Algún aspirante a fiscal general y algún analista propusieron “detener el péndulo” en el Ministerio Público. Con ello sugerían que el nuevo fiscal no debería continuar investigando a los miembros de la Alianza Criminal, esa hija putativa del Pacto de Corruptos que ha cooptado instituciones durante años. Ven el ir y venir de la política guatemalteca como un péndulo simple. Pero un péndulo físico no es lo mismo que una simple analogía política.
Un péndulo simple, como lo estudió Galileo Galilei, es una masa m suspendida de un punto fijo mediante una cuerda de longitud L de masa despreciable. Bajo la influencia de la gravedad, oscila en el plano vertical. Negando la resistencia del aire, el sistema es conservativo. Aplicando la segunda ley de Newton para sistemas rotacionales, se obtiene la ecuación diferencial:
a=-gsenΦ
Donde a es la aceleración tangencial, g la gravedad y Φ el ángulo respecto a la vertical. El péndulo va y viene, repite su oscilación indefinidamente entre dos extremos. Ese comportamiento cíclico, idealizado, parece haber inspirado la metáfora: la CICIG osciló hacia la izquierda (justicia), Morales y Giammattei lo regresaron hacia la derecha (impunidad) con la ayuda de Consuelo Porras. Ahora piden que el nuevo fiscal no oscile más hacia la izquierda y que deje libres a los corruptos.
Pero el péndulo físico siempre regresa al punto de equilibrio. No es un buen modelo para la justicia guatemalteca. La justicia no debe oscilar según quién controle el poder. Quienes la convirtieron en instrumento de venganza y protección fueron los mismos que hoy claman por “equilibrio”: caciques económicos, corruptos procesados por la CICIG, narcos y estructuras que capturaron el Estado. Ellos quieren un péndulo que oscile a su favor y se detenga cuando les conviene.
Lo que Guatemala necesita no es un péndulo, sino un sistema lineal. Un mecanismo que avance en una sola dirección: identificar delitos reales, investigarlos con rigor, respetar el debido proceso y aplicar la ley sin miedo ni favoritismos. No inventar casos ni pruebas. No archivar miles de expedientes para proteger a Miguel Martínez, Malvin Quijivix, Jimmy Morales, Alejandro Giammattei y otros que impusieron magistrados en la Corte de Constitucionalidad. No mantener casos en reserva como arma política.
Datos recientes son elocuentes: durante la gestión 2018-2025, la eficacia del Ministerio Público en delitos de impacto cayó drásticamente (del 14% a cerca del 6%). La impunidad en extorsión supera el 95%, en violencia contra la mujer el 96% y en corrupción de alto nivel es prácticamente total. Más de 100 fiscales fueron destituidos o sancionados arbitrariamente. Cientos de guatemaltecos honestos enfrentan procesos espurios mientras los grandes corruptos gozan de protección. Eso no es oscilación: es captura institucional.
La reconstrucción del sistema de justicia requiere más que rechazar metáforas inexactas. Exige acciones concretas desde poner límites temporales estrictos a las “reservas” de casos y auditorías independientes de archivos masivos, así como el fortalecimiento de las unidades anticorrupción con presupuestos protegidos y carrera profesional basada en resultados, no en lealtades. Eso significa una profunda reforma de las comisiones de postulación y las altas cortes para romper círculos de impunidad.
Ya basta de la dictadura de los corruptos a través de las altas cortes y un MP convertido en escudo. Esperamos un sistema de justicia que investigue de verdad, que deje de proteger a los poderosos y que responda a las víctimas. La reconstrucción no vendrá sola. Requiere gente honesta y capaz en las instituciones, pero sobre todo exige una ciudadanía vigilante.
Exijamos esos cambios. Hagámoslo ahora, guatemaltecos y guatemaltecas, porque si no es ahora, no será nunca.







