0:00
0:00

La corrupción no es solo el robo de un funcionario, es mucho más. Se reproduce porque el interés particular se impone sobre el interés colectivo y, con el tiempo, la sociedad se acostumbra porque deja de indignarse y pierde el alma. Eso es lo que está ocurriendo en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

José Luis Hernández Mota, en su análisis sobre normalización, incentivos y reciprocidad, explica con claridad el mecanismo: cuando la impunidad se vuelve habitual, las prácticas irregulares dejan de parecer excepcionales y se convierten en “lo que se hace”. El poder busca, además, adormecer la preocupación ciudadana. Los corruptos minimizan, niegan o maquillan lo que es visible. El resultado es una cultura de la corrupción que se sostiene no solo por el cálculo del beneficio, sino también por redes de reciprocidad: lealtades, favores, gratitud y compromiso entre quienes participan.

Eso es exactamente lo que vemos en la Universidad de San Carlos, otrora autónoma, otrora libre. Aunque el usurpador quiera fingir que todo está bien y compre acreditadoras de mala muerte que no documentan la mala calidad de la vida académica de la San Carlos, aunque haga actos de toma de posesión, aunque dé órdenes para no pagar el bono 14 a profesores que levantan su voz, aunque borre ilegalmente el registro académico de estudiantes honestos, Mazariegos no es rector. 

Walter Mazariegos no es rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, es un usurpador. Aunque Mazariegos se vista de seda, mono se queda. Aunque ponga a sus esclavos a escribir artículos académicos con su nombre, Mazariegos no es científico, es simplemente un usurpador. Como dice el dicho: Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Digan lo que digan sus súbditos, digan lo que digan los anuncios pagados, sus intentos estúpidos de normalizar su segundo fraude electoral: Mazariegos no es rector y punto. 

Esa verdad simple se intenta borrar todos los días. Se busca que la sociedad se acostumbre, que deje de indignarse y que acepte como “normal” lo que nació de un fraude. Eso es exactamente lo que describe José Luis Hernández Mota cuando habla de la normalización de la corrupción en América Latina: un dilema social en el que el interés particular se impone sobre el colectivo, la impunidad se vuelve costumbre y las redes de lealtad, favores y gratitud sostienen lo ilegítimo hasta que deja de parecer escandaloso.

Walter del Cid lo ha documentado con claridad en estas mismas páginas a la usurpación y al usurpador. En su columna del 11 de agosto mostró cómo se pretende “normalizar” las irregularidades: el video, la justificación jurídica falsa, la inauguración de una sede de Humanidades en Escuintla con el nombre del usurpador y el sello francés de mala calidad institucional, acreditadora que no es capaz de decir el hecho más elemental de un campus cerrado a los estudiantes para sostener un fraude. 

Todo lo que hace Mazariegos es falso y es corrupto y eso le funciona como ritual de legitimación. Se busca que la gente se acostumbre. Hernández Mota explica el mecanismo: cuando la impunidad se vuelve habitual, la sociedad pierde la alarma. 

Hace falta un cambio profundo en la forma en que escogemos altas cortes para no volver a incluir a las universidades en ese proceso. Ese fue el incentivo perverso que al final vino y destruyó la San Carlos. Es por eso que al frente de la Usac no tenemos a un académico honesto, tenemos a un politiquero perverso. 

Sin embargo, las reformas institucionales solas no bastan. América Latina está llena de leyes anticorrupción y de organismos de control que no detienen el fenómeno. Hernández Mota lo demuestra: muchas veces las reformas se centran en cambiar la percepción más que la realidad. Lo que realmente puede romper la inercia es la acción colectiva basada en confianza e integridad ciudadana. Mientras exista una voz capaz de señalar la contradicción entre el discurso oficial y la realidad de una universidad cooptada, la usurpación no habrá ganado del todo. 

Por eso: No olvidemos, Mazariegos no es rector, es un usurpador. Y mientras lo recordemos y actuemos en consecuencia, la normalización del fraude en la Universidad Nacional permanecerá incompleta y abierta a la transformación.

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

post author
Artículo anteriorMCD modifica limitaciones que tiene Aeronáutica Civil para remodelaciones e intervenciones en Aeropuerto La Aurora
Artículo siguienteEnfermedad y píldoras de vida