“Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es.” Jean-Paul Sartre
A raíz del nombramiento del actual Fiscal General del Ministerio Público, a un alto porcentaje de ciudadanos de este país, nos surge la necesidad de levantar la voz para manifestarle a la alta autoridad, que tiene en sus manos el pasar a la historia más aplaudido que criticado o más criticado que aplaudido, porque aunque siempre habrá alguien a quien no le parezca la función llevada a cabo, también habrá a quienes sí, pero que depende de él y su equipo darle la razón a quienes apoyen su labor.
En lo personal, he observado que desde hace más de doce años que la institución creada constitucionalmente como “auxiliar de la administración pública y de los tribunales con funciones autónomas, cuyos fines principales son velar por el estricto cumplimiento de las leyes del país” se convirtió en un instrumento para perseguir y atacar a personajes molestos para el poder, lo que incidió en que en los últimos cuatro años el filo del instrumento se volvió más punzante e incisivo, por lo que el daño causado a la sociedad en general va a ser difícil de enmendar y remendar.
Para lograr eso, lo más importante es que el actual jefe del MP resguarde la institucionalidad por sobre los instintos humanos, ya que mientras al delito se le persigue, a la inocencia se le reconoce, lo que no sucedió en estos últimos años, debido a lo anterior es un buen mensaje que desaparezca la FECI, no porque en un abrir y cerrar de ojos los casos de alto impacto que investigaba la CICIG y que pasaron a esta fiscalía más nuevos casos, se hubieran resuelto o que se haya logrado erradicar los casos relacionados con estructuras de corrupción institucional, lavado de dinero y otros de gran envergadura para el Sistema de Justicia, lo que sucede es que después de la mala utilización de esta fiscalía para fabricar casos y perseguir a los enemigos políticos por los anteriores regímenes, sumado a la criminalización de los comunicadores sociales, la esencia con la que surgió se perdió, más aún si tomamos en cuenta que en la ley no existe, es el momento de fortalecer otras fiscalías.
Pero ante todo es sumamente necesario que el MP se encuentre estructurado y funcione como un ente técnico que se encargue imparcialmente de la investigación y persecución penal de los delincuentes, no de los enemigos políticos del gobierno de turno o de los enemigos del poder real, menos aún que se encargue de encubrir la corrupción cerrando casos por una débil investigación, o por pruebas insuficientes o mal recabadas por negligencia u otro propósito, que hagan fracasar la búsqueda de la verdad.
El ente investigador no puede seguir siendo utilizado como instrumento dentro de las vendettas entre grupos contrarios, como ha venido sucediendo desde hace mucho tiempo, y depende precisamente de la línea que ya se debió de haber trazado el actual Fiscal General, que esto no suceda, corresponde hoy reconstruir la institucionalidad del ente investigador después de tantos años de ser utilizado como herramienta política para criminalizar al enemigo, o al que piensa diferente, por lo que de manera inmediata se deben revisar los casos emblemáticos de perseguidos políticos, y de todos aquellos que se encuentran injustamente en prisión sin haber sido condenados en un proceso legal, tal como lo establece la misma Constitución.
En un momento en el que el Sistema de Justicia se encuentra en deuda con la sociedad, se esperaría que se dieran los primeros pasos para despolitizar al ente investigador, y que se deje de utilizar el mismo como ha venido sucediendo para torturar psicológicamente a la carta, por parte de cercanos a las autoridades, un caso emblemático cuyo conocimiento ha traspasado fronteras por ser un ejemplo de lo anterior, sin ser político es el de Benjamín Labriel, al que su familia política por medio de sus contactos en el MP y los tribunales penales ha procurado tras bambalinas la pérdida de su libertad por discriminación racial.
Si el actual Fiscal encamina sus pasos hacia el rescate de la institucionalidad se le aplaudirá, si no lo hace se le defenestrará.







