Msc. Mario Alfredo Alvarado Vela
USAC-Escuela de Historia.

La conmemoración de la Pasión de Cristo, tiene su presencia en el ideario del guatemalteco desde la llegada de los primeros misioneros que arribaron al nuevo mundo con los conquistadores en el siglo XVI y comenzaron su ardua labor de evangelización.

En este contexto el papel de la orden de predicadores, fundada por Santo Domingo de Guzmán es fundamental en este proceso de introducción del catolicismo en nuestro país tal como reza una palabra de su lema: Predicar.

Esta predicación de la buena nueva del evangelio, buscó diversos recursos para poderse propagar dentro de los habitantes de estas tierras, en este contexto las directrices del concilio de Trento fueron determinantes para lograr dicho objetivo (1545-1563).

En el referido concilio se dictaminó la respuesta del catolicismo, frente al avance de las doctrinas protestantes que rompieron con la unidad religiosa de siglos del viejo mundo, dando especial valorización y fomentando el culto a las reliquias e imágenes religiosas.

Es por ello que durante la época colonial se vio un nutrido crecimiento del arte en todas sus formas, particularmente las ligadas a contemplar la Pasión del Redentor.

Es por ello que podemos apreciar como uno de estos ejemplos la talla de la Soledad Dominica, una de las antiguas del país y que encaja dentro de estas dinámicas anteriormente descritas para fomentar y consolidar al catolicismo en nuestro país.

Dentro de todo ello también tuvieron un gran auge las expresiones de religiosidad llevadas a cabo fuera de los muros de las iglesias y conventos de las ciudades españolas, tal es el caso de Santiago de Guatemala donde ya se encuentra evidencia documental de la procesión del Santo Entierro de Santo Domingo desde el siglo XVI.

En su libro Ángeles Llorones el licenciado Miguel Alfredo Álvarez nos indica que en el año 1595 se llegó a un acuerdo con los padres Franciscanos, que el cortejo mayor de la cuidad de Santiago sería el Santo Entierro, de los padres dominicos y desde entonces esta función penitencial es una de las antiguas y solemnes del país.

En una época en la que la sociedad se encontraba inmersa en las dinámicas de exclusión y división que se citan en la “Patria del Criollo”, este cortejo que estaba a cargo de la cofradía de Soledad de Santo Domingo, la cual estaba compuesta por la elite socioeconómica de la urbe, se posiciono como un referente de la Semana Santa en Guatemala.

Es por ello que siguiendo esta lógica el ayuntamiento de la ciudad que tenía, bajo su patrocinio este cortejo, hace que los gremios de los diversos artesanos de la urbe, participen mediante la presencia de un ángel revestido por cada gremio en dicho cortejo procesional, dicha información es confirmada por Héctor Humberto Samayoa Guevara en sus textos sobre los gremios en la ciudad de Santiago de Guatemala.

Lo anterior se consolida más aún cuando en el siglo XVIII el capitán general la máxima autoridad de la época invita a todas las órdenes religiosas de la ciudad a participar de dicha función penitencial la tarde del Viernes Santo, en Santo Domingo.

El cortejo incluso, tras el traslado de la ciudad se va a reorganizar prontamente ya en la Nueva Guatemala de la Asunción con toda la solemnidad y pompa del caso, siguiendo con las tradiciones heredadas desde el siglo XVI.

Es por ello que ya en esta nueva ciudad el reverendo padre prior Fray Pedro Mártir OP fundara en el año de 1852 la HSS, para adaptar a las nuevas corrientes del siglo XIX esta manifestación de piedad popular y con ello que su presencia en el ideario de la ciudad siguiera presente.

Dentro de toda esta nueva restructuración realizada se procederá con la llegada de una fina urna para el Señor Sepultado traída de Francia y donada por Ricardo Sáenz de Tejada, así como también se hablara con uno de los mejores artistas de la época, Pedro Gallardo, para readecuar la antigua escultura del Cristo Morto, dando al actual la apariencia neoclásica que presenta.

Incluso tras el triunfo de la mal llamada reforma liberal de 1871, este cortejo de Pasión siguió ligado a los grupos dominantes como lo indica el colega historiador Mauricio Chaulón en su tesis de Licenciatura en Historia.

Esto nos demuestra cómo estas expresiones de piedad popular que tiene más de cuatro siglos de realización en nuestro país, tienen gran importancia nivel social sin importar el contexto social o político que se esté viviendo, incluso en momentos difíciles de la historia, como cuando fue la misma población, que sacó la procesión, incluso contra la voluntad del prior del convento en el siglo XIX.

Es por ello que este pequeño texto busca ser un aporte para la valorización de nuestras procesiones que durante otro año más no podrán salir por motivo de la actual pandemia del COVID-19 y, en especial, como una referencia de unos de los cortejos más antiguos de Guatemala, como lo es el Santo Entierro de Santo Domingo con más de cuatro siglos de realización.

El Señor Sepultado de Santo Domingo. Fotografía de José Carlos Flores.

El cortejo del Señor Sepultado de Santo Domingo en su visita a la Antigua Guatemala, en el año 2002. Fotografía de José Carlos Flores.

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