
No tienen la misma profesión, trabajan en ámbitos distintos y sus historias comenzaron en lugares muy diferentes.
Una ha dedicado cinco décadas a la salud comunitaria y a la defensa de los conocimientos ancestrales, otra convirtió la tecnología en una herramienta para acercar información de salud a millones de personas.
La tercera trabaja desde el ámbito internacional para fortalecer la protección de la niñez frente a la violencia y la explotación sexual en línea; y la más joven encontró en la tecnología una vía para ampliar las oportunidades de formación para miles de guatemaltecos.
Ellas son Magdalena Cholotío, Gabriela Asturias, Pilar Ramírez y Eleanor Menchú, las cuatro mujeres reconocidas con el Premio Visionario Luis von Ahn 2026, otorgado por la Fundación Luis von Ahn.
La tercera edición del reconocimiento recibió 106 nominaciones y distinguió este año únicamente a mujeres por sus trayectorias, liderazgo e impacto en distintos ámbitos de la sociedad guatemalteca.
El premio, creado en 2024, busca reconocer a personas que, desde diferentes campos, han demostrado talento, innovación y compromiso con Guatemala. La Fundación explica que entre sus criterios se encuentran la trayectoria profesional, los logros, la integridad, el liderazgo y la capacidad de generar oportunidades y bienestar para otras personas.
Pero detrás del reconocimiento hay cuatro historias que muestran problemas distintos del país y, al mismo tiempo, una idea que las atraviesa: el cambio no depende únicamente de una persona, sino de la capacidad de construir redes, conocimiento y oportunidades para otros.
Las cuatro mujeres galardonadas con el Premio Visionario Luis von Ahn 2026
MAGDALENA CHOLOTÍO Y LA LUCHA PARA QUE EL CONOCIMIENTO ANCESTRAL SEA RECONOCIDO
Hace 50 años, Magdalena Cholotío comenzó su camino como promotora y nutricionista en salud comunitaria. Su primera escuela, cuenta, fueron sus propias raíces.
“Mi primera motivación fueron los cimientos de conocimientos y sabidurías de mis ancestras, las dos abuelas y mis padres, quienes siempre sirvieron a la comunidad sin esperar nada a cambio”, relató Magdalena a La Hora.
Su madre también fue una influencia determinante. Cholotío recuerda que, después de que su progenitora recibiera un reconocimiento, le dijo que ahora era su turno de asumir una misión: hacer algo por las comadronas.
A partir de allí comenzó un proceso que llevaría a la creación del Consejo Terapeuta Maya Tz’utujil en 2010, organización que, de acuerdo con la Fundación Luis von Ahn, dio vida al proceso del movimiento nacional de comadronas. Un año después, Cholotío fue pionera y fundadora del Movimiento Nacional de Comadronas Nim Alaxík – Gran Nacimiento.
Lo que comenzó con 38 comadronas llegó a convertirse, según los datos proporcionados por Cholotío y la Fundación, en una organización que actualmente articula a más de 23 mil 300 comadronas mediante 22 consejos departamentales.
DETRÁS DE CHOLOTÍO, OTRAS MUJERES
Para Cholotío, sin embargo, esa historia no puede atribuirse a una sola persona.
“Esto no es logro de una persona, es el aporte de muchas mujeres con claridad de defender y posicionar los conocimientos y saberes ancestrales”, explicó.
Uno de los momentos que considera determinantes ocurrió en 2011, cuando representantes de comadronas de Sololá, Quiché, Quetzaltenango, Chimaltenango y Alta Verapaz participaron en una asamblea en la que se logró que dos representantes de las comadronas ocuparan un espacio en el Consejo Nacional de Salud.
Después llegó una asamblea nacional en Iximché, en 2012, a la que, según Cholotío, asistieron más de 1 mil 500 abuelas comadronas.
Ese proceso contribuyó a posicionar el conocimiento ancestral dentro de las discusiones de política pública. La Fundación destaca precisamente su aporte para que la sabiduría de miles de comadronas fuera reconocida como parte de una política pública nacional.
Cholotío también destaca avances normativos como el reconocimiento del Día Nacional de la Comadrona Guatemalteca y el Decreto 22-2022, que establece disposiciones para el reconocimiento y respeto de las comadronas y sus conocimientos y prácticas ancestrales.
También menciona el Decreto 4-2025, relacionado con un apoyo económico para las comadronas. Para ella, este representa un avance, pero no el final del camino.
“Todo lo que se ha avanzado no es misión cumplida”, sostiene. La terapeuta maya considera que todavía persisten obstáculos como la discriminación y el racismo en los servicios públicos de salud, así como barreras lingüísticas y culturales.
