La desnutrición crónica infantil es, en mi humilde opinión, el peor de los males que aquejan a Guatemala. A finales del siglo pasado no se tenía conciencia del mismo, o por lo menos, no una conciencia colectiva. Hoy en día si la hay.
Por lo menos cinco presidentes: Álvaro Colom. Otto Pérez, Jimmy Morales, Alejandro Giammattei y Bernardo Arévalo, han tenido la oportunidad de reducirla y no lo han hecho. Ni uno solo de los cinco. Discursos fantoches y populistas al margen, como el de Alejandro Giammattei, el dizque médico que no hizo más que alardear su gran cruzada nacional por la nutrición, sin ejecutarla ni que la misma tuviera resultados tangibles, ni una sola de estas personas, durante sus respectivas presidencias, siquiera al menos tuvo un plan para atacar este mal y reducirlo significativamente. Más que tristeza, da cólera y una profunda vergüenza.
Hoy en día, hay esfuerzos privados, como el de Guatemaltecos por la Nutrición, que han tenido un mayor impacto que las acciones gubernamentales, lo cual dice mucho sobre la inacción de estos gobiernos. Es vergonzoso que un esfuerzo privado sea más significativo que el de un Estado, sobre todo con los amplios recursos de los que han dispuesto los gobiernos ya mencionados, y que no fueron utilizados para dar una solución a este problema.
Países como Chile, Brasil, Perú, Vietnam, Tailandia, Bangladesh, Senegal y Ruanda, entre otros, han tenido drásticas reducciones en sus índices de desnutrición infantil, tanto crónica como aguda, y lo que tienen en común es que los esfuerzos gubernamentales para disminuir este mal que también los aqueja han trascendido gobiernos y se han implementado, de una u otra forma, como políticas de Estado. Hace unos años escribí una serie de cuatro columnas, basadas en un texto del doctor Fernando Monckeberg, en las que él describió cómo lograron prácticamente erradicar la desnutrición crónica infantil en Chile, desde la investigación científica hasta la institucionalidad pública, logrando la recuperación de miles de niños durante el proceso. Eso fue un esfuerzo que duró desde la década de los 60 hasta la de los 80, trascendiendo varios gobiernos. Cuando uno ve experiencias exitosas, sea en América Latina, África o Asia y en donde se evidencia que los esfuerzos se mantienen durante varios gobiernos, se debe entender que esa es una condición necesaria para combatir la desnutrición.
Aquí, quienes han llegado a la presidencia, han utilizado como propaganda electoral el discurso populista de que van a combatir la desnutrición crónica infantil, únicamente lo dicen del diente al labio los candidatos, mas no lo ejecutan cuando llegan al poder, empezando porque no tienen ningún plan, menos interés de entrarle al fondo del problema. Los gobiernos dirigidos por Alejandro Giammattei y Bernardo Arévalo que se llevan las palmas, ya que han sido los gobiernos que más fondos han dispuesto en la historia del país, han tenido los presupuestos más abultados, uno tras otro, uno pseudo médico y el otro sociólogo, y aun así no fueron capaces de hacer NADA, ABSOLUTAMENTE NADA para combatir este mal que tanto mal nos hace como país.
Combatir la desnutrición crónica infantil debe ser LA PRIORIDAD del próximo gobierno, sea cual sea, sin importar cuál sea la bandera ideológica de quien gobierna, si es que la tiene.







