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La indiferencia y el silencio de muchos profesores es ensordecedor y profundamente decepcionante cuando uno observa la captura de nuestra Universidad. Como he señalado en artículos previos aquí en La Hora, el mutismo cómplice del profesorado de la Usac ante la cooptación de su propia institución es una de las tragedias más dolorosas de este proceso. Por miedo, por acomodo personal, por conveniencia o por puro cálculo oportunista, una parte significativa del cuerpo docente ha elegido la pasividad, lavándose las manos mientras los estudiantes cargan solos con el peso de la defensa de la universidad.

Este comportamiento no es exclusivo de Guatemala: a nivel global, el profesorado universitario se ha conformado con frecuencia ante instituciones no democráticas, perdiendo su capacidad política para construir universidades mejores, más democráticas, inclusivas y pertinentes. En lugar de ser motores de cambio y conciencia crítica, muchos académicos han optado por el confort de la neutralidad fingida, contribuyendo al deterioro de la educación superior como espacio emancipador.

Vivimos una crisis de las universidades a nivel mundial no solamente por su ineficiencia como instituciones de aprendizaje sino porque forman profesionales que usualmente son parte de los poderes más recalcitrantes de las sociedades desiguales. A eso hay que agregar una visión neoliberal de la educación como mercancía y no como bien social. Y si esto no fuera suficiente, las nuevas tecnologías, la educación virtual y principalmente la Inteligencia Artificial, arrastran a las universidades por caminos desconocidos.  

A pesar de las complejidades y de los peligros por represalias, los profesores de la Usac deben romper su silencio y sumarse activamente a la recuperación académica y democrática de la universidad. Pueden hacerlo construyendo espacios de discusión académica de esta problemática, participando en asambleas universitarias, impulsando acciones legales colectivas, denunciando públicamente las irregularidades, respaldando sin ambigüedades la resistencia estudiantil y exigiendo procesos transparentes. 

Para recuperar a la Usac hay que entender la naturaleza histórica y actual de su cooptación. En estos momentos la Usac está como un pez en la red de un pescador. La captura fue orquestada, pensada, planificada por «ideólogos» sin ideología, de esos «consultores» modernos que se venden a la izquierda o la derecha, al bien o al mal, al blanco o al negro, porque también diluyeron todo límite moral en sus despreciables vidas. 

La Usac es una institución noble que realmente no tiene quien la defienda. Ciertamente hay un grupo de estudiantes en resistencia, pero la gran mayoría de estudiantes del Campus Central son indiferentes a la pérdida de su universidad mientras son conducidos, cual ganado, hacia una educación repetitiva, acrítica, apolítica y en el mejor de los casos tecnocrática. La educación se convirtió en una simple mercancía neoliberal que se traslada en un formato virtual para no construir resistencia alguna, para que nadie diga nada sobre esta triste captura que arrastra al país. La captura se consolida. 

Según el jurista Gustavo Galindo lo que sucede ahora en la San Carlos fue cuidadosamente planificado. La historia contemporánea de Guatemala, dice Galindo, no es la de una democratización fallida, sino la de una metamorfosis exitosa del autoritarismo. La transición del Conflicto Armado Interno a la era de la «paz institucional» no desmanteló las estructuras de exclusión; por el contrario, las dotó de una sofisticada arquitectura legal de cooptación. Somos esclavos de un pseudo sistema legal hecho para mantener una sociedad cooptada.

Ciertamente, hemos sido cooptados a través de una falsa democracia, una democracia de fachada que solamente sirve a los dueños de la finca y a sus obedientes mozos. Lo que en el pasado se lograba mediante la eliminación física del opositor, hoy se ejecuta a través de un marco normativo que ha cooptado el interés público en favor de agendas corporativas y criminales.

A esta agenda corporativa criminal y también alimentada por el narco nacional e internacional le conviene tener controlada a la Universidad de San Carlos no solamente por su poder político de elegir Cortes sino porque también era el centro de pensamiento y resistencia social. Es la institución Universidad Pública la que en más peligro pone el actual estado corrupto de cosas, llevándose de corbata a la misma democracia débil que tenemos, si acaso tenemos.

La universidad cooptada es parte del Estado cooptado, que se define en Guatemala como un sistema donde la captura de las instituciones no es un accidente, sino el objetivo primordial. La debilidad institucional, los procesos antidemocráticos y el autoritarismo —puntos de fractura identificados en la negociación de la paz— con el agregado de la corrupción, la cleptocracia y el narco son, en realidad, las vigas maestras de un modelo diseñado para que el Estado funcione como un botín de guerra perpetuo. Esta captura tiene su raíz en causas históricas que los Acuerdos de Paz intentaron diagnosticar, pero que el sistema legal vigente se encargó de blindar y que ahora ya ni en la Universidad Pública se discuten, menos se entienden. 

Estamos viendo un país que se cae en pedazos y que solamente funciona para los dueños de la finca que quieren mantener una exclusión social profunda basada en el conflicto crónico por el uso y posesión de la tierra, donde la violencia generalizada garantice su riqueza. Junto a eso, los mismos dueños de la finca y jefecitos del Pacto de Corruptos desean un sistema político caracterizado por el autoritarismo y procesos antidemocráticos. Eso es lo único que les funciona.

Eso sí, estos corruptos discursan de libertad de mercado, de democracia y bla, bla, bla pero en realidad viven del Estado. La debilidad del Estado fue una construcción deliberada para impedir que este cumpliera sus funciones básicas, dejando el poder en manos de élites que operaban por encima de la ley, todo esto mezclado en un racismo profundo que rechaza la diversidad cultural guatemalteca.

Junto a esto se crea un pseudo sistema de educación superior donde se le dan prebendas a las universidades privadas para crear «feudos» de poder técnico-político. El control de la formación profesional y la representación ante el Estado se convirtió en una estrategia premeditada para asegurar que los intereses privados tuvieran poder de decisión sobre el sistema de justicia y otros entes fiscalizadores como se nota en las decenas de representaciones en entes estatales del CACIF.

Así las universidades casi todas sirven a los intereses del Pacto de Corruptos, tipejos que trabajan para los dueños de la finca. El ataque a la San Carlos es porque es la única institución capaz de revertir esta historia porque aún tiene conciencia social. Por eso la orden actual del Pacto y de los dueños de la finca es asfixiar a la Usac y con ello matar todo potencial de rebelión, de lucha, de resistencia.

En la Usac se juega ahora el futuro del país, esto es, si queremos un país democrático, tendrá que ser con la Usac o si queremos un país al estilo del Pacto de Corruptos, un país autocrático, lleno de pobreza para muchos y riqueza para todos, eso significa la aniquilación de la educación pública superior, educación crítica y liberadora.

Por eso el llamado es salvar a la educación pública superior, hoy cooptada por intereses egoístas del Pacto de Corruptos y su hija putativa la Alianza Criminal que colocan jueces, roban elecciones, dan órdenes para que los corruptos tengan la vía libre a costa de no tener un país desarrollado. Ya no es posible vivir con un 60% de guatemaltecos en pobreza, con un sistema de justicia marcado por impunidad donde solamente el 3% de las denuncias presentadas avanzan a juicio y donde apenas el 3% de la población general tiene acceso a educación pública superior. Ese no es el país que queremos. 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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