Jairo Alarcón Rodas
Filósofo y catedrático universitario

Pretender hacer filosofía en momentos en que la ciencia y tecnología dan respuesta a preguntas, inquietudes y necesidades que nos asaltan, parece ser un ejercicio vano e irrelevante. Sin embargo, el sólo hecho de tomar conciencia de lo que constituye la filosofía, su radio de acción y la diferencia que tiene con respecto a la ciencia es el comienzo para destacar su importancia y la vigencia de su ejercicio.

A diferencia de la ciencia, la filosofía discurre sobre el deber ser de las cosas, Aristóteles señalaba que constituye el conocimiento de la causa primera y última de todas las cosas. Qué es la realidad, cuál es su origen, han sido desde tiempos inmemorables preguntas que inquietan a la humanidad. Preguntas que la filosofía pretende dar respuesta al igual que la ciencia, a través de métodos diferentes. Pero ¿qué es lo que hace a la filosofía una disciplina distinta a la ciencia, dado que el objeto de reflexión es el mismo?

Para dar respuesta a esa pregunta es pertinente destacar el carácter totalizante de la filosofía, el cual pretende mostrar la fundamentación última de todas las cosas. Qué puedo saber, qué debo hacer, qué puedo esperar y qué es el hombre constituyen las preguntas que Kant planteaba como el significado de la filosofía y que a lo largo de la historia se han formulado como base de toda reflexión filosófica.

Immanuel Kant nos habla que la realidad está constituida por el fenómeno y el noúmeno, esto último constituye la esencia, lo otro, lo manifiesto, es lo que parece o aparece. La esencia es lo inteligible, lo fenoménico lo sensible. Para el filósofo de Königsberg, la esencia es incognoscible. Siendo la realidad esas dos características inseparables. Lo fenoménico constituye el campo que le corresponde a la ciencia y lo noumenal, lo propio de la filosofía. Es por lo que Karel Kosik, señala la necesidad que exista tanto la ciencia como la filosofía, destacando los problemas que surgirían si no existiera la una y la otra como medios para su interpretación y con ello develar lo que es la realidad para los seres humanos.

De ahí que se pueda pensar sobre aspectos mínimos o máximos, sobre lo inmediato, lo mediato y lo último, sobre lo abstracto y lo concreto, lo sensible y lo inteligible. El método experimental y demostrativo, que acompaña a la ciencia, le da a esta validez general en casos particulares y específicos. La ley de la gravedad, por ejemplo, es demostrable empíricamente y con ello, igualmente aceptada en Guatemala, en la India o cualquier país del planeta.

Las leyes con las que trabaja la ciencia son la descripción a las constantes que se dan, bajo determinados criterios y circunstancias, que hombres y mujeres de ciencia observan, comprueban e interpretan. La filosofía en cambio especula racionalmente sobre la totalidad, buscando coherencia en sus argumentos, apartándose con ello de la fantasía.

La ciencia con sus axiomas, leyes y teorías, desde una particular esfera del saber, tiende a develar lo que la realidad es. La física le interesa, los componentes fundamentales del universo, a la química su composición y propiedades de la materia, la biología el fenómeno de la vida. La filosofía, en cambio, al ver más allá de la esfera particular con la que trabajan las ciencias, ostenta mayor grado de versatilidad, su horizonte se ensancha ya que carece de un método que la limite, a no ser el racional especulativo y crítico. La ciencia investiga sobre lo que la realidad es, a partir de su aspecto fenoménico. La Filosofía discurre sobre lo que la naturaleza es, a partir de su esencia, dentro del deber ser de lo humano.

Es el carácter totalizante de la filosofía el que la hace especulativa y por consiguiente más abstracta. Filosofía es reflexión y al reflexionar, los sujetos pensantes lo hacen sobre objetos, sean estos derivados del macro, meso o microcosmos. Es decir, para pensar se debe tener presente el objeto de reflexión. Ya sea concreto o eidético, producto de lo que existe independientemente del sujeto o derivado de éste. Sobre esos elementos trabaja la mente, de ahí que es el referente real, el que le da origen al universo pensado, el que surte a las construcciones mentales, el que antecede al pensar y diferencia la realidad de la fantasía.

