El arte es una lenta asimilación

Sólo una vez leí a Emilio Plauto, Felice Capella, Apuleyo, y los leí aprisa… Pero a Virgilio, Horacio, Tito Livio, Cicerón, los he leído y releído no una, sino mil veces, y no corriendo, sino con detenimiento y activando en ellos las fuerzas de mi ingenio. Gustaba en la mañana el alimento que digería por la tarde; comía de niño para rumiar de viejo; y tanto me domestiqué con ellos, tan bien me sentaban, no digo ya en la memoria, sino también en la sangre y en la médula; quedaron tan profundamente asimilados en mi ingenio, que aunque cese de leerlos, mientras viva siempre quedarán profundamente impresos en mi alma… Yo me ocupo de adornar la vida y las costumbres con las sentencias y las máximas de esos antiguos escritores; pero no el estilo. Acostumbro citar igualmente sus palabras, o apropiarme con ingeniosa asimilación su sustancia, como las abejas forman la miel con muchas y variadas flores, y más me agrada (si no puede ser de otro modo) que mi estilo sea torpe e inculto, con tal que aparezca, como el vestido a la persona, adaptado y apropiado a mi ingenio, que no usar el estilo de otro, aun espléndido y elegante, pero que, semejante a un lujoso vestido, resulte por todos lados inadaptado a la medida limitada de mi mente. A un histrión quizá le pueda convenir cualquier vestimenta, pero no al escritor cualquier estilo.

Yo soy tal, que me empeño en seguir el camino de nuestros padres, pero no hasta
el punto de poner mis pies en sus huellas. Y si me gusta quizá servirme de sus escritos, no para robarles, sino para hacer de ellos un uso moderado más me agrada, allí donde puedo, servirme de los míos. Yo soy tal, que me complazco en la imitación, no en la copia; y aun en la invitación evito el exceso… Prefiero no tener guía de ninguna clase que tener que poner siempre mi paso donde lo pone mi guía. No quiero un guía que me encadene, sino que vaya ante mí de manera que yo pueda seguirle, por honrarle no me

resigno a perder los ojos, la libertad y el juicio. Nunca habrá quien me impida conducir mis pasos adonde me agrade, huir de quien me disguste, intentar cosas no intentadas todavía, meterme, si me viene en gana, por senderos más fáciles o más cortos, apretar el paso, pararme, cambiar el camino, volverme atrás».
(Litterae familiares Vers. 1359. Ed. y trad. ital. por G. Fracassetti [1863-67] let.26,II).

Artículo anteriorLA PANDEMIA: Una nueva oportunidad de cambio
Artículo siguienteNeil Leadbeater