No es ningún secreto que la gestión del alcalde Quiñónez y de su equipo la considero un desastre y que lo considero a él corresponsable del calamitoso manejo de la ciudad de Guatemala, dado que fue vicealcalde por varios períodos antes de que falleciera Arzú.
Ahora todo pinta a que se presentará a pelear por la alcaldía metropolitana el diputado de Raíces (antes Semilla), Samuel Pérez. La pregunta obligada es qué puede ofrecer para mejorar la ciudad capital un diputado arrogante, soberbio y fanfarrón, que, encima de todo, en su gestión como legislador oficialista hizo exactamente lo mismo que tanto criticaba cuando era de la oposición: pactos con diputados ligados al crimen organizado y negociaciones turbias y poco transparentes con anodinos resultados.
Los hechos han demostrado que su gestión como diputado oficialista fue más que mediocre, y su soberbia lo llevó a fraccionar al partido político que lo llevó a ocupar su curul. Lo mismo se puede esperar de él, si llega a ser alcalde capitalino.
La ciudad de Guatemala enfrenta problemas muy serios, que deben resolver personas con capacidad técnica y de gestión, no un diputado que pasa la mitad de su tiempo enviando mensajes en redes.
El problema más visible (no el más importante) es el tráfico, el cual no se resuelve con más calles. La única forma de reducir el tráfico en la ciudad es reduciendo la cantidad de vehículos que circulan por las calles, la mayoría de los cuales vienen de municipios aledaños, incluso de otros departamentos como El Progreso, Escuintla, Sacatepéquez y Chimaltenango. Y se reduce la cantidad de vehículos de dos formas. La primera es fomentando la descentralización, tanto administrativa como laboral, reduciendo la cantidad de personas que necesitan venir a la capital. La segunda es mejorando el transporte público, no sólo en la ciudad, sino el transporte que viene del interior del país, e incentivando su uso, principalmente para las nuevas generaciones que no tienen costumbre de utilizarlo. Una tercera forma es escalonando horarios de trabajo en los sectores público y privado.
Un diputado que probablemente nunca ha utilizado transporte público, por lo menos en Guatemala, a pesar de enarbolar su obtuso y trasnochado discurso de “luchas de clases” difícilmente es la persona ideal para resolver un problema de esta naturaleza, en el que se necesita habilidad para llegar a acuerdos con otros alcaldes, incluso con gobernadores de este y otros departamentos.
Hoy, ya sabemos cómo negocia el diputado Pérez, así como los bloques de Semilla y de Raíces, y sobre todo cómo anteponen sus intereses partidarios a los de la nación.







