Francisco Cáceres Barrios
caceresfra@gmail.com
De regreso a mi casa un día de estos, iba escuchando noticias cada una más frustrante que la otra, por ejemplo, que en el IGSS sigue habiendo problemas por falta de medicamentos; que el Renap no puede satisfacer la demanda de tarjetas DPI para que los ciudadanos podamos demostrar que lo somos; que el triste estado de las carreteras nos va a provocar más de un disgusto cuando dispongamos viajar al interior durante la Semana Santa y que sigue sin solucionarse en definitiva, la falta de suficientes libretas para pasaportes. Si lo anterior lo comentáramos con originarios de países del tercer mundo, seguramente concluiríamos en que ya andamos por el cuarto.
Y lo resumido no es para alarmarnos, porque llevamos muchos años de estar viendo todos los días en los medios de comunicación una sarta de problemas que los conocemos desde hace más de un decenio, y cuando nos ponemos a analizar la solución de cada uno de ellos, nos percatamos que han pasado tres, cuatro y hasta cinco decenios sin que por ninguna parte haya salido la más mínima esperanza de resolverlos. Como bien dijo Carlos Devis: Las personas de éxito muestran resultados, quienes se rinden, muestran disculpas y justificaciones. Y es que con solo darle un vistazo al almanaque nos podemos dar cuenta que nos han gobernado un montón de rendidos que desde el primer año de su gobierno se dedicaron a solo dos cosas: a pasarla bien durante el período al cual fueron electos y a ver cómo la pasarán mejor cuando entreguen el cargo.
Analicemos caso por caso: El IGSS lleva rato de haber caído en manos de una partida de largos que lo último en que han pensado es cómo aplicar mejor la filosofía de la seguridad social para cumplir a cabalidad sus objetivos. El Renap por ser más cercana su creación, nadie ignora que hasta para comprar un lápiz se montó una corrupta maquinaria, no digamos para adquirir para el DPI sus computadoras e impresoras. Y para la emisión de pasaportes, se siguieron igualitos procedimientos de las entidades anteriores al punto, que hoy estamos peor que antes y antes, peor que el siglo pasado.
A propósito dejé para el final lo relativo a nuestras carreteras, si es que todavía se le pueden llamar con ese nombre, porque para el triste estado en que se encuentran sería mejor emplear los de veredas, trochas, senderos, extravíos o pantanos en invierno y desiertos en el verano. Por ello es que si no queremos seguir siendo “ferretería”, no queda otro camino más que el gobierno actual y los venideros se pongan honestamente a satisfacer tantas necesidades.







