Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt

Ayer escribí de la importancia de colocar a la carrera judicial como centro para el proceso de conformación de las Cortes, sustituyendo a las Comisiones de Postulación que fueron penetradas por los poderes ocultos que dirigen, de manera efectiva, la selección de los candidatos que serán sometidos a consideración del Congreso. Entre el Congreso y esos poderes fácticos, que tienen vínculos con distintas formas de crimen organizado, deciden quién llega y obviamente son favoritos aquellos que aceptan sus peculiares reglas de juego.

Creo que es importante poner un ejemplo que ilustra la situación. La magistrada Claudia Escobar decidió no aceptar la presión de los operadores de los grupos paralelos, del crimen organizado y del Congreso, representados en su caso por Gudy Rivera y el resultado obvio fue que no pudo continuar con su carrera judicial. Cuando ella denunció que estaba siendo presionada para fallar a favor de Baldetti a cambio de la garantía de ir en el listado de la Comisión de Postulación y de ser electa en el Congreso, marcó el fin de su carrera en la administración de justicia y eso lo saben perfectamente todos.

Cualquiera que por vocación o por necesidad quiera seguir siendo parte de las Salas de Apelaciones, ascender a ellas desde una judicatura de instancia o llegar a la misma Corte Suprema de Justicia, sabe que tiene que haberle probado a los postuladores, léase a los operadores de los grupos de poder, que es de fiar y que pueden contar con él o ella plenamente. Quien decida ponerse los moños y resuelva conforme a derecho y conforme a su conciencia, seguramente que será visto como alguien íntegro, como ocurre con Claudia Escobar, pero que no tiene cabida en un sistema cuidadosamente construido para que sea puntal de la impunidad en el país.

Claudia Escobar no la ha tenido fácil después de haber denunciado a Gudy Rivera por su presión para que favoreciera a Baldetti en un caso relacionado con su función como dirigente del PP. Por el contrario, tuvo que irse a vivir afuera y ha tenido que enfrentar la vida con una serie de problemas familiares importantes que muchos no conocen y por los que otros ni se interesan. Pero el suyo es un caso destacado por la cobertura mediática que recibió su valiente decisión de no aceptar presiones, mientras que otros juzgadores que quieren privilegiar la aplicación de la ley se ven en situación muy difícil porque, si lo hacen, se cierran definitivamente las puertas para continuar en la administración de justicia, no digamos para ir ascendiendo a nuevas posiciones.

Hoy por hoy los amos del Sistema de Justicia son los operadores que manejan a las Comisiones de Postulación porque de ellos depende que los rectores, decanos o delegados del Colegio de Abogados incluyan a alguien en los listados y, más aún, que el Congreso los elija entre los postulados. Esos tenebrosos personajes que tras bambalinas mueven todos los hilos para decidir la integración final de nuestras Salas y Cortes, son el verdadero Poder Judicial de Guatemala.

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