
En Guatemala, el momento en que muchos adolescentes abandonan los estudios coincide muchas veces con el momento en que los riesgos de caer en dinámicas de violencia, delincuencia o pandillas aumentan.
Analistas, docentes y psicólogos consultados por La Hora alertan que detrás de la captación de menores por estructuras criminales hay factores que la facilitan, como desintegración familiar, abandono emocional, falta de acompañamiento, presión social y ausencia de espacios seguros.
Especialistas insisten en que la prevención debe comenzar desde la niñez y dentro de las escuelas, pero las cifras del Ministerio de Educación (Mineduc) muestran que la deserción escolar se dispara justamente en la adolescencia.
En primaria, el abandono escolar alcanza el 2.52%, pero en básicos sube a 13.61% y en diversificado a 12.55%, según datos correspondientes al ciclo escolar 2025.
Los expertos consultados afirmaron que la prevención de la violencia juvenil no empieza con operativos policiales ni cárceles, sino en las aulas, en el acompañamiento emocional y en la capacidad de detectar señales de riesgo antes de que los adolescentes sean absorbidos por pandillas.
“El Estado regularmente llega tarde. Llega cuando ya han incorporado a esos jóvenes a las bandas de delincuentes y reacciona”, afirmó el analista en seguridad Mario Polanco.
Según explicó, invertir en prevención resulta mucho menos costoso que reaccionar cuando un joven ya fue incorporado a dinámicas delictivas. “Se estima que gastar un quetzal en prevención equivale a evitar gastar 100 en reacción”, expresó.
El Mineduc reconoció que el abandono escolar aumenta drásticamente en la transición hacia la educación media, cuando muchos jóvenes comienzan a asumir responsabilidades económicas o familiares, mientras otros quedan expuestos a amenazas, violencia y reclutamiento.
Ante esto, la cartera aseguró que para ampliar el acceso a la secundaria este año habilitó más de 530 nuevos institutos en áreas rurales, con el objetivo de acercar la educación media a comunidades donde antes no existía cobertura.
ADOLESCENTES VULNERABLES EN TERRITORIOS EN RIESGO
El fenómeno de la captación de menores ocurre en un contexto donde la violencia se concentra en determinados territorios del país. De acuerdo a datos recientes del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN), el 44% de los homicidios registrados a nivel nacional hasta abril de 2026 se concentró en 10 municipios.
El CIEN advirtió recientemente sobre la necesidad de mantener un seguimiento territorial a estas dinámicas para evitar que la violencia se traslade hacia otros municipios o departamentos.
Aunque los expertos consultados por La Hora reconocen que la problemática suele asociarse con áreas urbanas golpeadas por pandillas y crimen organizado, también advierten que las vulnerabilidades comienzan a observarse en municipios más pequeños.
Para el profesor Edward Juárez, que actualmente enseña en un centro educativo ubicado en Sansare, El Progreso, la adolescencia representa una de las etapas más complejas, pero también de las más vulnerables.
“Estos grupos se aprovechan de esa vulnerabilidad para poder captarlos”, explicó.
El docente señaló que muchos adolescentes atraviesan cuadros emocionales difíciles de manejar, especialmente cuando enfrentan desintegración familiar o falta de acompañamiento, que según él es lo que más ha detectado en su entorno educativo.
Entre los problemas más frecuentes dentro de los centros educativos, mencionó que ve la ansiedad, baja autoestima, desmotivación académica, agresividad, bullying y aislamiento social.
También advirtió sobre el impacto del uso excesivo de redes sociales y videojuegos en adolescentes que llegan agotados a clases y con poco interés por aprender.
“Hay estudiantes que llegan trasnochados porque pasan mucho tiempo conectados a redes sociales o videojuegos”, relató.
La psicóloga Sofía Falla coincidió en que existen señales claras de vulnerabilidad que pueden detectarse desde edades tempranas.
“La violencia sí se ve en todas las áreas de un niño. No solamente sale a la calle y es violento; también se refleja en la escuela y en la familia”, afirmó.
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Entre estas señales mencionó conductas desafiantes hacia figuras de autoridad, impulsividad extrema, conflictos frecuentes con compañeros y falta de empatía. Esto último, dijo, es un factor de vulnerabilidad para la delincuencia.
Por su parte, la psicóloga Adriana Arenas explicó que muchos adolescentes en contextos vulnerables no necesariamente son violentos por naturaleza, sino que desarrollan conductas de supervivencia derivadas de los entornos donde crecen.
“Cuando un niño crece en entornos inseguros, su sistema nervioso aprende a vivir en alerta”, indicó. Según Arenas, esto puede reflejarse en la impulsividad, dificultad para regular emociones, necesidad constante de defenderse o baja tolerancia a la frustración.
Falla explicó que muchos adolescentes terminan viendo en estructuras criminales elementos que no encuentran en otros espacios, como protección, pertenencia, dinero o poder.
“Prefiero pertenecer al mal a que me hagan mal a mí”, definió sobre la lógica que pueden desarrollar algunos jóvenes frente al miedo o la necesidad de sentirse protegidos.
Con esto coincidió Arenas, quien detalló que la pertenencia social es un factor clave durante la adolescencia y advirtió que, cuando un joven no encuentra espacios seguros donde sentirse valorado, puede acabar buscando validación en grupos de riesgo.
“Muchas estructuras delincuenciales ofrecen justamente eso: sentido de pertenencia, reconocimiento y protección”, afirmó.
Sin embargo, la realidad no podría ser más diferente, puesto que muchos adolescentes acaban siendo utilizados como distribuidores de droga o mano de obra criminal, según el analista en seguridad Mario Mérida.
“Estos adolescentes se convierten en capital humano para las pandillas”, indicó.
