
El jurista guatemalteco, Alfredo Ortega, se convertirá en el primer guatemalteco electo para integrar el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas entre 2027 y 2030.
Ortega llega al puesto con más de 15 años de experiencia en derecho internacional público y derechos humanos, una trayectoria desarrollada tras litigar, asesorar y acompañar casos en numerosos países de las Américas.
Además, ha trabajado para la Secretaría de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
El jurista fue elegido el pasado 15 de junio para integrar durante cuatro años este órgano, compuesto por 18 expertos independientes y encargado de supervisar el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
Entre sus funciones está examinar denuncias individuales contra los Estados y evaluar los informes que presentan periódicamente sobre el cumplimiento de sus obligaciones internacionales.
TRAYECTORIA
Abogado por la Universidad Rafael Landívar, con una maestría en Derecho Internacional de los Derechos Humanos por la Universidad de Notre Dame y otra en Políticas Públicas por la Universidad de Oxford, Ortega ha desarrollado buena parte de su carrera en la defensa y promoción de los derechos humanos desde organismos nacionales e internacionales.
Trabajó en el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), desde donde llevó litigios ante distintos mecanismos internacionales de protección de derechos en casos relacionados con diversos países de la región. También ha trabajado en organizaciones internacionales como la American Bar Association.
En Guatemala, además, se ha dedicado a la docencia en derecho internacional público y derechos humanos.
Ortega también formó parte de la comisión redactora de una propuesta de reforma constitucional sobre el sector justicia impulsada por la asociación Poder Ciudadano, fundada por el abogado Edgar Ortiz.
La iniciativa plantea cambios en la forma de elegir a los magistrados, busca depurar las comisiones de postulación y propone retirar de la Corte Suprema de Justicia varias de las funciones administrativas que actualmente recaen en sus magistrados, para que estos concentren su trabajo en juzgar.

Ortega conversó con La Hora y analizó los desafíos de Guatemala y el alcance de la responsabilidad que asumirá el próximo año.
La Hora ¿Qué significa para usted que Guatemala tenga, por primera vez, a uno de sus nacionales en el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas?
Alfredo Ortega: Es una victoria de política exterior para el Estado de Guatemala, para el país. Normalmente, en estos foros y espacios multilaterales, Guatemala está del lado del acusado y muy pocas veces está del lado de quienes evalúan y forman parte de la discusión.
Esta es la primera vez, en los 50 años de existencia del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que una persona guatemalteca integra el órgano. Es un órgano muy prestigioso dentro del sistema internacional de derechos humanos. Muchos de sus antiguos integrantes eventualmente fueron miembros de la Corte Internacional de Justicia o de otros tribunales internacionales.
Juristas muy importantes del mundo del derecho internacional también han formado parte de este comité. Para el país, la importancia está en demostrar que Guatemala sí tiene algo que aportar a estos espacios donde normalmente ha sido considerada más bien como un victimario, como un Estado que viola derechos humanos.
Tener a un integrante que sea parte de estas discusiones es favorable para la imagen del país y para la posición de Guatemala hacia el mundo.
La Hora: ¿Cuál será exactamente su función dentro del comité?
Alfredo Ortega: De manera sencilla, una forma de pensar en el Comité de Derechos Humanos es que tiene como análogo funcional a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Es un órgano cuasi judicial de Naciones Unidas que supervisa el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, uno de los tratados más importantes de derechos humanos en el mundo.
El pacto ha sido ratificado por 175 Estados y me corresponderá, junto con los demás miembros del comité, verificar cómo esos Estados están cumpliendo ese tratado.
Hay dos mecanismos principales. Quizás el más famoso o más frecuentemente citado es el de peticiones individuales. Es decir, voy a decidir casos contra Estados que hayan sido denunciados por víctimas de violaciones de derechos humanos.
Por otro lado, está el mecanismo de supervisión periódica, que es más político. Cada ocho años, los Estados parte del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos presentan informes y rinden cuentas sobre el cumplimiento del tratado frente a este órgano.
La Hora: Guatemala podría ser examinada por el comité durante el periodo en que usted forme parte de él. ¿Cómo se garantiza su independencia en un caso así?
