Históricamente nuestra clase política centraba su interés extranjero en la ciudad de Washington, capital de los Estados Unidos, porque sabían que si podían mostrar que tenían buenas relaciones con el país del norte se les abrían muchas puertas y se eliminaban barreras que pudieran entorpecer sus funciones en Guatemala. Con el tiempo ese especial “sueño americano”, para quienes no han podido tener el acceso (muchos pagando) o para quienes las políticas del país del norte les han perjudicado, ha provocado que se pusieran barbas en remojo y que se buscaran opciones.
Por ello es que para muchos aquel famoso sueño americano ahora se convirtió en el sueño chino y no es extraño, en ese contexto, que muchos de los políticos nacionales y sus aliados o socios, prefieran hacer un viaje un poco más largo, hasta Pekín, pero con la certeza de que allí todavía pueden abrirse puertas que les fueron cerradas, no solo a los sancionados sino a los que trabajaban con ellos.
Recientemente un grupo de políticos guatemaltecos fue invitado a China y asistieron a algunos eventos pero, lo más importante, es que pudieron establecer contacto que para ellos es muy significativo porque resulta que Guatemala se ha convertido en una pieza importante para las operaciones de China que empezaron con el ingreso de varias empresas chinas, sobre todo en el área de la tecnología, que no solo produce muy jugosos negocios (en algunos casos) sino que ha permitido el acceso a valiosa data de distintas esferas y actividades en el país.
Hay, por supuesto, quienes hacen trabajo para mantener, mejorar o empezar una buena relación con Estados Unidos y su gobierno, pero eso no les impide poner también los ojos en Pekín, porque resulta que China se ha convertido en un elemento muy atractivo para los que están dispuestos a mantener los negocios con esa nación asiática y, más que eso, extenderlos a otras áreas en las que la influencia política termina siendo importante. Se sabe que China no tiene tanto “recelo” para el manejo de los dineros y La Hora ha documentado con sendas investigaciones las cantidades de dinero que van al sistema bancario asiático, sin que se necesite mayor justificación.
No hay tema de ideologías en alguno de esos bandos, porque lo que está en juego es algo mucho más importante para los que viven de negocios que prosperan día a día gracias, en gran medida, a que convirtieron nuestro país en el paraíso de la impunidad, circunstancia que entienden perfectamente en el extranjero y que atrae a muchos, tanto los que hacen negocios en las licitaciones y compras del Estado como a quienes tienen otro tipo de intereses, como puede ser el crecimiento del mercado de fentanilo que es uno de los nuevos productos de los grupos que trafican con drogas y cuya producción depende básicamente del aporte chino.
La agenda conjunta con Estados Unidos, basada en intereses reales y legítimos, se vuelve necesaria si se desea cerrar la brecha que China ha abierto, de la mano de oscuros políticos que quieren jugar una doble agenda.








