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Cualquiera cree que puede ser maestro, que puede ser profesor. La educación es una práctica cotidiana y a cualquiera se le ocurre que se puede parar frente a un grupo de niños, de jóvenes y hasta de adultos a decir lo que en ese momento improvisa. A eso le llama «dar» una clase. Así que hemos llenado las escuelas, los institutos y las universidades con personas que creen que pueden enseñar, que pueden dar clases y que no problematizan su función docente porque nunca se formaron como docentes.

A juzgar por los resultados de las evaluaciones de matemática los que dan clases están mal y los que las reciben están peor. En Guatemala solamente uno de cada diez alumnos aprueba exámenes elementales de matemática, operaciones aritméticas. Realmente, la gran mayoría de los estudiantes guatemaltecos no aprenden matemática en la escuela, pública o privada. Quienes toman este examen son los graduandos, los que han pasado más de diez años tomando cursos de matemática y no aprendieron lo más importante: Sumar, restar, multiplicar y dividir con números naturales y números racionales (fracciones). Seguro que los maestros de estos jóvenes dieron las «clases» pero no fueron capaces de preparar a sus alumnos. Ese es el precio que como sociedad tenemos que pagar por un sistema de educación cooptado, en principio por un rector usurpador cuya universidad se encarga de formar profesores, léase el usurpador a la rectoría de mi Alma Mater: Universidad de San Carlos. 

La falsa creencia de que cualquiera puede ser maestro hay que atacarla. Si alguien sabe sumar, restar o multiplicar no es que sepa enseñar a niños cómo hacerlo. Saber matemática no significa saber enseñar matemática. Y esto es a todo nivel: desde la preprimaria hasta la universidad. Lo peor, es que muchos maestros y profesores ni matemática saben. 

Suponga que usted desea enseñar a un niño de primaria a sumar, multiplicar o dividir fracciones. El contenido matemático escolar hay que adaptarlo psicológica y filosóficamente al nivel del niño (epistemológicamente dicen los investigadores). No solamente es cuestión de ir a «expulsar» en su «clase» un algoritmo que deben memorizar sin entender el significado de las operaciones con las fracciones. No. 

La investigación en aprendizaje de la matemática, matemática educativa, demuestra que los niños aprenden a hacer operaciones con fracciones de manera más efectiva cuando construyen modelos visuales antes de memorizar reglas. Aprender el algoritmo sin comprender el concepto crea conocimientos frágiles, ya que las operaciones con fracciones tienen aspectos contraintuitivos. 

En multiplicación de fracciones, por ejemplo, el producto suele ser menor que los factores, lo que rompe con la intuición de la multiplicación con números naturales. El «maestro» que se para sin preparación alguna frente a un grupo de inocentes niños de diez años y les describe un algoritmo y que no sabe nada sobre investigación en aprendizaje de la matemática y que jamás se formó como docente solo les hará daño, quizá un daño irreversible. De hecho, la gran mayoría le tiene temor a la matemática. Eso se lo debemos a profesores que han sembrado miedo e incapacidad. 

Para que los niños aprendan, ya sea matemática o ciencias, o historia, o aprendan a leer y entender, entonces requieren profesores que se formen bien. La formación docente fue muchos años en las normales del país donde se graduaban todos los profesores de primaria y luego de secundaria. Pero a partir de hace unas tres décadas en el mundo la formación docente se trasladó a nivel universitario, en parte, por las más altas demandas de contenidos cada vez más profundos. También emerge la investigación científica sobre el aprendizaje de las ciencias, la matemática, la historia y la forma en que los niños deben aprender a leer para que comprendan los textos. 

Estas transformaciones de a poco han llegado a Guatemala, pero no entran al Ministerio de Educación donde la formación docente se ha mantenido en la prehistoria, en la «época de piedra» metafóricamente hablando. Se cerraron arbitrariamente las normales sin hacer un estudio profundo sobre sus fortalezas y sus debilidades. Se inventaron que las universidades debían hacer la formación docente y vino la Torre de Babel en la preparación de maestros. Ahora vino este gobierno y de un plumazo, como los otros, les quita a las universidades la formación docente, sin presentar una evaluación de lo hecho. A la fecha no se sabe qué irá a pasar con la formación de los maestros. 

Los maestros, a todo nivel, son esenciales en nuestra formación. Por eso hay que invertir en formarlos y formarlos bien, con modelos de formación comprobados, con investigación científica en aprendizaje y principalmente con programas de formación docente basados en teoría y evidencia. Esto de la primaria hasta la universidad. Todo quien dé clases debe previamente estar capacitado. 

En el próximo número analizaré el estatus de la formación docente en Guatemala, desde la preprimaria hasta la universidad. 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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