LA PREVENCIÓN EN ESCUELAS Y EL RETO DE LLEGAR ANTES
En medio de esos contextos, docentes consideran que las escuelas se han convertido en una de las primeras líneas de prevención social.
“La escuela ya no solo cumple la función de enseñar contenidos académicos. A veces tenemos que fungir como padres, dar consejos o incluso orientar emocionalmente a los estudiantes”, declaró el docente Juárez.
Según relató, algunos adolescentes expresan encontrar más seguridad dentro del establecimiento educativo que en sus propios hogares. “Lo que menos quiere el estudiante es estar en su casa y busca estar en un lugar donde se sienta seguro”, expresó.
Cuando detectan conflictos o conductas de riesgo, el maestro explicó que activan protocolos internos, dialogan con estudiantes y buscan apoyo de padres de familia o instituciones externas. Sin embargo, reconoció que muchos establecimientos carecen de psicólogos u orientadores permanentes.
“Necesitamos más capacitaciones sobre cómo actuar en casos de ansiedad, depresión o conductas de riesgo”, afirmó.
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Falla considera que la atención emocional dentro de los centros educativos debería ser prioritaria. “Se nos enseña de todo menos a cuidar nuestra salud emocional”, expresó.
La psicóloga sostuvo que muchos adolescentes toman decisiones impulsivas porque no cuentan con herramientas emocionales para manejar miedo, frustración o soledad.
“Muchas personas recurren a cualquier grupo social con tal de sentir pertenencia y no estar solos”, afirmó. Arenas coincidió en que la salud mental debe verse como parte esencial del desarrollo y no como una medida de emergencia.
De igual manera, resaltó que los centros educativos son espacios fundamentales para detectar señales de alarma y fortalecer habilidades socioemocionales desde edades tempranas.
“Cuanto más temprano acompañemos emocionalmente a un niño o adolescente, mayores posibilidades hay de prevenir conductas de riesgo”, afirmó.
Como los jóvenes suelen concentrarse únicamente en beneficios inmediatos, sin dimensionar consecuencias futuras, según Falla, es de gran relevancia que se intervenga de manera temprana, puesto que una vez un adolescente normaliza la violencia o el obtener «beneficios» tomando malas conductas dentro de grupos criminales, será más difícil apartarlo de ese entorno.
“Es mucho más fácil prevenir que recuperar o rescatar”, enfatizó.
Polanco recordó que anteriormente, en el país existieron programas como “Escuelas Seguras” y “Escuelas Solidarias”, donde trabajaban conjuntamente maestros, padres y Policía Nacional Civil, pero afirmó que esas iniciativas fueron desmanteladas con el paso de distintos gobiernos.
Por ello, considera indispensable recuperar modelos preventivos basados en coordinación comunitaria, recuperación de espacios públicos y actividades culturales, deportivas y educativas.
Mérida también destacó la importancia del modelo de Prevención del Delito mediante el Diseño Ambiental (CPTED), el cual está enfocado en la prevención del delito mediante el diseño ambiental y la recuperación de espacios recreativos para reducir riesgos criminales.
EL DESAFÍO INSTITUCIONAL Y EL PAPEL DE LAS FAMILIAS
El Ministerio de Educación aseguró que actualmente promueve dos programas enfocados en prevención de violencia y protección estudiantil.
Uno de ellos es el programa “Cuida”, orientado a fortalecer habilidades socioemocionales, resolución pacífica de conflictos, convivencia escolar y prevención de violencia dentro de los establecimientos educativos.
El segundo es el Programa Especial de Protección de Estudiantes Víctimas de Violencia (Proesvi), que ofrece acompañamiento psicosocial y coordinación con otras instituciones cuando un estudiante enfrenta situaciones de violencia.
«Para denunciar casos de violencia que se presenten en los centros educativos a nivel nacional, pueden hacerlo al 1503 o 1510 de PNC, en la página web del Mineduc o en las direcciones departamentales», detalló.
Además, el Mineduc indicó que trabaja junto con entidades como la Policía Nacional Civil, la Procuraduría General de la Nación, el Ministerio Público, la SVET y la PDH.
Dentro de estos programas, la cartera señaló que también fomenta acciones sobre ciudadanía digital y prevención de riesgos en internet relacionados con ciberacoso, grooming y violencia digital.
Sobre este punto, la psicóloga Arenas consideró que las redes sociales sí representan un riesgo cuando no existe supervisión o educación emocional.
“Las redes pueden amplificar comparaciones, violencia, desinformación y presión social”, recalcó. No obstante, reconoció que también pueden convertirse en herramientas positivas si existe acompañamiento adulto y espacios de diálogo abiertos.
Actualmente, la cartera detalló que cuenta con más de 110 profesionales entre psicólogos y orientadores distribuidos en direcciones departamentales y sede central.
Para el profesor Juárez, el desafío es grande, y mencionó que la prevención requiere una mayor inversión en salud mental, orientación escolar y acompañamiento familiar.
“La educación es tripartita: docentes, padres y estudiantes”, afirmó Juárez, quien también propuso impulsar escuelas para padres y talleres de orientación familiar.
Arenas agregó que, detrás de muchos adolescentes involucrados en delincuencia, suele existir una acumulación de factores sociales y emocionales no atendidos.
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“Muchos adolescentes no están buscando hacer daño, sino sentirse seguros, vistos o importantes”, señaló.
Falla coincidió en que muchos adolescentes terminan buscando refugio en grupos violentos porque sienten abandono o falta de apoyo.
Entre aulas sin psicólogos, familias divididas y adolescentes que buscan pertenencia y protección, especialistas en atención psicológica y seguridad coinciden en una idea: cuando el Estado llega a reaccionar, muchas veces ya es tarde. Por eso, sostienen, la seguridad también comienza en la escuela.







