Para integrar la Corte Suprema de Justicia, la Constitución Política de la República de Guatemala estipula que sus magistrados cumplan con los requisitos siguientes: poseer valores éticos y morales estrictos; los cuales están contenidos en los artículos doscientos siete y doscientos dieciséis; además de requisitos profesionales y académicos.
Y, por si fuera poco, deben haber tenido y tener una reconocida honorabilidad como personas correctas; honradez en su integridad al actuar en su diario vivir; idoneidad que garantiza su actuar como magistrado; y por supuesto, capacidad por sus conocimientos jurídicos basados en su experiencia e imparcialidad independencia en su actuar como jueces.
La palabra justo, según el Diccionario de la Lengua Española es un adjetivo que significa: obrar según justicia y razón, en otras palabras, es una persona que obra con rectitud, honestidad y sin favoritismos.
Justicia en el lenguaje del Derecho, implica tener razón y equidad. Sus sinónimos son: rectitud, imparcialidad, neutralidad, ecuanimidad. objetividad, honradez, honestidad, probidad
Con toda esa serie de valores, la población guatemalteca debería estar segura de que la recta y pronta aplicación de la justicia es un hecho en Guatemala; que la capacidad técnica y axiológica de los magistrados son un ejemplo para imitar pues ellos son el pináculo, es decir, el punto más alto, sublime o supremo al que puede llegar una persona dentro de la carrera judicial esgrimiendo la verdad y la justicia.
Sin embargo, como en toda asociación o grupo de personas, y de esto no se salva el mismo pleno de la Corte Suprema de Justicia, pues siempre habrá algún dissensu, de carácter administrativo o jurídico, por lo que es natural que haya discusión de buena fe, con argumentos suficientes para lograr un consenso; lo anterior viene al caso por el caso de varios magistrados que han expuesto sus argumentos ante el pleno de la Corte Suprema de Justicia y al parecer no hay una solución a las peticiones alegadas.
En el presente caso, los integrantes del pleno de la Corte Suprema de Justicia, a mi parecer, deberían considerar que ellos son el vivo ejemplo de la aplicación de la justicia y la verdad en Guatemala, y que, en aras de la justicia que ellos representan, se llegue a una solución que no contenga sesgos personales, intereses constituidos fuera de la aplicación de la verdad, rivalidades personales y mucho menos intereses políticos de por medio.
La población está atenta al resultado de esa polémica interna en el seno de la Corte Suprema, se espera que prevalezcan los criterios expresados en este artículo, para que, insisto, la población guatemalteca tenga fe y confianza en las decisiones y fallos del organismo rector de la aplicación de justicia.
Es justo y necesario, así como obligación moral y ética que el pleno de la Corte Suprema le demuestre a la población que ellos, sus integrantes, fueron escogidos porque poseen los valores antes referidos; urge que los magistrados den el ejemplo nacional de cómo solucionar los problemas, de lo contrario, ese prestigio que ostentan por su alta investidura se seguirá desmoronando como castillo de arena.







