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La tecnología avanza más rápido que la capacidad de las familias e instituciones para comprenderla, adaptarla y aprovecharla; como ejemplo de lo anterior, los niños tienen smartphones a los diez años o menos mientras que los padres no saben configurar un control parental básico, las escuelas hablan de “ciudadanía digital”, pero siguen dando charlas teóricas sin herramientas básicas.

La inteligencia artificial vino a acelerar la problemática del acoso escolar, por ejemplo, los Deep fake se utilizan como método de acoso en los colegios privados, la clonación de voces se utiliza para fraudes, la desinformación es mucha; es decir que, aparecieron como nuevas técnicas para cometer ilícitos o acciones negativas en los centros escolares.

A lo anterior se suma que, para las crisis de liderazgo educativo familiar deben ser diseñados algunos programas o plataformas para padres de familia que desean dejar de ser policías digitales y convertirse en mentores tecnológicos de sus hijos, porque el problema no es la falta de acceso a la tecnología, es el exceso de acceso sin objetivo. 

Es urgente la creación de un módulo nacional de seguridad técnica familiar para pasar del control impuesto a la confianza negociada según la edad de los educandos; porque las familias necesitan acompañamiento, práctica y un marco de referencia que haga sentido en su vida real. La tecnología fracasa cuando no se tiene un puente humano que explique el camino correcto hacia la realidad del usuario.

Se necesitan más docentes que entiendan de pedagogía y tecnología al mismo tiempo; instituciones que lleven a los educandos a conversaciones serias respecto a la salud mental, el uso racional de los teléfonos móviles; necesitamos padres informados no paralizados ante la realidad informática en que se vive, sin descuidar la escritura a mano, pues hasta en eso se vuelven haraganes los educandos en general. 

Algunos docentes consideran que el prohibir el uso del teléfono celular en las escuelas, puede mejorar el ambiente de aprendizaje, lo cual es cierto, pues habrá menos interrupciones, los estudiantes no competirán por las marcas de dispositivos, eliminación del acoso digital o difusión de imágenes y la utilización de aula como espacio de aprendizaje y relaciones sociales presenciales. 

Otros docentes indican que la autorización del teléfono en el aula puede funcionar como herramienta pedagógica para la investigación y conocimiento, es decir, las prohibiciones pueden generar resistencia, sensación de castigo y prohibir es una parte, pero no la solución integral.

Otra de las posibles soluciones sería capacitar a los maestros para que integren tecnología en sus cursos cuando corresponda, lo que significa dar un uso educativo al teléfono, y también gestionar momentos sin uso del móvil.  En educación Parvularia no se permite el uso del teléfono durante la jornada educativa; en Educación Básica podrá autorizarse en las excepciones definidas por cada institución escolar; y en el nivel Diversificado cada establecimiento podrá autorizar su uso tomando en consideración la formalidad personal de cada educando.

Para Teodoro Alberto Pérez Duering, catedrático en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos, “… la integración de los teléfonos celulares en la educación tiene un impacto positivo en el aprendizaje cuando se utiliza de manera estructurada y con fines pedagógicos claros.  No obstante, es crucial establecer normas de uso y proporcionar orientación tanto a los estudiantes como a docentes para minimizar las distracciones. La capacitación docente es clave para el éxito en la implementación de estas herramientas tecnológicas”.  

 

   

Fernando Mollinedo

mocajofer@gmail.com

Guatemalteco, Maestro de educación primaria, Profesor de segunda enseñanza, Periodista miembro de la Asociación de Periodistas de Guatemala, realizó estudios de leyes en la Universidad de San Carlos de Guatemala y de Historia en la Universidad Francisco Marroquín; columnista de Diario La Hora durante 26 años, aborda en sus temas aspectos históricos, educativos y de seguridad ciudadana. Su trabajo se distingue por manejar la palabra sencilla y coloquial, dando al lector la oportunidad de comprender de modo sencillo el universo que nos rodea. Analiza los difíciles problemas del país, con un criterio otorgado por su larga trayectoria.

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