Las remesas siguen siendo un pilar de la economía, pero ese sustento se debilita cada vez más. Arte La Hora: Shutterstock
Las remesas siguen siendo un pilar de la economía, pero ese sustento se debilita cada vez más. Arte La Hora: Shutterstock

El crecimiento de las remesas hacia Guatemala ya no avanza al ritmo que sostuvo la economía durante los últimos tres años.

El flujo de dinero desde el extranjero continúa aumentando, pero lo hace cada vez con menos fuerza: crece menos el número de personas que envían, disminuye la frecuencia de los envíos y el monto promedio pierde dinamismo.

Un análisis de Manuel Orozco, del Inter-American Dialogue, presentado en septiembre de 2026, proyecta que Guatemala pasará de recibir USD 25 mil 530 millones en 2025, cuando las remesas crecieron 18.7%, a USD 27 mil 062 millones en 2026, con un crecimiento de 7%, y a apenas de 2.5% en 2027.

Las cifras apuntan a un cambio de tendencia con implicaciones para la economía nacional.

Si las remesas representan cerca del 22% del Producto Interno Bruto (PIB), el 25% del consumo privado y llegan a uno de cada tres hogares del país, su desaceleración deja de ser un dato financiero para convertirse en un desafío para el comercio, la vivienda y el empleo.

El freno es significativo: solo entre 2025 y 2026 la tasa de crecimiento pierde 11.7 puntos porcentuales, mientras que en julio de 2026 el avance anual ya se había moderado a 5%.

«Cuando las remesas se desaceleran, no se desacelera una estadística; se desacelera el comercio, la vivienda, la tienda de barrio y la importación», resume Orozco.

El boom de las remesas que sostuvo a Guatemala los últimos tres años se está agotando. Y no es por falta de esfuerzo de los migrantes. Es porque hay menos migrantes enviando, envían menos veces y cada envío crece menos.

Como lo han mencionado diversos analistas e incluso el mismo Fondo Monetario Internacional esto refleja una realidad ineludible. La economía del país no puede seguir dependiendo de las remesas.

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EL PROBLEMA NO ES EL DINERO, SON LOS REMITENTES

Orozco propone mirar el fenómeno distinto: no sólo cuánto dinero llega, sino cuántas personas envían, cuántas veces y cuánto por envío. Es ahí en donde aparecen las tres alertas:

  1. Menos transacciones. Nueve países de Latinoamérica analizados, incluida Guatemala, registraron 29.57 millones de transacciones a julio de 2026, frente a 30.19 millones en 2025 y 31.37 millones en 2024. Menos migración nueva y más deportaciones reducen la base.
  2. Más deportaciones de remitentes ya establecidos. Guatemala contabiliza 47 mil 306 deportaciones hasta agosto de 2026 y Orozco proyecta 73 mil 324 en todo 2026, frente a 53 mil 424 en 2025. Más del 90% llevaba más de 4 años en EE. UU. “No son recién llegados, son personas que ya estaban en el circuito de envío”, agrega.
  3. Cada envío crece menos. En 2025, por temor a deportaciones, muchos migrantes aumentaron el monto enviado más de 20%, incluso usando ahorros. En julio de 2026 ese crecimiento se redujo a 5%. Trabajan mayormente en construcción y hotelería, donde los ingresos no han subido.

Según las proyecciones del Banco de Guatemala (Banguat) presentadas en agosto pasado, el crecimiento de las remesas a finales de 2026 está proyectado en un 7% comparado con un 18% de 2025. En 2027 la mejor previsión sitúa a este indicador con un 4% de aumento.

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MÁS DINERO, PERO MENOS FAMILIAS RECIBIENDO

Aquí está el dato más potente y el más peligroso para Guatemala. Para 2027 Orozco proyecta crecimiento de 2.5% en remesas, pero con una pérdida de 8.3% de hogares receptores y 9.4% menos remitentes.

¿Cómo puede subir el total si hay menos familias recibiendo? Porque los que se quedan enviando sostienen montos más altos, pero el colchón social se achica.

“El agregado puede verse positivo mientras por debajo hay menos mesas con dinero”, señaló el analista.

Las remesas y nuestro futuro

Orozco calcula que, en Centroamérica, por cada 5.5% de aumento en remesas, el PIB sube 1%. Lo contrario también aplica. Una desaceleración prolongada golpea directo el crecimiento, porque no hay otro motor que sustituya rápido 22 puntos del PIB.

Pedro Prado, analista de Asies coincide: las remesas están siendo afectadas por fenómenos sociopolíticos, pero también el encarecimiento global de los medios de vida por el alza de los combustibles.

“Claramente las remesas seguirán teniendo un peso importante en la economía, pero debemos hacernos a la idea de que la era de crecimiento a dos dígitos se acabó”, señaló Prado.

Arte La Hora: Francisco Altán
Arte La Hora: Francisco Altán

EL OTRO CAMBIO: LA REMESA YA ES DIGITAL

Orozco detecta una transformación acelerada: 61% de las remesas en América Latina ya se originan digitalmente en 2026, frente a 55% en 2025, 34% en 2020 y 8% en 2015.

“Más de 80% de los remitentes ya tiene cuenta bancaria. El impuesto de 1% a transferencias en efectivo en EE.UU. aceleró el cambio”, señala Orozco.

Para Guatemala esto abre una oportunidad: aprovechar esa infraestructura para pasar de la remesa-consumo a la remesa-ahorro, inversión, seguro, pensión.

EL ALCANCE SE REDUCE

El riesgo para Guatemala en 2027 no es que las remesas desaparezcan. Es que “dejen de crecer al ritmo que mantuvo a flote el consumo durante la pandemia, la inflación y la crisis”, apunta Orozco.

Si en 2025 una familia recibía Q1,000 y en 2026 Q1,070, en 2027 quizá reciba Q1,097, pero 8 de cada 100 familias que recibían dejarán de recibir. Y eso, en un país donde un tercio de los hogares depende de ese dinero, se siente en la tienda, en la colegiatura y en la cuota de la moto.

La advertencia es clara: Guatemala debe dejar de ver las remesas solo como divisas y empezar a tratarlas como lo que son, el salario de 33% de sus hogares, y prepararse con productos de ahorro, inversión y mejores condiciones laborales y desarrollo en el país.

Eduardo Smith
Eduardo Antonio Smith Soto es economista y analista político con más de 18 años de experiencia en periodismo económico, política pública y diplomacia. Ha trabajado en análisis de coyuntura, gobernanza y relaciones internacionales, combinando enfoque técnico y lectura estratégica del contexto regional.
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