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Se suele afirmar que la tecnología es progreso. Ahora bien, el progreso —como se ha enfatizado a menudo— no significa simplemente mejora. En el caso de la tecnología significa a veces para bien y a veces para mal, dependiendo de quién y para que la usa.

Durante los miles de años del homo sapiens, mientras que el progreso tecnológico ha sido de avance acumulativo —lo logrado en el pasado no se pierde fácilmente al avanzar hacia el futuro— al evaluar la mejora en la ética y la política eso no sucede, dado que es mucho más fácil deshacer y exponer a un mal uso e interpretación caótica a ambos. En efecto, la historia nos ha enseñado que las mejoras en ética y política se desmoronan cada pocas generaciones. Por lo tanto, el progreso en este sentido no es producto de acumulación de los avances pasados o del conocimiento científico y vive más del mito, la leyenda y la ilusión. En nuestro medio, para el pueblo, política y ética es una realización aplastante y deprimente, y por eso se le califica al chapín de indiferente, pesimista sin comprender que de la una ni de la otra hay garantía —ni siquiera es probable, o tal vez ni posible— de que el futuro sea colectivamente mejor que el pasado.

Tras el colapso del comunismo entre 1989 y 1990, todo el mundo coincidió que esto era un gran avance; la mayoría creíamos posible un futuro sin monstruos y conflictos tradicionales por el territorio, los recursos, la religión y la etnia. Creímos que eso se acabó. Menos de cincuenta años después, vemos derramamientos de sangre por todo el globo, fragmentación del Estado en la mayoría de territorios, genocidios, no digamos colapsos económicos. Todo se repite y entonces uno se pregunta. ¿Qué se aprendió de aquello?. En la generación más vieja pobladora actual del planeta, la burbuja de la esperanza delirante se pinchó hace tiempo y va muriendo con sus miembros.

¿Pesimismo? ¡De ninguna manera! Pero tampoco soy crédulo de que, en cada punto de la economía, la sociedad o el ambiente haya muchas opciones. En coyunturas particulares de la historia social, económica y ambiental que estamos viviendo y sufriendo, para la mayoría de la humanidad, las opciones de bienestar siguen siendo severamente limitadas por lo que ocurrió antes y es cuento de no acabar: guerras, devastaciones ambientales, manipuleo sin ética de la economía y la injusticia. Y en esto hay un gato encerrado para solucionar: Para que haya un progreso incremental y lento de solución de conflictos, los distintos grupos y clases sociales deben tener suficiente en común y confiar lo suficiente los unos en los otros para acordar qué es el progreso y avanzar hacia él. Eso no se está dando ahora ni lo fue en el siglo pasado cuando las sociedades dizque más avanzadas culminaron en dos guerras mundiales. De hecho, en gran parte de la historia humana, el progreso no es posible por esa razón.

Tampoco ignoro lo crítico que es poder discernir para políticos, científicos y religiosos si el hecho violento y belicista del pasado de muchos períodos de la historia, se repetirá pronto y con mayor tragedia. En estos momentos se torna difícil afirmar si nuestras opciones en todos los campos políticos están fuertemente limitadas y nos encaminamos a una conflagración mundial de dimensiones terroríficas para el hombre. Estamos ante una situación mundial de devastación natural y social y no se ve camino de solución. No hay una sola respuesta. Absolutamente no existe grupo salvador, ni iluminado de ideas de salvación, ya sea para los individuos o para la sociedad. Es sobre esto sobre lo que deberíamos estar pensando y sin embargo, todas las generaciones actuales parecen coincidir en que el futuro de la humanidad no está siendo ni será mejor de todo lo pasado y todas las generaciones vivimos aferradas a un hoy ante la imposibilidad de ver ruta clara ni tan siquiera para el mañana más cercano. ¿Pesimismo o verdad? ¿quién sabe?

Alfonso Mata

alfmata@hotmail.com

Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.

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