Por ello plantea fortalecer la capacitación del personal sanitario para garantizar una atención con pertinencia cultural e idiomática y dar mayor espacio a la Unidad de Atención en Salud de los Pueblos Indígenas e Interculturalidad de Guatemala (UASPIIG).
Su preocupación también apunta hacia el relevo generacional.
Cholotío ha impulsado escuelas de liderazgo para mujeres jóvenes y adultas y asegura que una de las mayores satisfacciones de su trayectoria es encontrar a quienes participaron en esos procesos ocupando posteriormente espacios de decisión.
“Los caminos están abiertos y las posibilidades de fortalecer en diferentes espacios y procesos son válidos”, afirma.
Después de cinco décadas de trabajo comunitario, todavía tiene una tarea pendiente: fortalecer el empoderamiento económico de las mujeres, promover los cuidados integrales y continuar defendiendo los conocimientos ancestrales.
“Se inició con 38 comadronas, hoy por hoy más de 23 mil 320 comadronas están en la política nacional de comadronas. Fue una lucha de muchas comadronas”, señala.
Y resume lo que espera de las nuevas generaciones con una frase: “Ahora hagamos florecer”.

GABRIELA ASTURIAS Y LA TECNOLOGÍA PARA ACERCAR LA SALUD
Para Gabriela Asturias, la tecnología no debe convertirse en un sustituto de las personas, sino en una herramienta para acercar servicios, información y oportunidades.
Médica, científica y emprendedora guatemalteca, Asturias estudió Neurociencia en Duke University y Medicina en Stanford University, donde actualmente realiza su residencia en Psiquiatría. La Fundación Luis von Ahn también destaca su trabajo en salud pública y comunitaria y su esfuerzo por conectar la investigación con las necesidades de Guatemala y Latinoamérica.
Su relación con Guatemala comenzó incluso antes de terminar su formación profesional.
Cuando tenía 18 años decidió salir del país para estudiar una combinación de medicina y ciencia que, según explicó, no encontraba disponible en Guatemala.
Pero irse no significó desconectarse.
“Desde el momento en que me fui me quedé con una preocupación de que me iba por una década, porque es tan larga la carrera, y cómo iba yo a mantenerme conectada con el país”, recordó.
Durante su primer semestre en Duke comenzó a buscar profesores que realizaran investigaciones en Guatemala. Así conoció proyectos relacionados con nutrición y desarrollo cognitivo infantil y regresó al país durante su primer verano universitario.
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Ese vínculo terminaría convirtiéndose en parte de su trayectoria.
Uno de los proyectos que ha marcado su trabajo es ALMA, una herramienta tecnológica que surgió durante la pandemia de COVID-19 para acercar orientación e información sanitaria a la población. La Fundación señala que ALMA y TuSalud han brindado orientación a más de tres millones de personas.
Para Asturias, la experiencia de la pandemia dejó una enseñanza concreta: no basta con decirle a una persona qué debe hacer. También hay que ayudarla a entender por qué y cómo hacerlo. “Las personas quieren entender el porqué detrás de las recomendaciones clínicas”, explicó.
Existe una segunda necesidad: la logística. Durante la vacunación contra el COVID-19, su equipo encontró que la información sobre los centros disponibles, horarios, vacunas y requisitos cambiaba constantemente.
Comenzaron entonces con un archivo compartido que, según Asturias, alcanzó 100 mil usuarios únicos durante su primera semana.
Posteriormente se creó VacunasGT y ese trabajo evolucionó hacia TuSalud, con un directorio de servicios de salud públicos, privados y del seguro social.
Asturias recuerda especialmente que buena parte de esa información se construyó con ayuda de los propios usuarios.
Personas que conseguían vacunarse enviaban mensajes, fotografías, videos y notas de voz para contar qué centros tenían disponibilidad y ayudar a otras personas.
“Me pareció precioso que los guatemaltecos, después de ya haber conseguido la vacuna para ellos mismos, se tomaran el tiempo de contarle a ALMA su experiencia porque sabían que ALMA le iba a llevar esa información a los demás”, relató.
Para ella, ese comportamiento refleja algo que la tecnología no debería perder de vista: el tejido social.
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“La tecnología no puede dejar atrás su humanidad para realmente ser aceptada y adoptada en Guatemala”, sostuvo.
Su trabajo también se ha ampliado hacia la salud mental. Actualmente participa en iniciativas relacionadas con la atención en crisis psicológicas y en proyectos de descentralización de los servicios de salud mental.
Asturias identifica además dos desafíos de largo plazo para Guatemala: la desnutrición crónica y la recuperación de los esquemas de vacunación, además del crecimiento de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y cáncer.
Sus propios sueños también están definidos. “Uno es que exista una infraestructura de salud mental pública para que cualquier persona que lo necesite pueda recibir atención de salud mental digna”, explicó.
