Hace dos semanas la URNG realizó una Asamblea Nacional, tal como lo establece la ley, con la cual se impulsa un proceso de recuperación y transformación de dicho partido. A partir de ese hecho político se han producido diversas reacciones, particularmente relacionadas con el próximo proceso electoral. Trascendió a la prensa la supuesta alianza entre URNG y Semilla, entendiendo como tal a quienes han dado la lucha, hasta el último aliento, por recuperar su partido, cancelado por las redes político criminales.
Ambos actores han ratificado públicamente que existen conversaciones entre ellos para construir un frente con el fin de participar en las elecciones del año entrante.
Para analizar la relevancia y alcances de ese proceso de acercamiento es importante partir de definir la naturaleza de URNG y de Semilla.
La primera es la expresión de la izquierda histórica, conformada originalmente por organizaciones revolucionarias que impulsaron, desde los años 60, la vía armada en la lucha revolucionaria, ante el cierre de todos los espacios políticos que impuso la criminal contrainsurgencia impulsada por el ejército y las élites empresariales, en el marco de la estrategia geopolítica de los Estados Unidos.
Esta izquierda histórica fue capaz de entender la situación nacional e internacional imperante en los años noventa e impulsó un proceso de negociaciones políticas para terminar la guerra, alcanzando tal propósito con la firma de los Acuerdos de Paz en 1996, cuyo cumplimiento hubiera sido la vía para superar los problemas estructurales en Guatemala.
La segunda expresión, Semilla, significó el surgimiento del “progresismo” en Guatemala, producto de las significativas movilizaciones sociales, básicamente ladinas, urbanas y de clases medias, que lucharon contra la corrupción y la impunidad y defenestraron al gobierno de Otto Pérez Molina cuando los Estado
s Unidos le quitó el apoyo que le daba.
Considero que lo que ha posibilitado el acercamiento entre ambos actores es, por una parte, la comprensión de la izquierda histórica del rol que le debe corresponder en esta etapa donde ya no hay una sola izquierda, sino que existe, en la práctica, una pluralidad de ellas. La visión mesiánica que suele prevalecer en la izquierda histórica está desapareciendo con la nueva dirigencia que está intentando transformar dicho partido. Pero, por otra parte, también ha sido fundamental la comprensión, por parte del progresismo, que el reformismo que ideológicamente los inspira no es contradictorio con los anhelos revolucionarios.
En Guatemala, la lucha por la democracia y la justicia social hace converger programáticamente al reformismo y la revolución.
Sin embargo, la pluralidad que caracteriza a las izquierdas no se agota en ese proceso de acercamiento entre Semilla y UNRG. Hay otros actores políticos que son coincidentes en esos anhelos.
Esta pluralidad sería limitada y profundamente racista si no se comprende que hay otro actor social y político de trascendental importancia en Guatemala el cual, por la naturaleza de sus reivindicaciones que son la batalla contra la exclusión y la desigualdad, también es parte de la pluralidad de las izquierdas. Me refiero a los pueblos indígenas y sus auténticas representaciones, cuya naturaleza no se puede entender desde el esquematismo de una visión de clase que puede ser ciega ante la relevancia de las identidades étnico culturales.
Pero, pensando con mayor amplitud, la necesaria unidad de las izquierdas es insuficiente. En las actuales condiciones políticas nacionales e internacionales existen reivindicaciones sociales y políticas que pueden hacer converger a las izquierdas con otros actores que no son de izquierda, pero que entienden la necesidad de derrotar a las redes político criminales que han cooptado la institucionalidad estatal, con lo cual la democracia republicana es inviable.
Ojalá, la noticias sobre el acercamiento entre URNG y Semilla, despierten conciencia sobre la pluralidad de las izquierdas políticas, así como de la amplitud de un frente político.







