Migrantes llegan al lado mexicano del río Suchiate en la frontera con Guatemala. Los centroamericanos siguen intentando llegar a Estados Unidos. Foto La Hora/AP

La búsqueda de bienestar continúa siendo una de las principales razones de los guatemaltecos para migrar hacia Estados Unidos, según revela un estudio sobre el impacto en las familias ante el fenómeno de la migración irregular. Sin embargo, también se destaca que a pesar de la aspiración de prosperidad, quienes se quedan en Guatemala son susceptibles de sufrir el rompimiento en sus relaciones e incluso afectaciones psicológicas y emocionales.

El informe del Research Triangle Institute (RTI International) y World Vision Guatemala fue elaborado a partir de encuestas a 385 personas, con al menos un familiar migrante irregular en el 2021.

Por medio de los testimonios se logró concluir que los motivos para migrar son multifactoriales, con una predominancia relacionada con recursos insuficientes, principalmente el desempleo, empleo precario, pobreza y búsqueda de la mejora del bienestar familiar.

La causa más destacada para migrar entre las comunidades entrevistadas es la económica, según respondió un 84%. En esta categoría un 41% indicó que es búsqueda de bienestar, seguido de 25% en el rubro de desempleo o empleo precario y 17% por pobreza.

LA PARADOJA DEL BIENESTAR FAMILIAR

El 91.7% de las personas encuestadas reconoció impactos positivos luego de migrar, demostrando que el desplazamiento con propósito de superación de sus familiares se cumple significativamente en sus vidas, principalmente en lo económico.

Sin embargo, hasta un 97% de las familias expresó que al menos un miembro quedó afectado emocionalmente luego de la partida de su familiar a otro país.

 

“En este dato se encuentra una de las principales paradojas del fenómeno de la migración. El funcionamiento de la familia se enfrenta a una crisis importante relacionada con la migración (…), las familias se ven en la obligación de poner una balanza de necesidades en las cuales priorizan la cobertura de necesidades económicas a los impactos emocionales”, detalla el informe.

¿QUIÉNES SON LOS MÁS AFECTADOS?

A raíz de la investigación se determinó que solo el 3% de las familias encuestadas no tuvo a algún miembro afectado emocionalmente por el desplazamiento de quien viajó a Estados Unidos.

Para el 97%, los familiares mayormente afectados fueron aquellos dentro del círculo cercano, específicamente la madre (55%), hijo o hija (15%) y en tercer lugar el padre (12%).

En los casos más severos, el 21% de los familiares afectados emocionalmente presentaron indicios de haber sufrido depresión. Para el equipo investigador esta sintomatología puede explicarse en que la separación “genera incertidumbre, temor de riesgos en el camino y pérdida de referencias familiares”.

Para esta recopilación se tomaron en cuenta siete síntomas relacionados con la depresión y las personas podían identificarse con más de uno.

 

El síntoma presentado con mayor frecuencia fue “estar muy triste”, con un 88% de la población encuestada; el 72% lloraba con facilidad y el 42% experimentó problemas con el sueño.

Para el 29% de las personas afectadas su apetito disminuyó; otro 9% indicó haber estado “muy mal” emocionalmente y necesitar ayuda; otro 4% expresó que ya no quería vivir y un 1% intentó suicidarse. También se reportó el caso de un fallecimiento por estas mismas circunstancias.

La mayoría de personas presentó de dos a cuatro síntomas después de la separación familiar.

DESINTEGRACIÓN FAMILIAR Y SEPARACIÓN

En relación con los efectos colaterales debido a la migración de un familiar se encontraron dos variables predominantes: la desintegración familiar y problemas que incidieron en la separación de pareja.

La investigación refleja que la desintegración familiar implica una reestructuración en las responsabilidades del hogar por parte de la pareja o los hijos e hijas. “Existen niñas/niños de 12-14 años de edad liderando jefaturas de hogar, provocando adultez temprana y limitando su desarrollo emocional”, rescata el informe.

 

Una mujer de 60 años, viuda y madre de tres hijas relató a los investigadores que decidió migrar a Estados Unidos en busca del bienestar de su familia. Es originaria de Piedra Grande, San Marcos, y narró que al decidir el viaje ya no contaba con dinero suficiente para pagar el alquiler de una vivienda, por lo cual acordó con el “coyote” dejar a sus hijas en su casa mientras ella llegaba al norte.

“Mis hijas sufrieron explotación, problemas económicos, violencia psicológica por sus nuevos cuidadores y dejaron de estudiar. Después de mucho tiempo decidí regresar porque me informaron que una de mis hijas estaba gravemente enferma con anemia y problemas de depresión. Hasta el momento continúa con tratamiento y me reprocha que las haya dejado de esa manera”, lamentó la madre.

Por medio de testimonios se logró concluir que los motivos para migrar son multifactoriales, principalmente el desempleo. Foto: La Hora / AFP

Para otras familias el problema principal fue evidenciado en la relación de pareja. El 17% se separó; un 11% de las familias tuvo casos de infidelidad de uno o ambos miembros de la pareja; el 5% se divorció y el 4% tuvo hijos fuera de la relación.

A partir de ello se infirió que de cada 10 familias con un familiar migrante, es posible que en dos presenten problemas importantes en las parejas, sobre todo separación, infidelidad y/o divorcio.

HISTORIA DE SEPARACIÓN

“Mi esposo migró a EE. UU. para mejorar nuestra situación económica, ya que tenemos tres hijas”, declaró una mujer de 36 años, residente en El Trapichillo, Huehuetenango.

“Él me mandaba remesas para pagar la deuda. Con el tiempo, me enteré de que tenía otra familia allá y por eso dejó de mandarme el dinero, por lo que tuve que trabajar y hacerme cargo, descuidando por completo a mis hijas”, contó.

La investigación refleja que la desintegración familiar implica una reestructuración en las responsabilidades del hogar. Foto: La Hora / AFP

De acuerdo con los hallazgos del estudio que recoge el informe, los problemas de pareja no solo afectan a las dos personas en la relación, sino que colateralmente impacta la dinámica familiar, principalmente a los hijos.

“Una de mis hijas tiene registros de violencia en las calles y vandalismo; fue suspendida de la escuela. Ahora se encuentra en evaluación constante de trabajo social para evitar problemas mayores”, agregó la mujer en su relato.

Jeanelly Vásquez
Periodista profesional de la USAC, actualmente cursando la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Becaria en International Women’s Media Foundation (IWMF). Elabora piezas de investigación y profundidad, enfocadas en el gasto público, derechos humanos y la política guatemalteca. Tiene experiencia en producción de podcast y contenido en redes sociales; ha cubierto la fuente volante y el Organismo Ejecutivo. Twitter: @jeanellydvg
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