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En la primera parte de esta reflexión abordé el grave problema del aprendizaje de las matemáticas que afecta a la gran mayoría de los estudiantes guatemaltecos y latinoamericanos. Las cifras de PISA y las evaluaciones nacionales no son simples datos estadísticos: revelan un sistema que, en lugar de cultivar pensamiento crítico y comprensión profunda, reproduce exclusión, ansiedad y una desconexión profunda entre lo que se enseña en las aulas y las necesidades reales de las personas y las sociedades.

Según la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), en su propuesta Ciencia: Conocimientos para Todos, capítulo 3, las matemáticas son la ciencia de los patrones y las relaciones. No se trata solo de memorizar fórmulas o hacer cálculos rápidos, sino de aprender a ver el mundo a través de patrones que nos ayudan a entender la realidad, resolver problemas cotidianos y tomar mejores decisiones. Las matemáticas combinan lógica y creatividad, y sirven tanto para fines prácticos (como construir puentes, manejar finanzas o predecir el clima) como por su propia belleza e interés intelectual.

Esta visión amplia –a la que llamamos alfabetización matemática– es esencial para cualquier persona en el mundo actual. No basta con saber operaciones básicas: se necesita comprender cómo las matemáticas nos permiten entender prácticas, crear modelos de la realidad, conectar conceptos y aplicar el razonamiento lógico a situaciones reales. Es el lenguaje fundamental de la ciencia y la tecnología, y una herramienta poderosa para la vida diaria y el ejercicio de una ciudadanía informada.

Hoy, en esta segunda parte, propongo mirar hacia visiones claras, coherentes y profundamente democráticas que iluminan el camino de la alfabetización matemática. Destacan, en primer lugar, las del National Council of Teachers of Mathematics (NCTM) de Estados Unidos y las del Project 2061 de la AAAS, así como la Nueva Escuela Mexicana (NEM) como un valioso complemento latinoamericano, cuya profundización reservo para la tercera parte.

El NCTM, en sus Principios y Estándares para las Matemáticas Escolares (2000) y Principios para la Acción (2014), ofrece una justificación para la alfabetización matemática de todos. Desafía la idea de que las matemáticas son solo para unos pocos “talentosos”. Por el contrario, todos los estudiantes merecen la oportunidad y el apoyo necesario para aprender matemáticas significativas, con profundidad y comprensión. Esta alfabetización permite comprender el mundo a través de patrones y relaciones, tomar decisiones informadas en contextos cotidianos y complejos –desde las finanzas familiares hasta las políticas públicas basadas en datos– y participar activamente en una sociedad democrática que exige pensamiento crítico ante información cuantitativa.

El NCTM coloca la equidad como principio central: la excelencia requiere altas expectativas y apoyo diferenciado para todos los estudiantes, independientemente de su origen socioeconómico, género, etnia o ubicación geográfica.

Esta visión dialoga estrechamente con el Proyecto 2061 de la AAAS. En Ciencia, conocimiento para todos, las matemáticas ocupan un lugar central en la alfabetización científica. Se presentan como la ciencia de las pautas y las relaciones, que combina lógica rigurosa y creatividad. Son universales y tienen aplicaciones en la vida diaria, la ciencia, la tecnología y la toma de decisiones ciudadanas. Una comprensión básica de su naturaleza es indispensable para toda persona en la sociedad moderna, no solo para futuros especialistas.

Tanto el NCTM como la AAAS rechazan la memorización mecánica y promueven el aprendizaje significativo: resolución de problemas, razonamiento, comunicación, conexiones con otras áreas y el uso de múltiples representaciones. El aprendizaje es un proceso social y activo, en el que el docente actúa como guía que conoce a sus estudiantes y crea entornos seguros para explorar, equivocarse y crecer.

La Nueva Escuela Mexicana (NEM) comparte estos principios desde una perspectiva humanista y comunitaria latinoamericana. En el campo formativo “Saberes y Pensamiento Científico”, busca desarrollar pensamiento matemático contextualizado, vinculado a problemas reales y saberes ancestrales. Profundizaré en ello en la Parte 3.

El contraste con nuestra realidad educativa es doloroso. Mientras estas visiones apuestan por profundidad, equidad y significado, muchos currículos siguen atrapados en el formalismo abstracto y la repetición sin sentido. Sigue la violencia simbólica contra estudiantes de primaria, secundaria y universidad en donde la matemática se usa para reprimir, para obligar a la repetición memorística, donde ni el o la docente saben ni entienden lo que enseñan. Esta represión es mayúscula en las escuelas de ingeniería, donde la matemática es un filtro y un elemento de represión en lugar de ser una herramienta de comprensión y de diseño. Esto perpetúa el fracaso masivo y la inequidad.

La buena noticia es que ya contamos con bases sólidas para cambiar. La formación docente debe encarnar estos principios: formar maestros capaces de conectar las matemáticas con realidades concretas –el ciclo del agua, la economía local, la salud comunitaria– y de elevar las expectativas con apoyo real.

Guatemala y América Latina enfrentan una oportunidad histórica. Inspirados en el NCTM y la AAAS, y enriquecidos por enfoques como la Nueva Escuela Mexicana, podemos construir una educación matemática que forme ciudadanos alfabetizados, críticos y creativos. La alfabetización matemática es un derecho de todos y una responsabilidad colectiva.

Es hora de actuar con convicción y urgencia. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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