«No se hará justicia hasta que los que no se vean afectados estén tan indignados como los que sí lo están». Benjamín Franklin
La Corte de Constitucionalidad en las últimas dos décadas se ha convertido gradualmente en un organismo supra que legisla, ejecuta y ejerce juridicidad, bajo el argumento de la protección y la defensa del orden constitucional se ha convertido en un super poder que ordena a los tres poderes del Estado hacer, no hacer, dejar hacer o permitir en muchas ocasiones sin el fundamento legal propio al caso, sino que en una interpretación más allá de lo extensivo pareciendo en algunas ocasiones infinito.
A partir de este martes, muchos ciudadanos esperamos que se abra una nueva era en la alta Corte y que no se repita el autoritarismo constitucional en el que hemos vivido, con resoluciones más que cuestionables, en algunos casos arbitrarias e ilegítimas llegando a ser algunas ilegales, situación que ha hecho un daño grave a la institucionalidad.
Después de un proceso complejo, debido a la incertidumbre que lo rodeó, que se ha saldado con la toma de posesión en la forma que ha sido, de madrugada debido al ataque de las cloacas que son parte del actual MP, tenemos tres nuevas Magistradas Titulares y tres Magistrados Suplentes, con lo que esperamos inicie una nueva era en el desarrollo de la Justicia Constitucional, que principia con la presidencia de la magistrada Anabella Morfin, quien cuenta con un currículo profesional en el que se encuentra experiencia suficiente tanto en lo público como lo privado, la conozco porque tuvo una actitud humana cuando viví un momento difícil en mi vida, por eso le estoy agradecida.
A la magistrada Astrid Lemus la conozco desde los pasillos de la Universidad como una excelente docente y profesional comprometida con su labor en el Sector Justicia, en la Academia y en lo que se propone, fuerte y decidida como lo ha demostrado desde que fue electa hasta su toma de posesión, al igual que la población en general muchos esperamos que ellas dos den cátedra del buen hacer en una institución que necesita terminar la etapa oscura en la que no existió respuesta alguna a la sociedad, los múltiples fallos cual testigos escritos dan fe de las tantas y tantas arbitrariedades cometidas por las autoridades salientes que no se pueden olvidar, porque son parte de la historia legal emitida y repetida, en la que podemos encontrar muy buenas pero también muy malas sentencias.
De las magistradas Morfin y Lemus un alto porcentaje de la población esperamos resoluciones apegadas a la Justicia tan lastimada por las anteriores magistraturas y la justicia ordinaria, con relación a la magistrada Julia Rivera Aguilar, designada por el CSU, ella tiene ante sí un reto enorme en su vida, que puede determinar su futuro cercano y lejano, debido a su edad tiene más que perder o ganar que los demás, porque ha llegado al máximo tribunal al que puede aspirar un abogado en una etapa en su vida, en la que regularmente hay mucho camino que recorrer.
Ella será a partir de este martes la Magistrada de la Articulación de la que dependerá por donde se incline la Justicia Constitucional, por lo que su papel será relevante, sobre ella recaerá el peso de su propia decisión, por lo que tanto sus aciertos como sus errores serán examinados con lupa, haciendo mayor énfasis sobre los segundos que sobre los primeros, aunque será la última que presidirá la Corte, desde la primera resolución que firme, todas serán parte de su historia de vida, por lo que de ella depende su futuro como el de todos los mortales, solamente que le ha tocado en suerte poder como nadie decidir si camina recto o torcido.
En los últimos años ha sido más visible que nunca la Corte de Constitucionalidad no solamente por la importancia de sus decisiones, sino por la forma en que ha sido utilizada para satisfacer intereses particulares, pero más aún por la desprotección de los intereses generales, por medio de resoluciones recibidas con estupor, molestia y dolor.
La historia juzga, castiga o premia, está y estará presente como un testigo silencioso que nos recordará lo que no hicimos más que lo que sí.







