
Un estudio presentado por la Universidad del Valle de Guatemala (UVG) ante el Gabinete Económico arroja una cifra que, a simple vista, parece tranquilizadora: un aumento del 10% en el petróleo solo impacta en 0.20% el precio de los alimentos.
Sin embargo, detrás de este porcentaje «moderado» la realidad, es que una parte de la población, percibe ese peso que va del bolsillo a la mesa.
Aunque el análisis sugiere que el impacto es limitado porque el gasto directo en combustible es bajo (3.7% del presupuesto del hogar), permite hacer la reflexión respecto de la proporción del gasto, según lo explicó Hugo Maul, analista del Centro de Investigaciones Económicas (CIEN), ya que el impacto que se reflejan a la población es en el precio de alimentos.

Foto: La Hora: UVG
Maul, hace la reflexión respecto de que el efecto no es uniforme entre la población y puso como ejemplo que los hogares con mayores ingresos, que consumen más gasolina y gas propano, podrían resentir más directamente los incrementos.
Mientras que una familia de ingresos un poco más altos destina más en combustibles, otras familias, la comida representa la mayor parte de sus egresos. En este escenario, cualquier incremento en productos sensibles como la tortilla, los cereales y las hortalizas —sectores que el estudio identifica como los más afectados— se convierte en un «impuesto» directo a la nutrición.
El estudio menciona que gran parte de la población rural aun utiliza leña, lo que supuestamente los «aísla» del impacto de los derivados del petróleo.
Maul señaló que, en promedio, la transmisión del aumento en los precios del petróleo hacia otros bienes y servicios no es inmediata ni proporcional. El impacto suele darse primero en el transporte y luego se traslada gradualmente al resto de productos, dependiendo de factores como el tipo de mercado y la demanda de cada bien.
Al final de la cadena, el consumidor final en las áreas rurales termina pagando el costo del flete trasladado al precio de diferentes productos.
La única vía de ajuste posible, según reducir la calidad o cantidad de los alimentos en el plato.
El analista destacó que dentro del Índice de Precios al Consumidor (IPC), el rubro de transporte tiene una ponderación de 9.8% en el gasto de los hogares, mientras que el gasto directo en combustibles representa cerca del 3.7%, lo que explica por qué su impacto en la inflación general es relevante, pero limitado.
En términos generales, incluso un incremento más alto —por ejemplo, de 25% en el precio del petróleo— podría elevar la inflación proyectada de 3.5% a alrededor de 4.5%, lo que representa un aumento, pero no un desajuste severo en la economía.

Durante la reunión de GABECO, Alfredo Blanco, vicepresidente del Banco de Guatemala y de la Junta Monetaria, hizo referencia a que el crecimiento económico tendrá una leve muy baja y cerraría 2026 en 3.6 por ciento. Refirió que esta proyección es de apenas 0.74 puntos porcentuales, sobre la meta inicial de 4.1 por ciento, lo cual hace que de manera técnica, el crecimiento se mantenga.
Blanco afirmó que lo que se espera que los choques externos, debido al conflicto en Medio Oriente, sean temporales por lo que el banco central será capaz de mantener la meta de crecimiento e inflación; sin embargo, reconoció que si la guerra se extiende, tendrán que hacer una nueva revisión.







