Quiero aclarar a quien inicie la lectura de esta columna, que no he sido, ni he querido ser, miembro del partido Semilla. He decidido escribirla a partir de que se ha hecho más que evidente la lamentable ruptura entre la militancia de Semilla con ocasión de la coyuntura política que estamos viviendo en la lucha contra la cooptación del Poder Judicial y del Ministerio Público por parte de las redes político criminales.
Semilla es un partido virtualmente cancelado. La judicialización de la política llegó a este extremo (lawfare). Muchos hechos concretos pueden argumentarse sobre las eventuales inconsistencias en la constitución de este partido, pero aún en el caso de que ellas hubieran ocurrido, la explicación no es jurídica, sino que absolutamente política. La alianza a veces explícita y a veces vergonzante entre élites empresariales y redes político criminales subyace en el actuar ilícito del Ministerio Público y de algunas cortes y juzgados. En Guatemala, y en muchos países, el carácter republicano del Estado es una ficción. La particularidad en nuestro país es que el rol determinante del poder judicial en la política es solo una forma de la descomposición de la república. En la realidad, esa subordinación de la política a la justicia, es la expresión de un poder subyacente (redes político criminales /algunas elites empresariales) que tiene cooptado el poder judicial y su auxiliar, el Ministerio Público. Esa maquinaria de guerra judicial ha limitado sustancialmente el poder político del presidente.
Bernardo Arévalo es un político demócrata y republicano, gobernando un Estado que poco tiene de ambas características. Pero él ha sido coherente con su ideología y se propuso transformar tal situación respetando una institucionalidad cooptada. Algunos podemos no estar de acuerdo con esa práctica política, pero quien gobierna es él.
Lo anterior hace comprensible la frustración de algunos semillistas, inconformes con esa práctica política del presidente. Dicha frustración seguramente se agrava ante la incapacidad gubernamental de al menos cumplir con algunos aspectos muy importantes para avanzar en las transformaciones estructurales del país que se podrían haber realizado a pesar de las limitaciones que la guerra jurídica le impuso al presidente, tal es el caso del incumplimiento del Acuerdo Agrario en el cual la voluntad política del presidente no fue asumida por algunos ministerios encargados de su cumplimiento.
Una parte del liderazgo de ese partido, probablemente angustiados porque no tendrían una ficha partidaria para participar en las próximas y ya cercanas elecciones, aprovechando la frustración ya referida, decidieron abandonar el barco antes que se hundiera. En todo caso, la realidad es que Semilla desaparece y Raíces difícilmente será inscrito.
Sin embargo, a mi juicio, Semilla no es un proyecto político fracasado. Su surgimiento es el único hecho trascendental de la movilización ciudadana en el año 2015 cuando Otto Pérez Molina fue defenestrado, a partir de que los gringos le quitaron su apoyo. De esa coyuntura hay dos resultados, uno perverso llamado Jimmy Morales y otro virtuoso, el posterior surgimiento de un partido político con la participación de jóvenes, población urbana y clase medieros. Surgió así la posibilidad del “progresismo” en Guatemala. Tan es significativo este segundo resultado que logró que el liderazgo de Bernardo Arévalo pudiera conducir al partido a la conquista de la presidencia.
Lo anterior significó que las redes político criminales perdieran el control del poder Ejecutivo y que Bernardo Arévalo, reconocido por su honestidad, impulsara una estrategia, la anteriormente referida, para que la institucionalidad estatal dejara de estar cooptada. Son discutibles sus logros, pero para valorarlos pensemos que habría pasado si Sandra Torres u otro personaje oscuro hubiera llegado a la presidencia.
Pero lo más significativo es que el Presidente logró una alianza con las Autoridades Ancestrales de los pueblos indígenas, lo cual antes no se había dado. Ellos se convirtieron en el principal actor político y social del país, defendiendo la democracia. Las Autoridades Ancestrales podrían tener razones para romper esa alianza (dirigentes de sus movilizaciones están presos), si no entendieran la complejidad de la situación política subyacente. Afortunadamente, la sabiduría ancestral ha prevalecido aún y eso los ha vacunado contra el oportunismo político pequeño burgués.
El proyecto político Semilla no ha fracasado. Nos está dejando un legado, entre los cuales he mencionado algunos.
Pero, de cara al futuro Semilla nos demuestra, con su surgimiento y sus logros políticos, que no hay UNA izquierda. Lo que existen son IZQUIERDAS y hay que construir un instrumento que las contenga, es decir un partido que exprese su PLURALIDAD. Y esto no es un frente amplio, tan necesario como diferente a un partido. De lo que estamos hablando es de un partido con visión estratégica de mediano y largo plazo que logre tener un horizonte que no se agote en un proceso electoral.
En síntesis el proyecto político Semilla no fracasó, tenemos un legado que debe servir para aportar a la construcción de un partido de IZQUIERDAS, sin intereses oportunistas, sean individuales o grupales.







