Foto representativa al tema de desnutrición. Foto La Hora / Envato - Por microgen

¿Por qué se mantiene la desnutrición infantil como la mayor pandemia nacional desde hace más de un siglo?

El otro día, un grupo de colegas tratábamos de respondernos esa duda que nos producía desazón, dado los miles de miles de millones de dólares que se han invertido y el poco éxito en ello. La hipótesis que predominaba en el grupo era que se atendía del problema, la consecuencia (desnutridos) y no las causas, las causas de las deficiencias nutricionales. Hace algunas décadas era la interacción nutrición-infección la que pesaba por su sinergismo, pero el control de las infecciones ha notablemente mejorado y entonces ¿por qué persiste el problema?

Lo central del tema

No hay que ser genial para conocer lo básico del problema nutricional: desigualdades. Desigualdades sociales, económicas, ambientales, que desde la conquista (de antes desconocemos magnitudes) se perpetua en nuestro terruño, a pesar de su riqueza y fertilidad y de no estar asolada por una demografía asfixiante. Entonces se vuelve evidente que en el tema, los causales se comportan históricamente como un ciclo, una cadena que no rompe eslabones y eso a la vez muestra que nuestras políticas de ajuste social y de desarrollo y distribución económica, carecen de fuerza de ejecución o están mal concebidas, alineadas o son insuficientes e ineficientes. De todo eso se lee en los medios y se conoce en la academia y la política. Y lo cierto es que lo central y más visible de la lucha contra el flagelo de la desnutrición infantil, es la atención alimentaria que se brinda a casos agudos y crónicos. Se cambia la historia de los enfermos (de los desnutridos) pero no se atiende en forma debida el problema.

En la atención a la desnutrición, hay otro hecho que merece resaltarse. En general, la intervención ha sido encomendada a instituciones sociales estatales que seleccionan la información y la acción, y lideran la dirección y conducción con énfasis en la recuperación. Eso no merece censura y condena, sino volverlo parte de una reingeniería de la política alimentaria y nutricional más amplia, solo posible de lograr a través de un análisis concienzudo y holísticamente conducido. Debemos parar de hablar de impotencia estatal y social sin mayores argumentos y poner nuestra atención en lo que se deja de hacer.

Un tema central encubierto

Cuando penetramos en los dominios de la perspectiva biológica y vital de nuestras tierras y sus nichos ecológicos, asombra la riqueza potencial que como perspectiva productiva y económica tienen y ante eso también sobresale la falta de adecuación en su organización y en la explotación de un desarrollo agroindustrial debidamente planificado, que apunte a un mayor bienestar armonioso del individuo y la sociedad.

En consecuencia, no deja de ser motivo de asombro, la existencia de una desnutrición de tal magnitud como la que tenemos,  al conocerse y saberse que ésta es producto de una organización y utilización de recursos dentro de una planificación agroindustrial y económica desordenada y llena de inequidades y privilegios. Lo que también llena de indignante asombro, es que contamos con una Constitución que impone al Estado y la sociedad cumplimientos basados en derechos y no dádivas y en que esto, el uno y el otro, solo hacen un mínimo esfuerzo que no sirve ni tan siquiera para menguar la magnitud del problema de la desnutrición. No se ha tenido conciencia de trabajar el problema, bajo la luz de la problemática de la producción y distribución del trabajo agroindustrial y la comercialización y la protección ambiental, como causa central de la misma.

Y entonces por dónde empezar

Creo que en esto podríamos seguir como metodología lo indicado desde también hace décadas por el epidemiólogo ecuatoriano Jaime Breilh para la organización de procesos de reingeniería en problemas de salud.

Como primera medida, debemos reestructurar y establecer con la claridad necesaria, el elemento teórico del problema de la desnutrición. La participación social en esto más que necesaria, es fundamental y debe pegar, considerar y agruparlo tanto en la investigación del problema de la desnutrición, desde las ciencias de la vida como de las ciencias sociales y ambientales.

Lo anterior debe ser seguido de un sistema de accionar político para la acción, que debe tener como contrapeso y con gran poder y autoridad a la ciencia y su tecnología.

El otro paso fundamental, la rehechura de la atención a la desnutrición demanda de la trasformación no solo de la atención del sistema de salud en lo que le corresponde atender del programa, sino a la par, de la trasformación de los sectores de lo público, socioeconómico y político, que tienen la obligación de atender algunas fuentes del problema y que al no hacerlo, sustentan y configuran modos y estilos de vida limitantes con la seguridad alimentaria y su sustento.

