
La revista dedicada a la investigación y estudios mesoamericanos “Mexicon” publicó en junio el tercer tomo del 2026, que incluye la investigación de una pieza arqueológica, la cual lleva como título “Un rostro sagrado en el altiplano guatemalteco: Resignificando un cráneo maya recubierto de estuco”.
El estudio presenta los resultados del análisis de una cabeza utilizada como un artefacto ceremonial con propiedades vivificantes. Se trata de un cráneo humano en el interior de una figura de estuco, que es conservado por la Fundación Ruta Maya, apunta el artículo.
Los investigadores resaltan que los cráneos humanos se visibilizan particularmente en contextos rituales de la esfera mesoamericana tardía, donde se observan enfilados en andamios o aparecen retratados en arquitectura, escultura y pintura del Epiclásico (650 a 850 d.C.) y el Posclásico (900 a 1521 d.C.).
«Independientemente de su calidad de ductos entre lo humano y lo divino, los cráneos humanos trabajados identificaban una variedad de significados mesoamericanos”.
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El documento explica que, si bien algunos tratamientos de cabezas eran motivados por la veneración ancestral, otras formas de tratamiento podrían servir para intimidar, humillar y expropiar la fuerza vital de adversarios, apropiándose de su cabeza como “trofeo”.
Asimismo, los investigadores destacan que el legado bioarqueológico mesoamericano también sugiere que las testas humanas podrían cambiar en sus significados posteriores en la medida en que se amputaban, preparaban, usaban, reutilizaban y, en ocasiones, reciclaban.
LA DESCRIPCIÓN DE LA CABEZA Y POSIBLE PROCEDENCIA
La investigación detalla que el cráneo cubierto de estuco es conservado en la Fundación Ruta Maya y tiene una medida de 15.5 centímetros de alto y 20 de ancho.
A pesar de que tiene señales de haber sido roto de manera intencional, el cráneo muestra un excelente estado de conservación tanto de materia ósea como dental, establece el estudio efectuado por un equipo multidisciplinario de once investigadores de entidades científicas y académicas guatemaltecas, mexicanas y estadounidenses.
También describe que el estuco alrededor del cráneo se encuentra modelado para representar un rostro que combina características felinas con humanas (antropomorfas) con los ojos abiertos, una nariz prominente, boca abierta y orejas salientes.

Asimismo, la procedencia del cráneo se identifica con el altiplano guatemalteco por sus características, como en estilo y marco cronológico, aunque los investigadores señalan que quien voluntariamente lo entregó a la fundación para su investigación indicó que la cabeza provenía del sur de Petén.
Los investigadores también destacan que un cráneo similar es exhibido en el Museo Regional de Santo Tomás Chichicastenango y este es descrito como “cráneo humano estucado de princesa Quiché, 13 A”.
Dicha cabeza exhibida también carece de documentación arqueológica, aunque la entrada de la colección del museo sugiere que el cráneo puede haber sido encontrado en la región que rodea el departamento de Quiché.
Además, el estudio sostiene que otros ejemplos similares se describieron para el sitio arqueológico de Chichel, Quiché, por lo que estos hallazgos adicionales seleccionados podrían comprobar la idea de que el cráneo estucado bajo estudio igualmente procede del occidente guatemalteco.
LOS ANÁLISIS RADIOGRÁFICOS
Como parte de la investigación, la pieza arqueológica fue expuesta a un análisis de alta tecnología en 2021 para obtener imágenes detalladas en 3D y rayos X, con máquinas que normalmente sirven para demostrar tejidos blandos, óseos y dentales en pacientes vivos.
Los científicos explican que este proceso fue aplicado para comprender mejor la consistencia del estuco y la morfología del cráneo maya del siglo XV, por lo que en los siguientes años se generaron reconstrucciones volumétricas en 3D, asistidas por tomografías computarizadas.
Tras dichos estudios, la investigación destaca que, dado el carácter excepcional y el delicado estado de conservación actual de la pieza, fue realizada una intervención para reducir al mínimo los daños de aspecto y consistencia con una remineralización.

