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En mi artículo “Sin justicia, sin nada, sin Universidad, sin vergüenza” diagnostico el estado calamitoso de la justicia guatemalteca en relación con la cooptación de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Pero, siempre hay un pero. Pero también llamo a la acción. Esto significa pasar de la denuncia moral y el lamento a la acción transformadora. Según Louis Althusser, la praxis no es mera actividad instrumental, sino una práctica teórica y política que transforma tanto la realidad como la conciencia de los sujetos que la realizan. 

No se trata solo de “hacer algo”, sino de intervenir en las estructuras ideológicas y materiales que reproducen la dominación –en este caso, la captura de la Usac por parte de redes corruptas amparadas por una Corte de Constitucionalidad que actúa como aparato ideológico del Estado–. Para Althusser, la praxis auténtica implica una ruptura: reconocer que las instituciones (universidad, justicia) han sido vaciadas de su contenido democrático y hay que reconstruirlas desde una posición de clase y de proyecto histórico.

Anthony Giddens complementa esta visión con su concepto de práctica social como recursividad entre estructura y agencia: los actores no son meros reproductores pasivos, sino que, mediante su acción reflexiva y monitoreada, pueden modificar las reglas y recursos del sistema. En el contexto guatemalteco, esto significa que un movimiento universitario no puede quedarse en protestas reactivas o en la mera exigencia de “limpieza” de la Usac. 

La praxis social exige claridad estratégica sobre los fines perseguidos. Existen dos fines posibles que no siempre coinciden: (1) la recuperación específica de la Usac como institución autónoma y emblemática, y (2) la defensa más amplia de la democracia mediante la reconstrucción de un sistema público de educación superior. Es perfectamente plausible que el primer objetivo no se logre plenamente (la Usac podría seguir capturada), pero que se avance en el segundo: la creación de al menos cuatro nuevas universidades públicas que eliminen la función de elegir altas cortes, rompiendo así el mecanismo de cooptación oligárquica.

Sin embargo, como bien señala el llamado a la acción, la praxis requiere primero claridad de objetivos. La actual Resistencia Universitaria se encuentra atomizada, atemorizada y perdida precisamente porque no ha definido con precisión qué busca: ¿restaurar la Usac tal como era o refundar el sistema de educación superior pública para que deje de ser un botín electoral y un instrumento de captura judicial? Sin esa claridad conceptual y estratégica, cualquier movilización corre el riesgo de reproducir las mismas estructuras de dominación que critica. La verdadera praxis, althusseriana o giddensiana, comienza por esa lucidez colectiva que transforme el dolor y la vergüenza en proyecto histórico consciente. Pero para eso se requiere una capacidad previa, leer y escribir. 

La universidad de San Carlos como proyecto académico ha sido cooptada. Recuperarla significa hacer otra universidad totalmente nueva, diferente que valore el mérito, esto es, que sea meritocrática. Walter Mazariegos solamente es la punta del iceberg de este fenómeno de la decadencia de una universidad publica que casi se privatizó y se corrompió. No son raros los rumores de que en tal facultad X cobran por ganar un examen privado. No son extraños los comentarios de la corrupción en diferentes programas académicos. Y esa corrupción no la induce Walter Mazariegos, ya existían antes de que el destazador iniciara su camino de ir al rastro universitario para usar a la Usac como un simple botín político. 

Ciertamente la crisis actual se diferencia de la crisis interna que ya veníamos viviendo y que inauguró el corrupto rector Eduardo Meyer, quien además entregó a compañeros universitarios revolucionarios al ejército de Guatemala. Pero los rectores vinieron de mal en peor y eso porque la universidad iba perdiendo su razón de ser. A ningún rector le importó la calidad académica, el elitismo universitario, la baja eficiencia terminal, los larguísimos programas de licenciaturas que produjeron esa terrible enfermedad que no inventó Mazariegos, la licenciatitis y la cada vez más baja producción científica. Mazariegos solamente la profundizó con el agregado de que negoció un botín político en el momento en que el Pacto de Corruptos más lo necesitaba. Todo eso lo debemos entender para realmente decidir como comunidad universitaria, como país, como pueblo, qué universidad o universidades queremos. 

Para realmente ir a la praxis, antes, mucho antes, el movimiento de resistencia universitaria debe aclarar qué quieren, qué queremos, qué es lo adecuado, qué es lo prudente, qué pide o requiere el Pueblo que es al final quien paga a la Universidad. Así que o queremos la recuperación específica de la Usac como institución autónoma y emblemática o la defensa más amplia de la democracia mediante la reconstrucción de un sistema público de educación superior. Como dice Arjona: «Vamos aclarando el panorama…».

Pero independientemente de si optamos por el objetivo a largo plazo de crear un sistema de educación público superior con al menos cuatro universidades públicas nuevas, una en el norte, otra en el sur, otra en el oriente y otra en el occidente, además de institutos tecnológicos superiores o si optamos por enfocarnos en la recuperación específica de la Usac, el enemigo común en este momento es Walter Mazariegos y la Corte de Constitucionalidad dirigida por Barreto. No podemos, no debemos aceptar una Corte que quiere avalar el fraude electoral más descarado en la historia de Guatemala. Es el momento en que los universitarios sancarlistas deben unirse para salvar a la Usac. Es urgente convocar a la movilización, unirnos para la acción, llevar todas estas ideas de libertad y democracia a la praxis. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca. 

 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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