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Debido a que mi columna de la semana pasada generó interés en algunos estimados lectores, a quienes agradezco sus comentarios, me di a la tarea de elaborar un poco más sobre la misma. Uno de los cuestionamientos principales era que, dada la dependencia de los precios internacionales del petróleo, ¿estaremos condenados a tomar siempre medidas cortoplacistas, como los subsidios? Antes de responder a esta inquietud de los estimados lectores, debemos analizar varios temas.

En primer lugar, tener un marco legal robusto que incentive inversiones, principalmente en el sector energético, aunque también en otros sectores conexos que son clave para reducir el impacto de los precios internacionales de petróleo y de otras materias primas.

En segundo lugar, la composición de matriz energética del país. Actualmente, aproximadamente dos terceras partes de la generación eléctrica del país proviene de fuentes renovables y una tercera parte de fuentes no renovables, como el petróleo y el carbón mineral. Esto nos hace aún vulnerables a los precios internacionales de estas materias primas. Con un marco legal robusto y con el apoyo del gobierno, principalmente coadyuvando en el diálogo y la concertación entre los sectores involucrados, se facilitarían las inversiones en fuentes de energía eléctrica renovable, como hidroeléctricas, parques eólicos y solares, mitigando la tensión social que causan los proyectos, principalmente hidroeléctricos. 

Partiendo de tener una matriz energética renovable, es decir, no dependiente de los precios internacionales de materias primas, el gobierno puede incentivar el transporte masivo eléctrico para personas. Hoy en día ya hay trenes, buses y otros medios de transporte masivo que son híbridos o directamente eléctricos. Para ello, el gobierno debe construir la infraestructura, no solamente en los centros urbanos, sino que también interconectando el país para que más personas puedan utilizar este tipo de transporte. Ya existe legislación para poder constituir alianzas público-privadas, y un mayor desarrollo de mercados de capitales, que pueden facilitar la inversión y financiamiento en este tipo de proyectos.

También, para el transporte de productos, el gobierno puede incentivar el uso de camiones eléctricos e híbridos, que tal vez ahora puedan parecer astronómicamente caros, pero que en largo plazo los costos de mantenimiento son mucho menores, y la tendencia de los precios será a la baja, debido al avance de la curva tecnológica. Así pasa con todos los productos de tecnología. De igual forma, para tener transporte eléctrico tanto de personas como de productos, el gobierno podría incentivar la masificación de estaciones de recarga eléctrica para vehículos. 

Las medidas enumeradas son de mediano y largo plazo, y para llevarlas a cabo, se necesitan gobiernos y diputados que tengan firmeza en su accionar, y, sobre todo, que tengan la visión de Estado para llevar a cabo todas estas transformaciones, y que las mismas trasciendan varios gobiernos.

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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