Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt

Anoche en el programa “60 minutes” que transmite CBS en Estados Unidos hubo un segmento especial para enfocar la situación de Colombia luego de la firma de la paz con la guerrilla de las FARC, y resultó muy interesante porque permitió conocer no solo la intensa y efectiva campaña publicitaria para informar sobre el contenido del acuerdo rediseñado luego del rechazo en la consulta popular, sino también porque presentó la transformación que ha vivido ese país luego de haber sido escenario de la brutal violencia del narcotráfico que se llegó a enquistar en todos los sectores de la sociedad, cobrando muchísimas vidas pero, además, destruyendo la institucionalidad del país por el reguero de corrupción generado por las operaciones ilícitas y el perturbador lavado de dinero.

Pero la parte más impresionante, a mi juicio, fue el apartado que se hizo para presentar la transformación sufrida por Medellín, cuna de uno de los cárteles más violentos y despiadados y donde la gente llegó a encontrar en el narcotráfico mejor respuesta para sus necesidades que en las instituciones públicas. Una ciudad con enormes problemas de pobreza y abandono institucional que tuvo la suerte de tener autoridades municipales visionarias que plantearon un plan de desarrollo que está dando sus frutos con un notable mejoramiento de los servicios públicos y de la calidad de vida para los habitantes de los barrios populares.

Durante años ni la autoridad ni los particulares se aventuraban por esos barrios controlados por las mafias del narcotráfico y el crimen organizado, algo similar a lo que ocurre en algunas de las llamadas Zonas Rojas de la ciudad de Guatemala que se encuentran en total abandono porque nadie llega siquiera de visita, no digamos a establecer proyectos de beneficio comunal. Pero la elección de un matemático, Sergio Fajardo Valderrama, que se interesó en la política fue suficiente para iniciar un cambio que resulta impresionante. Para quienes hemos recorrido alguno de los barrios populares situados en los barrancos de la ciudad y hemos conocido las dificultades para transitar a pie por empinados senderos adoquinados, en el mejor de los casos, o enlodados en la mayoría de ellos, ver la forma en que fueron instaladas gradas eléctricas en similares sitios de Medellín es impresionante. Y como dijo la locutora, esas gradas no solo elevan a los vecinos, sino que elevan el espíritu y la moral de todo un pueblo que se siente dignificado.

Pero más impresionante aún es el modelo de transporte público de esa ciudad tan similar a Guatemala. Una combinación de teleférico, transporte mediante buses y un moderno metro que corre tanto en superficie como bajo tierra, satisface y atiende las necesidades de la población para desplazarse por toda la ciudad con comodidad y seguridad, a pesar de que Medellín sigue presentando aún problemas de criminalidad y violencia.

Una autoridad visionaria y que entiende el sentido de la planificación del desarrollo urbano pudo transformar una ciudad en menos de diez años, cosa que por supuesto una autoridad obtusa y prepotente no podrá hacer ni siquiera teniendo el poder político de una ciudad durante casi cuatro décadas. Diferencias profundas que son las que dan esa envidia de la buena.

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