Pero ¿qué hay sobre la actitud filosófica?, ¿debe tener un fin práctico y utilitario o debe ser independiente? La inquietud filosófica no puede limitarse ya que nuestra actitud no será filosófica mientras no nos interese el mundo más que en lo que afecta a los seres humanos; el espíritu filosófico demanda interés en el mundo por el mundo mismo. (Russell. 505)

Heráclito decía, sabio es el que acepta que la realidad es una e igual para todos, lo curioso es que, al no ser todos sabios, cada uno piensa que la interpretación que realiza, que es una lectura particular de ella, es la correcta y al serlo, es verdadera para ellos, lo que deriva que lo real sea múltiple, relativo. Pero en esa multiplicidad, muchas veces se construyen imágenes del cosmos equivocadas. Dado que las lecturas que describen las cosas se realizan a partir de lo que se quiere ver y no producto de lo que éstas son.

Sócrates, en su disputa con el subjetivismo de Protágoras, indicaba que evidentemente las personas tienen una lectura diferente sobre la realidad, pero ello se debe a que son ignorantes, pues desconocen el método, la forma correcta de develar los secretos del cosmos. Para Platón, no conocen la luz, están sumidos en una oscura caverna que los hace pensar que la realidad son las sombras. La diversidad de criterios y construcciones sobre las cosas algunas veces, quizás las más, disfrazan la realidad con lo que se quiere ver y no con lo que ésta es. Por ello, se hace necesaria la ciencia y la filosofía como formas de interpretar con más criterio y certidumbre, las cosas.

¿Qué es entonces la Filosofía? ¿Es la lectura de la realidad con carácter universal o su interpretación desde determinada circunstancia? Los filósofos esencialistas buscaron las respuestas universales. Cuando Heráclito, Parménides, Sócrates, Platón y Aristóteles elaboraron sus ideas filosóficas, lo hicieron pensando que la realidad es una y al serlo, no especularon sobre construcciones arbitrarias. Es decir, consideraron un error elaborar criterios interpretativos desde la perspectiva cultural. Es la realidad la que debe mostrar, en la conciencia de las personas, lo que es.

Lo mismo hizo el racionalismo de Descartes y Leibniz, así como el empirismo de Locke y Hume. Años más tarde también lo hicieron Kant, Hegel y Marx. La búsqueda de principios universales que interpretaran la dialéctica de la naturaleza ha sido, hasta la fecha, el criterio fundamental de la Filosofía. Muchos dicen que los grandes sistemas han terminado y que ahora toca a la Filosofía reflexionar sobre características esenciales. Quizás tengan razón, pero especular sobre tales aspectos no significa negar el carácter objetivo de los mismos y, en consecuencia, su universalidad en la esfera gnoseológica de la especie humana. La tarea de la filosofía no consiste en oponer tozudamente el uno al otro, sino en alentar una crítica recíproca preparando así, en la medida al menos de lo posible, en el ámbito espiritual la reconciliación de ambos en la realidad. (HORKHEIMER. P. 178)

Qué decir de la Filosofía de la circunstancia latinoamericana, se justifican las críticas al llamado eurocentrismo filosófico. Cómo queda el llamado pensamiento maya, el chino o el hindú. Una cosa es la finalidad, otra su procedencia. Las reflexiones filosóficas pueden provenir de infinidad de lugares, Europa, Asia, América, África y, dentro de estos continentes, puede haber racionalismo alemán, empirismo inglés, pragmatismo estadounidense o bien, cosmovisión maya, pero lo que hace que sea reflexión filosófica es la pretensión de constituirse en pensamiento universal y desde luego su argumentación racional.

La cosmovisión maya, por ejemplo, no tiene valor filosófico si sus alcances se circunscriben a un grupo étnico específico, dentro de una temporalidad determinada. El valor filosófico de una teoría consiste en la universalidad que puedan lograr tales elucidaciones o los enlaces que puedan lograr con reflexiones futuras. No tiene sentido resaltar la procedencia de un pensamiento si no es únicamente para tener un referente histórico. La humanidad es una y su ascenso dialéctico no lo hace una determinada nacionalidad, origen, cultura o civilización. Lo hace la argumentación y coherencia lógica que tengan sus afirmaciones.

