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Uno de mis artículos fue en el año 1991; apuntes y escribí, relatos históricos, y crónicas sobre el General Augusto Pinochet, quien fue un militar decrépito y genocida. El 11 de septiembre de 1973 asesinaron al Presidente Salvador Allende Gossens, cuando bombardearon el Palacio La Moneda, con ataques aéreos y hubo sangre en Santiago, Chile. Allende lo mataron el 11 de septiembre de 1973 hace 53 años. El Golpe lo hizo la CIA de los Estados Unidos con los militares chilenos, los carabineros.

Cuando hemos dicho que el hombre es la primera realidad y la base de un sistema democrático y que es el valor fundamental, considerado como persona y no como individuo, afirmamos el respeto hacia el hombre y sus derechos individuales: su derecho a la vida, su derecho a pensar, a discernir y a disentir; su derecho a organizarse y a difundir su pensamiento, su derecho a no ser perturbado por sus opiniones, su derecho a convivir en paz y armonía y otros derechos más que son consustanciales a la persona humana.

Nuestra formación social cristiana, nuestra formación moral y jurídica, definitivamente choca frontal y profundamente con aquellas posiciones radicales que no respetan la concepción cristiana del hombre, que no reconocen que los derechos del hombre son superiores al Estado y que es éste quién debe estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de aquel. Y siendo esa nuestra posición de vida, definitivamente abominamos el crimen, la impunidad, el desprecio por el hombre y la vida; abominamos el genocidio y a los genocidas. Es profundo el rechazo a hombres como el general Pinochet. Un individuo lleno de odio y frustración. Un sanguinario que en su senilidad llega al colmo de despreciar el dolor y las lágrimas, mofándose de los hijos, de las madres y de las viudas de sus víctimas. Hace 53 años una periodista preguntó a Pinochet su opinión sobre 108 tumbas con sus víctimas, algunas hasta con dos cadáveres exhumadas en el Cementerio General de Santiago, el general con un cruel desprecio hacia la vida y el dolor de los deudos de los asesinados por él y su nefasto régimen, contestó: ¡qué economía más grande! No debe extrañarnos esta actitud de este general, ‑así, con minúsculas‑ porque es minúsculo y pequeño un hombre y un militar que se dijo pundonoroso, leal, patriota, honorable, libertador y una serie de calificativos más, que da esta cínica y despiadada respuesta. Pinochet siempre fue pequeño, un ruin, un desgraciado e infame. Dio una respuesta propia de un animal, con mis disculpas a los animales.

Y no debe extrañarnos por que Pinochet alcanzó ilegítimamente la tarea conductora de la nación chilena, violentó una democracia y a través de un poderío grande y brutal, masacró físicamente a la intelectualidad y a la clase política. Pero lo que jamás logró Pinochet, fue doblegar el pensamiento y la conciencia, el civismo, el nacionalismo y el indomable espíritu del pueblo chileno.

Reconocemos que Salvador Allende fracasó en su lucha por implantar y crear un gobierno socialista en Chile y que llevó a la Nación a un fracaso económico total. Reconocemos que Allende se equivocó y fracasó con el proyecto político de la Unidad Popular, que pretendió agrupar a los sectores progresistas de la sociedad chilena, para impulsar un programa de transformación de estructuras, con una dinámica y coherencia interna y culminar con el inicio de la construcción de un sistema socialista, conducido políticamente por la clase obrera. Ese programa básico de gobierno de la Unidad Popular, fue aprobado por los partidos y organizaciones integrantes del frente: partidos comunistas y socialistas, marxistas‑leninistas; el Partido Radical, el Partido Social Demócrata, el Partido Acción Popular Independiente, estos de tendencia socialdemócrata y el Movimiento de Acción Popular Unitaria ‑MAPU‑, de orientación social cristiana y que representaba al sector que se marginó de la democracia cristiana chilena en mayo de 1969.