Posteriormente, los arqueólogos ejecutaron una inspección macroscópica no invasiva, con el fin de determinar y estimar el sexo, el rango de edad a la muerte, las prácticas bioculturales, las características poblacionales y las condiciones metabólicas y paleopatológicas específicas.
El año pasado fue utilizada la luz ultravioleta como un método adicional de obtención de imágenes para resaltar las características textuales y estructurales, específicamente fluorescencia (luminiscencia) de las superficies óseas, explica la publicación.
Dicha característica puede proporcionar pistas sobre “exposición al calor por debajo de los 400 grados Celsius en forma de ebullición, vaporización, asado y/o convección térmica provocada por piedras calientes”, agrega.
LOS RESULTADOS DE LAS INVESTIGACIONES
Como resultados combinados, los investigadores determinan que el artefacto con el número 1.2.144.448 en el Registro Patrimonial Nacional es designado como un cráneo humano que conserva la mandíbula, la primera vértebra cervical y probablemente indicios de la segunda vértebra cervical.
Mientras que la superficie externa de la cara, conformada por las partes de parietal, temporal, occipital, la mandíbula y el basicráneo, está cubierta por un enlucido elaborado a base de cal y arena.
Además, en las tomografías se aprecia que la pasta que reposa en contacto directo con el hueso guarda una mayor carga de arena, mientras que en la pasta que fue modelada para conseguir la figura que representa los rasgos faciales se utilizó una carga de arena más fina.

El examen macroscópico y la tomografía combinados sugieren una cadena de técnicas de fabricación, que empieza con la extracción del material cerebral del interior del cráneo, posiblemente por ebullición de la cabeza, dada la textura superficial vítrea de la materia ósea expuesta y la presencia de las primeras dos vértebras.
Los resultados también destacan que la posición de las vértebras posiblemente fue recreada por el artesano que realizó la pieza, ya que el relleno de yeso informa de un estado semicompleto de esqueletización, en el momento de su elaboración, solamente interrumpido por pequeños huecos en la argamasa.
“Por todo lo anterior, proponemos con cautela que los segmentos vertebrales habían sido enyesados junto con la base del cráneo en un esfuerzo por conservar la conformación original de una cabeza que había sido decapitada aún en sus carnes y como parte de una forma ritual previa, etapa y ocasión ceremonial”, apunta la investigación.
Asimismo,expone que, en la forma de morir, el diagnóstico por imagen reveló la presencia de una posible fractura compleja en la región “parieto-temporo-frontal derecha”, mientras que la base del cráneo y el esqueleto facial no mostraban lesiones significativas.
LA SACRALIZACIÓN DE UN JOVEN
Los resultados de los análisis digitales del cráneo incrustado con sus primeras vértebras exponen una cabeza delgada, redonda y ligeramente asimétrica.
Tras pruebas y análisis, los arqueólogos determinaron que se trataba de un ser humano juvenil, sin haber desarrollado sus características de dimorfismo secundarias para que puedan asegurar su determinación.
“No muestra ni las apófisis mastoides (prominencia ósea situada detrás de la oreja) pronunciadas ni el promontorio entre las cejas que delatan que este segmento sea masculino. Tampoco la mandíbula inferior expresa robustez ni eversión bilateral del mentón óseo”, concluyen.

A pesar de eso, los arqueólogos resaltaron que la falta de los rasgos morfológicos que indicarían el sexo masculino en un adulto también podría deberse a la edad juvenil en el momento de la muerte de este individuo y, por tanto, a una falta de robusticidad.
Debido a esto, el estudio resalta que, sin el análisis del ADN para validar la hipótesis, los investigadores duraron en asignar al segmento el sexo masculino o femenino, por lo que se concentraron en definir la edad en el momento de la muerte.
“En el caso de nuestro objeto de estudio, concluimos que este cráneo perteneció a un individuo en plena adolescencia con piezas dentales permanentes recién salidas, bien cuidadas y conservadas”, concluye el estudio.
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Si bien no es posible determinar la causa exacta de la muerte del individuo bajo estudio, la determinación de la joven edad y la presencia de las primeras dos vértebras hacen pensar a los investigadores que la muerte no fue natural.
“Para los antiguos mayas y sociedades mesoamericanas en general, la cabeza se estimaba como un intersticio corpóreo muy privilegiado entre lo humano y lo divino”, puntualiza la investigación a cargo de Rafael Mejicano Díaz y Jaquelin Cano, del Centro Dental Multimédica; Otto Orellana y Katherine Marroquín Sandoval, de TecniScan Multimédica; Sofia Paredes, de la Fundación Ruta Maya, e lyaxel Cojti Ren, del Departamento de Antropología de la Universidad de Texas en Austin.
También de Luisa Mainous, de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (INAH); Gloria Ivonne Hernández Bolio y Patricia Quintana, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN Unidad Mérida, y Vera Tiesler y Rocío Albarrán, de la Facultad de Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán.







