Autor: José Alexander Velásquez
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Sobre el autor:
Ciudadano y líder estudiantil de la Facultad de Ciencias Económicas en la USAC.
Walter Ramiro Mazariegos Biolis ha jugado cartas que pretenden consolidar su control sobre la Universidad de San Carlos hasta 2030, extendiendo un mandato que nació bajo la sombra de la exclusión. El 8 de abril de 2026, el Hotel Santo Domingo fue el escenario de una maniobra: la anulación de 16 cuerpos electorales —cerca de 80 representantes legítimos— que fueron silenciados a pesar de haber ganado sus espacios en facultades y colegios profesionales. En su lugar, un Consejo Superior Universitario a su medida acreditó discrecionalmente a grupos afines, incluyendo a representantes que ni siquiera habían obtenido la victoria en sus gremios.
Este escenario no es un hecho aislado, sino una pieza clave en el tablero político nacional. La influencia de Mazariegos se extiende hasta la Corte de Constitucionalidad a través de figuras como Julia Marisol Rivera Aguilar, electa por un Consejo que él controla desde el 2022. Recientemente, el voto de Rivera fue determinante para que la Corte ordenara repetir el listado de candidatos a fiscal general que recibirá el presidente Arévalo. Este vínculo sugiere una coordinación estratégica donde la Rectoría actúa como una plataforma de influencia sobre la justicia del país.
La gestión de Mazariegos se ha caracterizado por el desafío a la legalidad: desde ignorar órdenes judiciales para repetir elecciones en facultades como Ingeniería, hasta presidir la comisión de postulación para el Tribunal Supremo Electoral. Todo esto ocurre mientras acumula denuncias en la Contraloría General de Cuentas, las cuales parecen no frenar su avance en la designación de magistrados para los próximos periodos.
Permitir que este esquema de operación política se mantenga en la Usac hasta 2030 sienta un precedente devastador para el Estado de derecho en Guatemala. No se trata solo de una rectoría en disputa, sino de la validación de un modelo donde cualquier actor puede capturar instituciones, manipular cortes y operar con total impunidad, desmantelando la democracia desde sus cimientos.
Hoy es él, pero mañana podría ser cualquiera. Como guatemaltecos, nuestra responsabilidad es defender la autonomía universitaria y asegurar que la Usac deje de ser un botín político. Mazariegos, nunca más.