Pero si Allende, su partido, su gobierno y el proyecto político de la Unidad Popular fracasaron, el camino NO era violentar el orden institucional chileno y atropellar a una de las democracias con más arraigo y respeto en el continente americano. Pero en septiembre de 1973, «así pensaron« la bota militar y aquellos que siempre se acercan a tocar las puertas de los cuarteles, y el 11 de septiembre se segó la vida de Allende en La Moneda, empezando el martirio y el sufrimiento del pueblo chileno. A partir de ese día, las fuerzas armadas chilenas, integradas por el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y los Carabineros, como «libertadores«, se dieron a la tarea de torturar, mutilar, quemar, masacrar y asesinar al pueblo, a la clase política, a los intelectuales, a los maestros, a los obreros, a los profesionales y a los campesinos. En septiembre de 1973, inició Pinochet «su heroísmo y sacrificio» ‑así, entre comillas‑. Y se sacrificó y se «y se sacrifica a Pinochet por su pueblo», que en la Constitución Política de la República de Chile, decretada el 21 de octubre de 1980, introducen una norma que en el futuro le permitió a través de una argucia legal, la inamovilidad hasta el año 1994, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Debe recordar Pinochet que la comunidad internacional le condena a él y a los horrores que se recuerdan de su régimen; que los hombres dignos que ante él levantaron la frente fueron masacrados y asesinados, pero SUS IDEALES Y SU PATRIOTISMO, ‑así, con MAYÚSCULAS‑ aún persisten, viven y se sienten en Chile. Recurrí a mi biblioteca y volví a leer la «histórica« Declaración de Principios de la Junta de Gobierno que asumió el poder el 11 de septiembre de 1973, donde en sus páginas se lee: «… II. CONCEPCIÓN DEL HOMBRE Y DE LA SOCIEDAD El Gobierno de Chile respeta la concepción cristiana sobre el hombre y la sociedad… entendemos al hombre como un ser dotado de espiritualidad. De ahí emana con verdadero fundamento la dignidad de la persona humana, la que se traduce en las siguientes consecuencias: 1. El hombre tiene derechos naturales y superiores al Estado. Son derechos que arrancan de la naturaleza misma del ser humano, por lo que tienen su origen en el propio Creador… 2. El Estado debe estar al servicio de la persona y no al revés. 3. El fin del Estado es el bien común general …” etcétera. Esta declaración es otra mordacidad. Una ensarta de mentiras, porque el general, sus militares y sus allegados, jamás respetaron la vida y la dignidad del hombre. Esto lo escribió y lo declaró la junta militar porque el papel lo aguanta todo. Como hace años, al releer esa declaración, Pinochet me dio más asco, pero sobre todo una tremenda lástima. Asco por su manoseo del hombre y su libertad. Lástima porque él, su familia y sus generaciones, pasarán a los anales de la historia con el estigma de la maldad, la crueldad y la infamia. Porque Chile padeció de la ignominia, con las balas, la tortura, las lágrimas y la sangre que le hizo derramar al pueblo chileno.

Para emitir mis juicios sobre Pinochet no es necesario que visite al Chile de hoy. Las acciones del genocida de Pinochet las registra tristemente la historia. Para conocer la crueldad y la criminalidad de Pinochet no era ni es necesario visitar Chile. Como tampoco para escribir sobre el loco sádico de Calígula o sobre el vanidoso Nerón y su crueldad sombría y depravada, era necesario conocer y haber vivido en la Roma imperial. O para conocer y hablar del Führer y de sus exterminadoras huestes hitlerianas, fuese condición haber vivido en la Europa de la Segunda Guerra Mundial o en la Alemania de la postguerra. 

Pero es necesario, una digresión; porque el general René Schneider, defendía firmemente lo que históricamente se conoció como la «Doctrina Schneider». Esta postura establecía que el Ejército debía mantenerse estrictamente profesional, apolítico y respetuoso de la Constitución, lo que garantiza que las Fuerzas Armadas debían aceptar la asunción de Allende a la presidencia. Al negarse a intervenir políticamente, se transformó en el principal obstáculo para los planes intervencionistas de Estados Unidos. Y el desenlace el 22 de octubre de 1970, un comando armado interceptó su vehículo oficial para secuestrar; al resistirse a la emboscada, los atacantes le dispararon a quemarropa y falleció tres días después, el 25 de octubre, debido a la gravedad de las heridas, justo el día posterior a que el Congreso confirmara oficialmente a Salvador Allende como presidente de Chile. Tiempo después, se reveló que la banda ejecutora liderada por Roberto Viaux recibió pagos e implementos tácticos como parte de las operaciones encubiertas de la CIA en Chile. El asesinato de René Schneider dio al ataque realizado por dos generales pagados por Estados Unidos: Roberto Viaux y Camilo Valenzuela.

Porque Salvador Allende dijo un día: «Sigan ustedes sabiendo que, más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor«. Y Pablo Milanés dijo de Allende: «… Qué manera de quedarse tan grabada tu figura ordenando nacer, los que ya te vieron u oyeron decir, ya no te olvidan. Lindaste con Dos Ríos y Ayacucho como un libertador en Chacabuco. Los Andes que miraron crecer, te simbolizan …» Salvador Allende, ayer, hoy y mañana perdurará en la historia y estará en el corazón de los chilenos como un combatiente por la vida, que llegó a «pisar las calles nuevamente». Y Pinochet no podrá dejar de estar en esa historia, con la única diferencia que él, el general, estará en el fango y en el lodo, estará en el lado de la injusticia y la ponzoña, en el lugar del genocidio y la metralla. Salvador Allende Gossens entró a la historia por su vida. Augusto Pinochet Ugarte entró a la historia con un reguero de muertos y de lágrimas. 

Flaminio Bonilla

Abogado, escritor, comentarista, analista de prensa, columnista en “Siglo XXI” de 1991 y luego en La Hora del año 1991 a la fecha con mi columna “sin esconder la mano”. En la política nacional fue miembro del Partido Democracia Cristiana Guatemalteca, su Vicepresidente del Consejo Político Nacional y Director Nacional de la “Organización Profesional Demócrata Cristiana”. Soy un hombre de izquierda y soy socialdemócrata. Fui Registrador General de la Propiedad del 1982 al 1986; Registrador Mercantil General de la República del 1986 al 1990 y luego 15 años Representante Judicial y Consultor Jurídico del Registro Mercantil. Ha sido profesor universitario en la Facultad de Derecho de la USAC y en la Facultad de Derecho de la Universidad Rafael Landívar. Especialista en Derecho Mercantil Corporativo y Constitucional. Soy graduado en Guerra Política del Colegio Fu Hsing Kang de Taipéi, Taiwán.

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