La Feria del Cerrito del Carmen, una de las celebraciones más antiguas y emblemáticas de la Ciudad de Guatemala, abrió nuevamente sus puertas con una energía vibrante que mezcla historia, devoción y fiesta popular.
Durante 14 días, del 6 al 19 de julio, el Cerrito se transforma en un punto de encuentro para miles de familias que buscan gastronomía típica, juegos mecánicos, actividades culturales y la tradicional procesión en honor a la Virgen del Carmen.
La feria, instalada en el icónico cerro donde nació la Nueva Guatemala de la Asunción, demuestra cada año que sigue siendo un símbolo vivo de identidad capitalina.
Este 2026, la Municipalidad autorizó 76 puestos comerciales, una cifra que refleja la magnitud del evento y la diversidad de experiencias que ofrece.
Desde los aromas de los chuchitos recién salidos del comal hasta los dulces artesanales que evocan la cocina de antaño, cada puesto aporta un fragmento de la memoria culinaria del país.
Los juegos mecánicos —como la clásica rueda de Chicago y los carritos chocones— atraen a niños y adultos por igual, mientras los juegos tradicionales como la lotería y el tiro al blanco mantienen viva la nostalgia de generaciones.
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La afluencia de visitantes ha sido constante y masiva. Aunque no existe una cifra oficial, la feria recibe decenas de miles de asistentes cada año, un flujo que se intensifica durante los fines de semana y en las noches, cuando el Cerrito se ilumina y se convierte en un corredor festivo que recorre la zona 1.
La entrada gratuita y los horarios extendidos —de 10:00 a 22:00 entre semana y hasta las 23:00 los viernes y sábados— facilitan que familias enteras disfruten del evento sin restricciones.
Más allá de la fiesta, la feria mantiene su esencia espiritual. La devoción a la Virgen del Carmen sigue siendo el corazón de la celebración, recordando que en este mismo cerro se celebró el primer cabildo de la Nueva Guatemala en 1776.
La procesión, acompañada por cofradías, vecinos y visitantes, reafirma el vínculo entre la tradición religiosa y la vida comunitaria que ha sostenido esta festividad por más de cuatro siglos.
La edición de este año también destaca por el impulso a los emprendedores locales. Muchos de los comercios instalados son negocios familiares que han participado durante décadas, transmitiendo recetas, juegos y artesanías de generación en generación.
La feria se convierte así en una plataforma económica que dinamiza el Centro Histórico y fortalece el tejido social de la ciudad.
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