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Necesario una digresión, para mi familia, a los amigos y a mis lectores. Desde abril de este año, estuve indispuesto y aquejado con los pulmones, órganos principales de la respiración, se ubican dentro del tórax y se dividen en partes más pequeñas llamados lóbulos. Estoy satisfecho y afortunado, porque estoy con tranquilidad y ventura, gracias a Dios, a los médicos, con exámenes completos y sobre todo con la familia. Si Dios me da la vida, seguiré con mis artículos en La Hora, de todo un poco: filosofía, política, derecho, literatura etcétera. Hay épocas que es propicio y oportuno, las remembranzas con vivencias placenteras y otras lacerantes, de los sufrimientos y las alegrías, de los regocijos y de las penas,  luchando y logrando en el devenir de nuestras vidas, que para algunos pasará totalmente a ser una hoja al viento, tal vez hoy, quizá mañana o para otros en algunos años, más como seres humanos, nos marcharemos para siempre algún día, hemos nacido para vivir y para morir; pero todos tenemos una huella y una memoria estampada en la ruta de lo vivido en el calendario de la existencia de todos.

También que ustedes supieron, que en julio de 2015, tuve infarto cerebral que provocó un derrame en el hemisferio cerebral izquierdo que controla el habla y lenguaje, por eso tengo Afasia; por ello no pude hablar mucho, gracias a Dios, mi esposa, mis hijos, los doctores, la psicóloga, el doctor fisioterapeuta y especial la terapista del lenguaje. La afasia si se supera con terapia del habla, pero siempre quedan secuelas, pero logré y mejoré con ayuda de mi mujer, mis hijos, nietos, mis nueras y toda la familia. 

Cosas de mi existencia son mis libros, la música, mis palabras, mis prosas, mis poemas, mis ensayos con sagacidad y mi pensamiento de mí vida. Para mi columna “sin esconder la mano” de La Hora, con las políticas públicas y privadas, a mí la política es un arte para habilidad con principios y razonamientos. La dirección política es una forma especial de arte, que requiere a la vez fuerza y visión en grado extraordinario”. “Administrar es una cosa; dirigir un país, decíaWarren G. Bennis, de la Facultad de Economía de la Universidad de California del Sur, afirma: “Los administradores tienen como objetivo hacer las cosas de la forma adecuada. Los dirigentes políticos tienen como objetivo hacer las cosas adecuadas.”; no como políticos guatemaltecos corruptos; Enrique Jardiel Poncela el escritor y dramaturgo español, dijo: “El político tiene que ser vil: tratar a sus amigos como si hubieran de ser enemigos y a sus enemigos como si hubieran de llegar a ser sus amigos”.

Yo suelo situarme en las metas alcanzadas y en los escollos del camino. Siempre es oportuno pensar en la cotidianeidad de nuestras vidas y lo que de ella hemos compartido con maravillosos que nos rodean. Recordamos, revivimos y meditamos y nos entra más fuerte la morriña, pero nos invade un sosiego para la paz y el gozo y ello nos hace valorar a los amigos, de mi cofradía, mis camaradas, estos incondicionales y leales, sus triunfos y sus tropiezos, sus victorias y sus reveses, sus jodarrias y ocurrencias, sus hombros siempre afectuosos, su mano siempre extendida enalteciendo la vida, su integridad y su llaneza. 

Debemos salir airosos, con actitud, con creatividad e imaginación, con espíritu de triunfadores, más sobre todo entregándonos a Dios; jamás debemos darle paso a la derrota y a la conmiseración; con sagacidad, sencillez, espontaneidad, sapiencia y oración, porque debemos hacerles frente a las tormentas y por consiguiente el viento amaina luego. 

