El título de esta columna de opinión no es alusivo a los fanáticos del Mundial de fútbol. Más bien, hace alusión a los procesos electorales en Perú y Colombia, en los que la candidata peruana Fujimori (virtual ganadora con un margen de 43,090 votos con un 99.849% de las actas contabilizadas) y el candidato colombiano de la Espriella (también virtual ganador por aproximadamente 250,830 votos), ambos de organizaciones derechistas, ganaron por apretados márgenes, mientras que sus contrincantes cuestionaron los resultados electorales porque no les favorecieron, incluido el presidente de Colombia. No hace mucho que aquí en Guatemala el entonces candidato Bernardo Arévalo, de izquierda, ganó las elecciones por un margen mucho más amplio, y que fueron muy cuestionadas por la derecha de este país (que todavía son cuestionadas por algunos articulistas de relleno).
No aceptar una derrota en un proceso electoral, por muy ajustada que esta sea, nos dice mucho, muchísimo sobre la madurez de un político. Particularmente vergonzosa fue la actuación del presidente colombiano al desconfiar del proceso electoral, para posteriormente culpar a la “injerencia” extranjera (al igual que lo hicieron aquí algunos obtusos de la extrema derecha) y, por último, a la inteligencia artificial. Únicamente evidenció su inmadurez política al no saber perder.
Los procesos de Perú y Colombia nos dicen algo más: son sociedades profundamente polarizadas, entre la ultraderecha y la izquierda radical, con el agravante de tener un poder legislativo, Congreso y Senado, altamente fragmentado, particularmente en Colombia. Esto dificultará enormemente la gobernabilidad en ambos países. En Guatemala tenemos una situación muy similar, un país con un alto nivel de polarización y con un Congreso altamente fragmentado que vela única y exclusivamente por sus mezquinos intereses, sin importar la bandera política (derecha o izquierda), el cual ha dificultado, si se puede aún más, gobernar a un Ejecutivo improvisado, laxo y sin capacidad de acción y ejecución.
Es a este tipo de políticos inmaduros, insensatos y arrogantes, a quienes debemos identificar para no darles nuestro voto en el próximo proceso electoral, cuya primera vuelta tendrá lugar dentro de un año.