El ser más o menos civilizado lo hace la producción de pensamiento libre de ataduras culturales, de prejuicios etnocéntricos y dogmas. Comprender que todo ser humano ineludiblemente vive en sociedad y que por lo tanto el convivir socialmente requiere del cumplimiento de normas de comportamiento que dejen atrás individualismos egocentristas deberá ser una de las tareas de la argumentación filosófica para que este pensamiento florezca.

Las distintas versiones sobre el mundo, sus particulares lecturas enriquecerán las interpretaciones sobre la realidad siempre y cuando éstas no constituyen un fin en sí mismas, si no representan la última palabra, si son dichas libres de ataduras dogmáticas. No hay liberación sin racionalidad; pero no hay racionalidad crítica sin acoger la interpelación del excluido, o sería sólo racionalidad de dominación. (APEL. P.165) No se trata de imponer criterios, simplemente de hacerlos evidentes a través de juicios críticos.

Hacer filosofía no es decir cualquier ocurrencia sobre las cosas, de serlo, en nada se diferenciaría de la religión, de la fantasía, de la opinión incierta, de la superchería. Lo destacable del milagro griego, del Renacimiento, es la desvinculación que se tuvo con las interpretaciones teogónicas. El esfuerzo por ir más allá de las disquisiciones mágico-religiosas, de los mitos, liberó a los seres humanos de las cavernas. Y es que, fidelidad a la filosofía significa impedir que el miedo atrofie nuestra capacidad de pensamiento. (HORKEHEIMER. P. 169) Y eso no lo dan las creencias dogmáticas, ideologías o pensamientos fanatizados.

El pensamiento filosófico es, por lo tanto, esencialmente liberador de ignorancia, con su ejercicio conduce al pensamiento crítico Si como ilustración y progreso espiritual entendemos la liberación del hombre de creencias supersticiosas en poderes malignos, en demonios y hadas, en el destino ciego, en una palabra, la emancipación del miedo, entonces la denuncia de lo que hoy se llama razón es el mayor servicio que puede rendir la razón. (HORKHEIMER. P. 187)

Desde Parménides hasta Mario Bunge, de Kant a Karl Otto Apel, incluyendo a Edgar Morin, el ser o la realidad se desvelan a través de la racionalidad. En Hegel, todo lo real es racional como lo racional es real, pretender introducir aspectos de otra índole sería negar el orden subyacente de las cosas e imposibilitar su entendimiento y comunicación. Ya que de ser la realidad un caos, su comprensión sería imposible. La razón perdida, la razón destruida, sólo puede recobrarse en la realidad misma, influyendo en ella y dejándose influir por ella. (Lukács.617) Es porque el universo es un orden y no un caos que la ciencia puede actuar en ella, descubrir sus secretos y realizar proyecciones a futuro.

No obstante, la racionalidad, al ser dialéctica, continuamente se renueva, amplía sus linderos y no aparta de sí aspectos cotidianos por ínfimos que sean. Debemos luchar contra la deificación de la razón que es, sin embargo, nuestro único instrumento fiable de conocimiento, a condición de ser no solamente crítico, sino autocrítico. (Morin. P 103) Mientras tanto, la complejidad de la realidad puede describirse a través de la razón y comunicarse con ella.

Algunos fenomenólogos, seguidores del posmodernismo y del pensamiento complejo, del constructivismo, insisten en cuestionar a la razón, argumentando la imposibilidad de penetrar en aspectos internos de la realidad. Desde la perspectiva de imposibilidad del conocimiento de la cosa en sí, postulado por Kant, surge la intuición como la opción para conocer desde adentro lo que es la realidad. Pero ¿cómo es posible que se conozca la realidad sin el uso de la razón? Cuanto más se debilita el concepto de razón, tanto más fácilmente queda a merced de la manipulación ideológica y de la difusión de las mentiras más descaradas. (HORKHEIMER. P. 61)

Racionalmente se entiende, valga la contradicción que, al ser la realidad cambiante, y dado que la racionalidad trabaja con conceptos, a ésta le es imposible conocerla en su justo devenir. Lo que se conoce son aspectos petrificados de ésta y en palabras de Bergson, fotografías, pero no la realidad en sí, en su justo devenir, en lo que es.

