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«Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable» Cicerón

He escuchado un interesante análisis que, de alguna forma desnuda a la sociedad actual, y su falta de movilidad por lo que sucede a su alrededor, actitud que se ha generalizado más allá de las fronteras, siendo nosotros parte de esa generalidad de personas que no están de acuerdo con las políticas de quienes gobiernan, sufrimos, renegamos, pero no pasa nada, porque se ha hecho cotidiano el despropósito de las autoridades, y el oponernos desde un teléfono.

Hemos perdido la capacidad de indignarnos, aunque creamos que sí, y probablemente así sea, pero queda en lo interno de nuestra vida privada, el resultado de ese tipo de conducta, es que la pasividad nos ha ganado, y que preferimos ver desde nuestra ventana, el tren pasar y lo dejamos que se vaya, pensando que talvez en otra estación otro lo tomará pero, nadie tomará el tren, por lo que todo seguirá igual.

Nuestras autoridades en general, con muy pocas excepciones, pero que afortunadamente las hay, no han dado respuesta a las necesidades de la población, dejándonos en total estado de indefensión, y sin capacidad de resolver los problemas que nos aquejan, porque no tenemos las competencias, como el alto costo de la vida, la desnutrición crónica de nuestros niños, la violencia en aumento, y para cerrar con broche de oro, la corrupción generalizada, de cuyos señalamientos no está exenta ninguna institución del Estado, mientras nos indignamos por lo que está sucediendo, nos mantenemos estancados sin ánimo de luchar, porque damos por perdidas las batallas.

El problema de la violencia extrema en la que vivimos, porque un día sí y otro también  nos enteremos de hechos violentos, con la pérdida de familias completas, incluyendo niños, estriba en que mientras ministros de Gobernación van y vienen sin que se perciba un mínimo cambio, dejamos de ser contestatarios, para convertirnos en  espectadores de la aceptación, no haciendo nada para cambiar esta situación, lo peor es que parece que nos estamos adaptando, y por lo tanto vegetando socialmente.

En el año 2015 surgieron movimientos a nivel internacional, entre los que nosotros tuvimos nuestro particular movimiento interno,  producto de una excesiva corrupción, en esa época tuve conocimiento del ensayo escrito por el diplomático y activista francés Stéphane Hessel quien,  por ser  resistente de la Segunda Guerra Mundial invitaba a la indignación a la sociedad, como forma de oposición a la indiferencia y la corrupción generalizada, en la que se apoyaron grandes estratos sociales para rebelarse contra un sistema corrompido.

En el país se sucedieron una serie de hechos que provocaron la caída del gobierno de turno y la encarcelación inédita de sus principales representantes, con un posterior gobierno de transición, que no sirvió de mucho, porque también inéditamente la población se decantó por un cómico para ser su Presidente, con el argumento de que era representante de la antipolítica, y muchos confiaron en él, pero fue más de lo mismo.

Quien no hizo nada para cambiar nuestra situación, arrastrando hasta la fecha casos como el Libramiento y el Hogar Seguro como legado de lo que no debió ser, no existió oposición a estos casos por la población, iniciando lo que hoy es la cooptación del Estado, no quedando fuera de esa cooptación casi ninguna institución.

Las redes clientelares han traspasado todos los límites que pudieran existir mientras nosotros como población estamos asumiendo que vamos hacia más descomposición, pero no hacemos nada porque, aunque lo que está ocurriendo desde hace años en el país es grave, nos acostumbramos a la corrupción, como parte del paisaje, ¿Cuál fue la última noticia de corrupción de que nos enteramos? Da igual si es el ejecutivo, el legislativo o el judicial, u otra institución del Estado, todos los días es lo mismo y seguimos aceptando como poco a poco tenemos menos derecho a asombrarnos.

El broche final es la criminalización de la protesta de quien se opone a lo que está sucediendo, mientras el sistema cooptado a unos permite todo, a otros los envía a la cárcel, con lo que se pretende que nadie diga nada, mientras decaemos cada vez más.

Gladys Monterroso

licgla@yahoo.es

Abogada y Notaria, Magister en Ciencias Económicas, Catedrática de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Diploma otorgado por la Corte de Constitucionalidad en 2005, como una de las Ocho Abogadas Distinguidas en Guatemala, única vez que se dio ese reconocimiento, conferencista invitada en varias universidades de Estados Unidos. Publicación de 8 ediciones del libro Fundamentos Financieros, y 7 del libro Fundamentos Tributarios. Catedrática durante tres años en la Maestría de Derecho Tributario y Asesora de Tesis en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

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