En mi se vuelve una obligación recordar a mis amigos, a los presentes y los que nos dejaron; pero quienes todos, vivos o ausentes, sembraron en mí grandes dosis de templanza, valor, tolerancia, osadía y esperanza; que siempre me enseñaron a afrontar los nuevos retos de la vida, de mi existencia terrenal de estos setenta y cinco años transcurridos. En realidad soy inmensamente afortunado y bendecido, tengo una esposa Diana, tres hijos Andrés, Pablo, Javier, una hija, Cristina, mi nieta Marcela, mi bisnieta Emilia, y mis otros nietos: Tadeo y Lucca y la pequeña “la Jessi”; mis nueras Gabriela “la Gaby”, Regina “la Regis” y Mónica, esposas de mis hijos Pablo, Javier y Andrés. Mi hermano Sergio, mi cuñada Malú y mis sobrinos Diego y Ana Lucía “la Cuchi” y toda mi raza. Y están los amigos, que por una u otra circunstancia se han cruzado en mi vida; porque hay amigos de inocente niñez, de la vida turbulenta y voraginosa de la adolescencia. Amigos de párvulos de Casa Central, del Liceo Guatemala, estos cordiales “mis cuates” y los camaradas  de la Universidad y la Facultad de Derecho, ese antaño edificio, augusta casona de la novena avenida que cobijó nuestras inquietudes con juventud revolucionarias y nuestra visión de un futuro mejor para este desangrado país; rebelde, bullanguera, jodona y muchas veces incrédula y llena de escepticismo. 

Regreso a las saudades, a la melancolía, mi añoranza, nostalgias. Evoco el dolor que me provocó la partida eterna, de esos mis amigos luchadores por la vida, a esos espartanos revolucionarios que en su momento creyeron en la lucha armada como único camino para redimir a esta sufrida tierra y su pobreza secular. Y creo que no dejaron de tener sus razones creyendo en dogmas y ser pragmáticos. Más el sufrimiento también nutre porque nos enseña que somos seres limitados y dependientes, y que tenemos la obligación de ser recíprocos en la ayuda cuando la necesitamos y la debemos ofrecer. Pero todos, absolutamente todos, han sido para mí sostén y soporte, guía y buena sombra. Siempre estoy creciendo fuertemente en cordura, prudencia y reflexión; desde años me han ayudado en el logro de obtener una madurez emocional y espiritual, lo que pienso de cuantos he aprendido y recibido consejo, orientación y sabiduría en mi vida profesional, como hombre, abogado, político y escritor; de quienes he asimilado verdaderas lecciones de vida y de realidad. Para todos amigos y familia, aquellos que me han brindado su corazón, su mano y guía oportuna en las etapas y momentos duros; quienes me han animado en el cansancio y la fatiga. Para todos aquellos que saben perdonar, para quienes no tiene cobijo el guardar ofensas ni el rencor. Para todos aquellos que han reconocido mis victorias pero que también me han apoyado en la derrota. Para quienes me han sostenido en momentos de temor y angustia, a todos los que me han inyectado su coraje y bravura, a quienes debo en gran parte ver la vida con audacia para acometer mis acciones con ardor y pasión; a quienes son francos y cordiales, pero enérgicos y vitales, pero en especial a todos aquellos que han tratado que busque más a Dios. Para todos aquellos con quienes he compartido parte de mi vida, con fragmentos de mi historia. Por todos ellos, mi familia, amigos, amigas, mis incondicionales, mis “cuates” de siempre, de mi solidaridad, de mi hermandad y mi cariño. Siento exigencia vehemente de ratificar a mis seres queridos, mi gratitud por todo aquello que hemos compartido y vivido. Me siento con calidad, humana, fraterna y solidaria; salida de lo más profundo del corazón, porque la emoción de saberlos, mi esposa, mis hijos, mis nietos, la familia, a todos mis amigos, es real, verdadera, intensa, sincera, franca y abierta.

Flaminio Bonilla

Abogado, escritor, comentarista, analista de prensa, columnista en “Siglo XXI” de 1991 y luego en La Hora del año 1991 a la fecha con mi columna “sin esconder la mano”. En la política nacional fue miembro del Partido Democracia Cristiana Guatemalteca, su Vicepresidente del Consejo Político Nacional y Director Nacional de la “Organización Profesional Demócrata Cristiana”. Soy un hombre de izquierda y soy socialdemócrata. Fui Registrador General de la Propiedad del 1982 al 1986; Registrador Mercantil General de la República del 1986 al 1990 y luego 15 años Representante Judicial y Consultor Jurídico del Registro Mercantil. Ha sido profesor universitario en la Facultad de Derecho de la USAC y en la Facultad de Derecho de la Universidad Rafael Landívar. Especialista en Derecho Mercantil Corporativo y Constitucional. Soy graduado en Guerra Política del Colegio Fu Hsing Kang de Taipéi, Taiwán.

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