Hay nombres que no son simples etiquetas: Culahá, Xelajuj, Qulaja’, Xelajú, Quezaltenango, Quetzaltenango. Cada uno es una capa de memoria depositada sobre el mismo valle como cada erupción del volcán va dejando una capa geológica histórica. Hace 84 mil años cuando aún no nacía el lago de Atitlán una mega erupción lo formó. Érase un mega volcán de los que no han existido muchos en esta Tierra dicen los geólogos. Esta erupción dejó una serie de capas de tefra (ceniza, pómez y rocas ígneas piroclásticas) muy extensas, por todo el altiplano y occidente de lo que ahora es Guatemala (depósitos de hasta decenas o cientos de metros en valles), hasta el sursureste de México (Chiapas), donde se han documentado depósitos de flujos piroclásticos de hasta 10 m de espesor a más de 150 km del mega volcán que le dio nacimiento al lago de Atitlán. Esa es nuestra casi desconocida memoria geológica.
Si nuestra historia geológica es desconocida, qué será de la historia social, económica y política. Lo mismo que con nuestra memoria geológica, también tenemos un problema de memoria histórica. Lo tenemos porque, primero; la historia suelen escribirla los «triunfadores», en este caso los conquistadores, pero la otra es que en países como Guatemala hay casi nula inversión en investigación científica sociohistórica. Un país con una inversión del 0.03% del PIB en ciencia y tecnología y con una tendencia a la baja con este gobierno porque el Consejo de Ciencia y Tecnología CONCYT no logra subir dicha inversión y la mayor universidad, la de San Carlos, también muestra una enorme reducción en su ya poca capacidad de investigación a juzgar por los datos según el QS World University Rankings. Bueno, regresando a la investigación científica e histórica de la emergencia precolombina de Quetzaltenango, sigo.
Decía yo que la reconstrucción histórica de los últimos quinientos años de Quetzaltenango es una tarea titánica. Deben hacerla grupos de investigación y no solamente investigadores individuales. Esta historia primariamente fue contada por las cartas de Alvarado a Cortés y las crónicas de Bernal Diaz del Castillo. Fue contada casi exclusivamente desde las cartas de Pedro de Alvarado. Cartas escritas para justificar méritos. Esa historia está siendo corregida con textos como los de Carlos Fredy Ochoa.
Carlos Fredy Ochoa, en su nuevo libro Xelajuj en la historia antigua, editorial Xtz’aj chi Iximulew, Guatemala (2026) hace un enorme aporte al conocimiento histórico de Quetzaltenango. Este nuevo texto de Ochoa nos obliga a leer esa historia desde el otro lado: desde los títulos que los propios señores de Xelajuj escribieron a mediados del siglo XVI. Títulos que no son crónicas de derrota, sino instrumentos de memoria contrahegemónica. Documentos que registran mojones, genealogías y batallas con una precisión que las cartas castellanas nunca tuvieron pues tenían objetivos diferentes.
Según Ochoa, la región que hoy ocupamos estuvo habitada desde hace miles de años. En el período precolombino formaba parte del mundo mam. Algunos textos antiguos y la tradición local la llaman Culajá o Kulajá, “garganta de agua”, por la laguna o los manantiales que existían en lo que hoy es la zona 2 y parte de la zona 5. De hecho, las zonas 5 y zona 2 pueden ser vistas como la parte final de una de las cuencas donde drenan ríos superficiales y subterráneos de la zona de San Juan Ostuncalco, montañas de Olintepeque y San Carlos Sija y parte del Siete Orejas. Esta cuenca drena a la zona que hoy es llamada la «Cienega», zona de inundación actual.
Otros, como el periodista Carlos Vásquez, sostienen que Culajá no significa nada en mam y que el nombre correcto sería Tqul Já. El historiador Francisco Cajas Ovando va más lejos: afirma que Quetzaltenango era realmente un lago, destruido por una gran erupción precolombina del Cerro Quemado (Lajuj Kej / Lajuj Noj), que convirtió el espejo de agua en un humedal.