Fundamentos para iniciar la reingeniería para atacar el problema

Creo que estos deben establecerse y para ello debemos enumerar las limitantes a atacar sobre las que debemos actuar:

Lo primero que se resalta es la incapacidad de detener el proceso de trasmisión y reproducción de la desnutrición.

Debemos terminar con la parcialidad con que se trata el problema. Identificamos casos y los tratamos, pero no evitamos la aparición de estos.

Si no cerramos la llave, seguiremos produciendo a chorro, individuos con potenciales físicos, mentales y emocionales limitados.

La construcción política para hacerle frente a la magnitud de la desnutrición debe modificarse. Son innumerables los esfuerzos nacionales, regionales, locales, públicos y privados que, en el mejor de los casos, han tenido éxitos parciales. Esto debe ser motivos de análisis, revisión y corrección.

Es evidente la inexistencia de la capacidad colectiva de afrontamiento social del problema (económico, cultural, ambiental) o ésta ha sido muy débil. Es fundamental corregir esto política y socialmente.

La atención con la consonancia natural asociada al fenómeno desnutrición, si bien ha tenido éxitos (control de las infecciones prevenibles por vacunación) otros elementos mórbidos asociados (infecciosos y no infecciosos) con el fenómeno nutricional, no han recibido la debida atención.

En estos momentos, la fragmentación en las acciones y el accionar sobre causales (médicos, salubristas, educativos, económicos, ambientales) no permite sumar para corregir, más bien en muchas ocasiones resta o su fragmentación limita impactos.

En resumen: una gestión y acción pública para atender la problemática de la desnutrición de manera completa y exitosa, necesita romper con la fragmentación, el trabajo incompleto, tardío, inoperante. En poner atención a todas las desigualdades e inequidades sociales, económicas, ambientales e institucionales. Romper con faltantes y parcialidades en la prevención.

Algunas inquietudes a corregir

En mi experiencia salubrista, no sé si por razones de visibilidad política, de poder, ignorancia, racismo, corrupción, intereses de otro tipo, corrupción, por todo o parte de lo anterior, las millonadas presupuestadas y ejecutadas en el combate a la desnutrición han sido puestas en individuos (algo visible) y sobre estilos de vida y modos de vida, el esfuerzo y la inversión ha sido insuficiente. Las estadísticas epidemiológicas así lo señalan.

No entiendo tampoco cómo luego de cumplir cinco años, los niños son abandonados y que les vaya bien; olvidándose que los problemas de salud no son estados de un hoy sino procesos que abarcan en sus daños y limitaciones un hoy y un mañana y de ese mañana ignoramos muchas veces vulnerabilidades y riesgos durante un período tan importante como lo es la adolescencia y la juventud y que pueden actuar limitando potencialidades físicas, mentales y emocionales, algunas de ellas ya conocidas. Tampoco entiendo cómo la atención a la parte colectiva de la desnutrición, lugar donde ésta se gesta, es cubierta con “sobrantes de recursos” y aun más fragmentada que la atención individual.

De tal manera que a mi entender, la desnutrición solo podrá ser debidamente atendida, si existe una concatenación adecuada de estado-sociedad y el otro elemento que demanda de concatenación en sus marcos teóricos y prácticos es la atención y la acción conjunta individuo-colectivo.

Como bien decía y de eso hace cuatro décadas, el representante de la OPS Miguel Márquez: “Las sumatorias y cálculos individuales podrán ser muy útiles a políticos, pero no resuelven la problemática sanitaria a las comunidades” y añadía: “sin cambios sociales y económicos que alteren la vulnerabilidad de individuos y poblaciones con modos y estilos de vida vulnerables, seguiremos, por más que ampliemos coberturas clínicas y atención médica, produciendo individuos biológica, mental y emocionalmente con déficit en potenciales”.

El mandato y la ejecución pública, sin la participación comunitaria, produce resultados limitados. La participación y el consentimiento del público son cruciales para asegurar la trayectoria de un programa alimentario hacia el objetivo de reducir vulnerabilidades y riesgos y mejorar la atención alimentaria a dañados.

No podemos pasar por alto que en el centro de la desnutrición, se encuentra un vacío de comprensión política y social que se ha abierto dada la persistencia de la epidemia durante generaciones y esto produce adaptación de comprensión y presencia dentro de la sociedad, que no resulta sorprendente, ya que nunca ha habido un compromiso público coordinado y significativo a gran escala, sobre cómo podríamos llevar a una mínima expresión la  desnutrición o cómo hacer la seguridad alimentaria de una manera que el acceso y utilización de los alimentos sea equitativo y asequible a la mayoría en nuestra sociedad.

Alfonso Mata
Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.
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