El segundo es contribuir a reducir y eventualmente erradicar la desnutrición crónica. Para ella, ambos son proyectos de vida que requieren el trabajo de muchas personas.
“Esto no es un sueño que impulso yo a título individual, son sueños grupales de los cuales yo pertenezco con muchas otras personas también comprometidas con estos dos temas”, afirmó.

PILAR RAMÍREZ Y LA PROTECCIÓN DE LA NIÑEZ EN EL MUNDO DIGITAL
El trabajo de Pilar Ramírez se desarrolla en un terreno que, aunque ocurre detrás de una pantalla, tiene consecuencias concretas para niñas, niños y adolescentes.
Abogada guatemalteca y vicepresidenta global de Construcción de Capacidades Nacionales del International Centre for Missing & Exploited Children (ICMEC), Ramírez ha trabajado durante más de 18 años en protección de la niñez.
Actualmente su labor incluye la prevención e investigación de delitos relacionados con explotación sexual infantil y otros riesgos en el entorno digital.
Su trayectoria también está vinculada con el fortalecimiento del Sistema de Alerta Alba-Keneth. En este punto, Ramírez hizo una precisión importante durante la entrevista con La Hora: no fue la creadora de la ley ni del sistema, sino que participó posteriormente en el fortalecimiento e implementación de mecanismos vinculados con su funcionamiento.
La Ley del Sistema de Alerta Alba-Keneth fue impulsada por organizaciones y familiares de las víctimas. Ramírez explica que su participación ocurrió cuando el marco legal ya había sido aprobado y era necesario construir protocolos y capacidades para hacerlo funcionar.
Uno de los principales retos, recuerda, fue que las instituciones no tenían claridad sobre los procedimientos que debían seguir. “No habían protocolos, no se sabía qué tenía que hacer cada quien”, explicó.
Las cuatro mujeres galardonadas con el Premio Visionario Luis von Ahn 2026
Su trabajo actual se concentra especialmente en otro desafío: la protección de niños y adolescentes frente a la explotación y violencia sexual en línea.
Ramírez explica que las amenazas han cambiado conforme han aparecido nuevas plataformas y herramientas digitales.
Hace más de una década, recuerda, el ecosistema era muy diferente. Hoy existen plataformas y aplicaciones que los adultos no necesariamente conocen o comprenden de la misma manera que las nuevas generaciones.
Por eso considera que existe una brecha de conocimiento entre los menores y los adultos responsables de protegerlos. “Los adultos no se han actualizado en relación con las nuevas aplicaciones y plataformas que los niños están utilizando”, señaló.
A su criterio, Guatemala ha avanzado en materia legal, pero todavía existen retos técnicos y de investigación. “Legalmente, en ley, está preparada. Técnicamente, no estamos preparados”, afirmó.
Entre las necesidades que identifica está el fortalecimiento de las unidades de investigación y la capacitación de jueces, fiscales y policías para utilizar herramientas tecnológicas que permitan investigar delitos cometidos en línea.
También considera necesario formar a docentes y padres de familia.
Para Ramírez, la protección de la niñez en internet no puede quedar únicamente en manos de las autoridades. Debe involucrar a las familias, centros educativos, instituciones públicas, empresas tecnológicas y organizaciones de sociedad civil.
Su objetivo es que Guatemala pueda convertirse en un referente regional en prevención, investigación, identificación de víctimas y persecución de agresores.
“Mi objetivo es que Guatemala realmente en Centroamérica se vuelva un modelo de la prevención y la persecución penal para la identificación de niños víctimas, para darles una atención, y la identificación de agresores”, expresó.
Hay una razón personal que mantiene vigente su trabajo. Lo que más la motiva, dice, es escuchar a sobrevivientes o familiares decir que pensaban que nadie iba a hacer nada por ellos y que finalmente encontraron a alguien que sí los escuchó. “Cuando yo escucho eso de cualquier persona, ya sea el sobreviviente, niño, niña, adolescente, ya sean los familiares, yo digo: esa es nuestra esperanza, y la de ellos”, relató.
Ramírez insiste en que tampoco se trata de una tarea individual. “No es una persona la que hace el cambio, es una comunidad la que tiene que hacer los cambios”, afirmó.

ELEANOR MENCHÚ Y EL RETO DE QUE EL TALENTO JOVEN ENCUENTRE OPORTUNIDADES
La más joven de las cuatro ganadoras tiene 23 años.
Eleanor Menchú fue reconocida en la categoría Líder Joven, creada para distinguir a personas de entre 18 y 25 años que, pese a encontrarse en una etapa temprana de su trayectoria, ya generan impacto en sus comunidades.