Los estudios hidrogeológicos contemporáneos realizados desde el programa de ciencia y tecnología del agua del Centro Universitario de Occidente (Cunoc), confirman algo de esa memoria. La zona 2 descansa sobre un acuífero libre como lo documentó Jhonatan Tacám en sus estudios hidrogeológicos en el intercambio CUOC-Universidad del Valle de Cali, Colombia con CINARA, su instituto de investigación en agua con apoyo de NUFFIC, entonces el programa holandés de cooperación para la educación superior entre el 2008 a 2012 así como su ampliación por parte de Dagoberto Bautista, ambos investigadores quetzaltecos. Cuando llueve intensamente, las inundaciones regresan como un recuerdo geológico. Somos, en efecto, una “garganta de agua” subterránea. Esa condición física explica por qué el valle fue siempre un lugar de encuentro y disputa.
Según los títulos recuperados por Ochoa, el centro político más importante se llamaba Qulaja’. Allí se congregaban los trece chinamitales –los “oxlajuj Qulaja’ Ajxelajuj”– que formaban una confederación articulada por alianzas de calpules (en mi artículo del 7 de julio de 2026 en La Hora; La Emergencia de Quetzaltenango: De Tecun Umán a Witizil Tzunúm, explico que un calpul era la organización similar a los cantones o literalmente «casa grande»). Antes de ellos, el valle había estado bajo control mam. Los títulos narran la conquista k’iche’ bajo el reinado de K’iq’ab’ (hacia 1425-1475), cuando los señores de Q’umarkaj entraron por el volcán Exkanul (Santa María) y sometieron al principal mam Chun Kaqyok. No fue una expulsión total. Fue una reconfiguración política. Continúa Ochoa: Comunidades mam continuaron existiendo en los márgenes: Ostuncalco, Chiquirichapa y Cajolá.
Según Ochoa, cuando Pedro de Alvarado –Tunatiw– entró a la actual Guatemala en febrero de 1524, no descubrió un espacio vacío. Encontró una confederación organizada. Su entrada por el río Suchiate, en las cercanías de la actual Tapachula. Su entrada fue con aproximadamente 300 soldados españoles y con miles de mexicas (nahuas, tlaxcaltecas y otros). Entre diciembre de 1523 y enero de 1524 iniciaron su ascenso a las tierras altas. Su primera batalla fue en lo que hoy es San Francisco Zapotitlán (no San Martin Zapotitlán lugar actual del Irtra y del moderno turicentro Xetulul, ese no fue el lugar). Nueve días después, el 29 de febrero se libró la batalla decisiva en los Llanos del Pinal. Allí cayó Tecún Umán acompañado de Witizil Tzunúm. Los aliados nahuas le dijeron a Pedro de Alvarado que aquella montaña se llamaba “Tenanko”. De ahí nació el nombre Quetzaltenango.
Esta narrativa de Ochoa es controversial porque «Quetzaltenango» es un topónimo de origen náhuatl formado por quetzalli (el ave quetzal o sus preciosas plumas) y tenamitl (muralla o lugar amurallado) más el sufijo locativo -co/-go, por lo que significa “el lugar amurallado del quetzal” o “la muralla del quetzal”. La evidencia histórica más sólida proviene de los glifos del Lienzo de Tlaxcala y del Lienzo de Quauhquechollan (siglo XVI), donde el lugar se representa consistentemente como un muro con plumas de quetzal encima; además, varios títulos k’iche’ narran que, tras la batalla de 1524, los aliados nahuas de Pedro de Alvarado respondieron “Tenanco” o “Quetzaltenanco” cuando éste les preguntó el nombre del sitio, confirmando que el término fue impuesto por los hablantes de náhuatl que acompañaban a los españoles y no por los propios castellanos.
Pero la resistencia no terminó con la muerte de Tecún. Como lo señala el Título del Ajpop Huitzitzil Tzunún, estudiado por Francis Gall, Huitzitzil Tzunún –capitán y cabeza de uno de los calpules– acompañó a Tecún y, después de su muerte, desempeñó un papel decisivo en la reorganización de su pueblo. El documento, escrito apenas cuarenta y tres años después de la invasión, legitima los derechos de don Martín Velásquez, descendiente de ese linaje. La transición de Huitzitzil Tzunún a Martín Velásquez no fue una traición. Fue parte del proceso de supervivencia colectiva que construyó la nueva Guatemala del siglo XVI, desde su origen en Quetzaltenango. Ese es el tema de la próxima entrada.
Nota: El libro de Carlos Fredy Ochoa será presentado el 12 de agosto de 2026 a las 6 p.m. en el Aula Magna de la Universidad Rafael Landívar en Quetzaltenango: Bienvenidos.







