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Aunque falta mucho para la convocatoria a elecciones y se supone que no puede haber campaña hasta que el TSE haga ese llamado, es evidente que las distintas fuerzas políticas están ya, desde el Congreso y en los fines de semana, en plena lucha por el respaldo de los electores y para ello recurren a medidas de un populismo que, como ha ocurrido tantas veces, no termina favoreciendo sino perjudicando al pueblo. Teóricamente los populistas presumen de representar a los pueblos oprimidos que, por lo general, son mayoría y por tal razón su voto puede ser decisivo en cualquier elección, sobre todo cuando han sido olvidados por un Estado concentrado única y exclusivamente en el saqueo de los fondos públicos.

La decisión del Congreso de eliminar el Impuesto Único Sobre Inmuebles -IUSI- ha sido vista como una acción populista de numerosas bancadas de diputados que representan a variedad de partidos, pero entendiendo bien los efectos de esa medida vemos que los beneficiados son únicamente los dueños de “inmuebles destinados a habitación y que constituyan la residencia principal y permanente del contribuyente y su núcleo familiar”.

En otras palabras, no fue una acción populista, aunque se haya presentado de esa forma, puesto que ese “pueblo oprimido” que en teoría es el objetivo del populismo, no recibirá ningún beneficio porque la inmensa mayoría de los habitantes del país no son dueños de inmuebles sujetos al impuesto que fue derogado. El beneficio, en cambio, es para la gente que dispone de recursos suficientes para poseer inmuebles, muchos de los cuales son dados en arrendamiento para esa multitud de gente que no dispone de recursos para comprar su vivienda.

Con el objetivo de ganar votos se crean ilusiones que terminan empañando la vista de los ciudadanos que nunca van a encontrar planes políticos que concreten propuestas realmente orientadas a generar ese bien común, ese bienestar que el Estado debiera de promover para todos los ciudadanos.

Tristemente nuestra clase política hasta con el populismo engañan a la población haciéndola creer que están trabajando para ayudar a la gente más necesitada. La supresión del IUSI, por ejemplo, tendrá efecto en que los municipios -que también podrían hacer muchos más por la gente- dispongan de menos recursos para impulsar proyectos de beneficio colectivo.

En otras palabras, el populismo es pura demagogia dentro de esa actitud ya consolidada de engañar al pueblo cada vez que se vienen elecciones, con palabrerío vacío que busca engañar al elector para que crea que sí existen políticos pensando en trabajar por el bienestar de la población aunque, como siempre, legislen y operen solo en beneficio de unos pocos que son los menos necesitados.

Si de verdad quieren ayudar a la gente, no sean parte de la corrupción y cambien el sucio sistema de justicia.

Redacción La Hora

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