Muchas han sido las preguntas que se hacen con relación al legado histórico de la Filosofía, utilidad práctica, así como su justificación. En tal sentido, basta dar una mirada al origen y desarrollo ideológico de la humanidad. Comprender para transformar es la respuesta a la función de la Filosofía, pero, hay que tomar en cuenta que el hacer filosófico es tarea de personas que buscan el saber y por tanto, la responsabilidad del valor y aprecio que se le tenga a la Filosofía es también de estos.

Bien decía Durkheim: El filósofo se sitúa en la cumbre del pensamiento; desde allí avizora lo que ha sido el mundo y lo que ha de ser. No solo es espectador, sino que es también actor; y actor de primera categoría en el mundo, puesto que son sus opiniones sobre lo que deberá ser el mundo lo que sirve de norma a la sociedad. La Filosofía, en consecuencia, está obligada a orientar los pasos que deberán recorrer las ciencias y por ende el hombre mismo en el largo camino de la historia. Todo cuanto sabemos es que, o bien encaramos la crisis de manera racional y realista o nuestra civilización, o aún nuestra especie, se extinguirá. (Bunge. 173) Comprender que son los humanos los que hacen Filosofía y que, a su vez, con sus actitudes está poniendo en peligro a toda la especie, debe ser tema de reflexión filosófica.

La filosofía, con el devenir del tiempo, se ha visto forzada a cambiar, como todo proceso dialéctico. El desarrollo de la ciencia, el acelerado despliegue de la tecnología, la obliga a modificar su campo de acción. Y al tener una responsabilidad con lo humano, debe encarar los problemas que a estos le atañen. El conocimiento de la realidad y el accionar de los seres humanos en sociedad es materia suficiente para reflexionar filosóficamente, la ética y la epistemología permanecen vigentes.

Y en nuestro medio, la labor será liberar de la ignorancia, inquietar y contribuir a formar sujetos críticos que puedan interpretar más certeramente las cosas. No hay ámbito de la realidad donde el filosofar no tenga cabida y en consecuencia la Filosofía puede estar confiada en que sigue teniendo vigencia.

PRESENTACIÓN

La filosofía es una disciplina acostumbrada al debate.  Su aspiración última por establecer claridad en su búsqueda por la naturaleza de su objeto de estudio hace que ella misma sea parte de su justificación.  Quizá ningún saber se ha examinado tanto y ha puesto en duda su función, carácter y alcance de su especificidad como la filosofía.

Esa tradición es la que afirma nuestro filósofo, Jairo Alarcón.  Su texto, al tiempo que indaga sobre la posibilidad de la filosofía en la actualidad, la ubica en el concierto de las ciencias particulares para devolverle su valor e insistir en su dignidad hoy.  En este ejercicio, insiste también en la comprensión de su misión y lo que se debe esperar o no de la filosofía.

¿Es posible la filosofía en la actualidad?  Dejemos que sea el pensador el que nos lo diga:

“El conocimiento de la realidad y el accionar de los seres humanos en sociedad es materia suficiente para reflexionar filosóficamente, la ética y la epistemología permanecen vigentes.  Y en nuestro medio, la labor será liberar de la ignorancia, inquietar y contribuir a formar sujetos críticos que puedan interpretar más certeramente las cosas. No hay ámbito de la realidad donde el filosofar no tenga cabida y en consecuencia la Filosofía puede estar confiada en que sigue teniendo vigencia”.

En otro discurso, Enán Moreno nos recuerda el 80 aniversario del nacimiento de Mario Payeras.  Estamos de manteles largos en la literatura.  Para celebrarlo, proponemos el texto, “Al este de la flora apacible: Novela póstuma de Mario Payeras”.  Estamos seguros que disfrutará de la relación de Enán, pero más aún, del estímulo a aproximarse a la obra de un autor que, por demás, fue poeta y filósofo.

Seguimos en contacto y extendemos nuestro agradecimiento por su fiel preferencia. Hasta la próxima.

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