Alfredo Ortega: No voy a conocer casos que sean sobre mi nacionalidad. De acuerdo con las reglas del Comité, estaré impedido de conocer asuntos relativos a Guatemala. Tendré que excusarme de los asuntos que lleguen al comité que sean respecto de Guatemala.
La Hora: Usted ha trabajado durante años en asuntos relacionados con la independencia judicial. ¿Cómo observa el deterioro de esta independencia en Guatemala?
Alfredo Ortega: La respuesta no requiere muchos rodeos; la reforma constitucional es impostergable. La única forma de remover los obstáculos a la independencia judicial en Guatemala es cambiando la Constitución. Es imposible hacerlo modificando únicamente la ley del país. Se necesita reformar drásticamente la forma en que se eligen las altas autoridades judiciales y del sector justicia y cómo se administra.
Hoy por hoy, la Corte Suprema de Justicia continúa teniendo un rol en las compras y contrataciones, en la gestión administrativa del Poder Judicial y en las contrataciones de personal. Los miembros de la Corte Suprema tendrían que dedicarse a decidir casos, no a decidir qué marca de papel bond compran los juzgados.

La Hora: ¿Qué otras reformas considera necesarias?
Alfredo Ortega: No solo la Corte Suprema. También la Corte de Constitucionalidad requiere una reforma drástica de cómo se eligen sus integrantes, cuánto tiempo van a estar en el cargo, prohibir que se reelijan y evitar el sistema de incentivos que ha generado personajes tan de mala recordación para la historia guatemalteca.
La Hora: ¿Cuál será su principal desafío cuando asuma el cargo en 2027?
Alfredo Ortega: El reto que tengo, una vez inicie funciones el próximo año, es que las personas que utilizan este mecanismo o que tienen como último recurso el Comité, sientan cercanía con estos órganos. Que sientan que estas instancias son capaces de ofrecer resultados y soluciones. Además, hay un problema importante de atraso procesal en las decisiones de los casos individuales. Creo que con la implementación de nuevas tecnologías en el trabajo del Comité, esta problemática se puede mitigar.
La Hora: Su elección contó con el voto de más de 100 estados. ¿Qué responsabilidad supone llegar al comité con ese respaldo?
Alfredo Ortega: Es una responsabilidad enorme. Examinaré situaciones tan diversas y tan complejas, de muchas esquinas del mundo. Algo que he repetido mucho es que es un honor enorme no solo haber sido nominado por el Estado de Guatemala, sino también haber sido electo por más de 100 Estados del mundo. Que tantos países hayan depositado su confianza en mí me genera muchísima responsabilidad.
También pienso mucho en de dónde vengo. Eso me compromete muchísimo más. Mis abuelos eran maestros de escuelas rurales. Mi padre es un médico que siempre trabajó con gente de escasos recursos y mi madre ha dedicado su vida a temas de calidad educativa y a mejorar las condiciones del sistema educativo en el país.
Me gustaría llevar ese compromiso a un foro global y dejar algo a Sanarate, El Progreso, y Jocotán, Chiquimula, en el trabajo del comité. Pero, sobre todo, que la intervención de una persona guatemalteca sea de buena recordación en un espacio multilateral.
La Hora: Guatemala tardó medio siglo en conseguir que uno de sus nacionales integrara este órgano. ¿Por qué?
Alfredo Ortega: Me parece que la política exterior se ha enfocado en otras prioridades y ello ha implicado que en pocas ocasiones el Estado ha decidido activamente promover perfiles idóneos para espacios multilaterales en materia de derechos humanos.
No obstante ello, no es la primera vez que hay guatemaltecos en órganos como el Comité de Derechos Humanos. Según tengo entendido, el primer guatemalteco en ocupar una silla en un órgano de tratados de Naciones Unidas fue el embajador Francisco Calí Tzay, quien integró el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de 2008 a 2020 y lo presidió en 2014. Además, la embajadora Ana María Diéguez integró el Comité de Trabajadores Migrantes.
En mi caso, he tenido el privilegio y la oportunidad de dedicar toda mi carrera profesional a temas vinculados al derecho internacional público y creo que eso fue crucial para que mi nominación fuera exitosa.