Menchú ha trabajado en tecnología, inteligencia artificial y formación de jóvenes. Uno de los proyectos con los que se le relaciona es la entrega de más de 10 mil becas de formación tecnológica.
Pero el número, explica, no cuenta por sí solo la historia.
Uno de los primeros problemas que encontró fue precisamente cómo hacer que la tecnología llegara a personas que no tenían una computadora.
Por eso parte de la formación se realizó mediante teléfonos celulares y WhatsApp, además de centros físicos en zonas 3 y 12 de la ciudad de Guatemala.
El segundo reto fue menos evidente: muchas personas tenían acceso a la tecnología, pero no necesariamente sabían utilizarla para aprender.
“Yo la llamaba desaprender para poder aprender mejor”, explicó.
El impacto que Menchú observó no se limitó a que los jóvenes terminaran un curso.
Para ella, uno de los principales cambios ocurrió en la forma en que comenzaron a verse a sí mismos. “Lo primero, el impacto fue mental”, afirmó. La idea era pasar de “ahorita no lo sé” a “lo puedo aprender”.
Algunos de los participantes posteriormente encontraron oportunidades de prácticas profesionales en empresas y startups.
Menchú recuerda que personalmente llevó los currículos y portafolios de 21 jóvenes que participaron presencialmente en los programas de formación a distintas empresas.
Pero su apuesta actual va más allá de enseñar tecnología.
Tras conocer de cerca ecosistemas de innovación como Silicon Valley, considera que Guatemala tiene talento, pero necesita más oportunidades para desarrollarlo.
“Ahí me di cuenta que no es de que no tenemos talento, sino no tenemos oportunidades suficientes para que ese talento se desarrolle”, relató.
Su visión también incluye la inteligencia artificial.
Menchú considera que Guatemala todavía no está preparada completamente para la transformación que implica esta tecnología, pero sostiene que ya existen comunidades que están explorando sus posibilidades.
En distintos puntos del país, jóvenes y profesionales se reúnen para aprender sobre nuevas herramientas, desarrollar proyectos y compartir conocimiento.
Su siguiente apuesta es WeSolve, un proyecto que busca conectar a personas de Guatemala y Latinoamérica con instituciones y comunidades internacionales.
Uno de sus primeros objetivos es llevar guatemaltecos a Silicon Valley para conocer de cerca ese ecosistema y regresar al país con nuevas ideas y conexiones.
Pero Menchú quiere que la tecnología tenga una finalidad concreta. No se trata, dice, de crear herramientas únicamente para captar más atención o generar dependencia, sino de resolver problemas reales.
“Que puedas crear tecnología y que puedas usar tecnología como una herramienta para expandir y para solventar problemas”, explicó.
A los jóvenes que están buscando una oportunidad les deja un mensaje: no esperar a sentirse completamente preparados.
“Nunca vas a estar preparado para algo 100% y solo tienes que lanzarte”, afirmó.

CUATRO TRAYECTORIAS, UNA MISMA IDEA
Las historias de las cuatro ganadoras transcurren en escenarios distintos: una comunidad y sus comadronas; una plataforma digital de salud; investigaciones internacionales sobre protección de la niñez; y comunidades de jóvenes que buscan aprender tecnología.
Sin embargo, sus testimonios coinciden en algo: el reconocimiento no es presentado por ellas como el resultado de un esfuerzo individual.
Cholotío habla de las miles de comadronas que participaron en el proceso. Asturias insiste en que sus proyectos son posibles gracias a equipos y aliados. Ramírez recalca que la protección de la niñez requiere instituciones, familias, empresas y sociedad civil. Menchú apuesta por comunidades que compartan conocimiento y oportunidades.
La propia Fundación Luis von Ahn señala que el premio reconoce contribuciones individuales, pero aclara que el galardón no implica respaldo ni relación con las organizaciones o instituciones con las que las personas premiadas puedan estar vinculadas.
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Para estas cuatro mujeres, el reconocimiento tampoco parece marcar un punto final.
Para Cholotío, queda pendiente fortalecer el papel de las nuevas generaciones y preservar los conocimientos ancestrales.
Para Asturias, el reto está en construir servicios de salud y salud mental capaces de llegar a quienes más los necesitan.
Para Ramírez, la prioridad continúa siendo fortalecer la prevención y respuesta frente a la violencia y explotación sexual infantil, especialmente en el entorno digital.
Y para Menchú, el desafío consiste en que el talento guatemalteco tenga acceso a las herramientas, redes y oportunidades que necesita para crear.
Son cuatro caminos diferentes, pero con una misma dirección: que el conocimiento no se quede en manos de unos pocos, sino que pueda convertirse en una oportunidad para transformar la vida de más personas en Guatemala.







