Eugenio R. Fernández
buzonasprodecogt@gmail.com
Hace unos días Samuel Pérez Attias planteaba en una columna la cuestionante sobre la realidad “Entre Cuba y Guatemala”. Siendo hijo de cubanos obligados al exilio me siento ciertamente en la obligación de responder a lo que el columnista plantea: “cabe preguntarse si tanta masacre que se realizó durante el conflicto armado interno en nombre de la democracia, del anticomunismo, de la libertad y de prevenir que Guatemala se convirtiera en otra Cuba valió la pena al final” y el párrafo termina afirmando y prejuzgando, de forma terrible que : “La respuesta depende mucho del peldaño en la escala socioeconómica en que se encuentre quien la responda y se correlaciona con la cantidad de recursos y de poder concentrados como consecuencia de la historia reciente.”
Aclaremos, en ninguno de los dos países es fácil vivir. La CIDH, incluyó en el 2015 a tres países de Latinoamérica en su capítulo IV por “una violación grave de los elementos fundamentales y las instituciones de la democracia”, los tres países fueron Cuba, Guatemala y Venezuela.
Sin embargo, el columnista, asume que la vida en Guatemala y Cuba se puede resumir en unos cuadros que contiene ciertas estadísticas importantes, pero que en ningún momento son fiel reflejo de la realidad que día a día se vive en cada país. Me sorprende muchísimo que haya quien a raíz de la muerte de un dictador como lo fue Fidel Castro (no un presidente) que se dedicó a perseguir y encarcelar a cualquier persona que no pensara como él; que torturó a quienes se atrevieran a manifestar su opinión contra el régimen; que impuso unos salarios de esclavitud para los trabajadores a quienes les paga un salario de US$ 18.00 al mes ( por eso es que no aparece el PIB per cápita en los cuadritos que presentó el columnista); que no les permitió salir de su país, es decir el cubano no tiene libertad de locomoción. Yo me pregunto ¿Acaso no es un esclavo aquel que no puede pensar diferente, no puede opinar diferente, no puede ir a donde quiere y no recibe salario? ¿No es esto acaso esclavitud?
En una oportunidad un cubano, con una frustración profunda me preguntaba: ¿Me puedes tú decir de qué coño me sirve a mí leer si no puedo pensar diferente o de qué coño me sirve a mí escribir si no puedo opinar diferente?
Es decir, Pérez Attias asume las respuestas y cree que los pobres de Guatemala estarían dispuestos a entregar lo único que pudieran poseer que es su dignidad y libertad a cambio de migajas de pan y propaganda revolucionaria. Es muy condescendiente de parte de los que emitimos opinión asumir posiciones y hasta responder por un grupo de personas, al cual a veces ni siquiera pertenecemos.
Sobre el tema de Cuba y Guatemala puedo hablar con conocimiento de causa y establecer comparaciones, pues como dije, soy hijo de cubanos y padre de guatemaltecos. He vivido la mayor parte del tiempo en este país, entiendo que el conflicto interno fue terrible y dejó heridas serias por todos lados, pero ante la disyuntiva escogería a Guatemala con los ojos cerrados. Porque aquí aún puedo expresarme, puedo soñar y luchar por un mejor país, aquí todavía hay esperanza. Esa esperanza que hace mucho tiempo en Cuba se extinguió.







