Ayer, después de una “semifinal” de la Liga de Futbol Nacional, supuestos aficionados de Comunicaciones arremetieron contra la propiedad privada por el hecho de haber quedado descalificados tras su serie contra el equipo de Antigua.
La verdad, es que debiéramos estar hartos de los desplantes, el derroche y, en general, el desperdicio que para Guatemala y su sociedad es el futbol, al igual que todos los demás deportes en los que solo se trata de darles a los dirigentes plata para que vivan como reyes con el dinero que muchos ciudadanos necesitarían en los hospitales, las escuelas o en seguridad ciudadana.
¿Desde hace cuánto tiempo venimos diciendo que no somos, evidentemente, una potencia en ninguna de las disciplinas deportivas y que deberíamos realizar una seria evaluación de lo que hemos hecho?
Lo que sí es importante es que en este momento se aproveche para rehacer y rechazar todo lo que está alrededor del futbol. Siempre que se ha hablado de una intervención, salen con la cacareada suspensión de la FIFA que dejaría fuera a Guatemala de cualquier competición internacional.
Pero resulta que, primero, la FIFA es lo más asqueroso que hay en corrupción a nivel mundial y, segundo, que no tenemos que temer ahora suspensiones porque ya estamos suspendidos. El futbol tiene tan pocas oportunidades en el país, que tienen que recurrir a un grupito dirigido por Adela de Torrebiarte para intentar darle una mejor cara, cuando todos conocemos sus capacidades.
Por otro lado, resulta que esa mafia de las asociaciones departamentales, la federación y el manejo de los patrocinios, ha cooptado los deportes para poder mantener feudos que impiden el desarrollo de las disciplinas.
El deporte en Guatemala es un negocio y el mejor ejemplo es el reciente viaje a Brasil para las Olimpiadas donde los dirigentes se malgastaron los recursos públicos para viajar junto al ministro de “alcurnia”, José Luis Chea Urruela.
La verdad es que ya no estamos en el país para seguir tolerando nada de esto cuando nos damos cuenta que no son organizaciones deportivas, sino que estructuras que se juntan para saquear al Estado.
Lo más importante sería detener absolutamente todo flujo de dinero público para el deporte, intervenirlo de manera adecuada y asegurarnos que lo que venga en el futuro sea inversión para la juventud, disciplinas bien manejadas y con una dirigencia nueva.
Decimos que bien intervenida ya que no quisiéramos a un interventor que venga a defender a los dirigentes, tipo TCQ, aunque Adela de Torrebiarte ya se llevó a viajar de “grolis” al hijo del Presidente.







