicas, Catedrática de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Diploma otorgado por la Corte de Constitucionalidad en 2005, como una de las Ocho Abogadas Distinguidas en Guatemala, única vez que se dio ese reconocimiento, conferencista invitada en varias universidades de Estados Unidos. Publicación de 8 ediciones del libro Fundamentos Financieros, y 7 del libro Fundamentos Tributarios. Catedrática durante tres años en la Maestría de Derecho Tributario y Asesora de Tesis en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

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