Título: Historia sitiada (1996). Isabel Ruiz.

Miguel Flores Castellanos
Doctor en Artes y Letras

Una artista plena. Formada con el impetuoso motor de la curiosidad. Nunca dejó de aprender sobre diversos temas, desde lo social en una sociedad como la guatemalteca, hasta su afición por la arqueología maya y su simbolismo plástico. Una mujer que siempre supo su valor y dimensión trascendente como esposa madre y artista. Una persona que creía plenamente convencida de que el arte sana y a la vez educa. Siempre atenta al arte de los jóvenes en donde siempre pudo vaticinar su futuro.

El grabado a punta seca, además de la pintura, fue su pasión, pero encontró un mundo especial en la acuarela, a la cual le dio un nuevo simbolismo, alejada de lo etéreo que puede ser esta técnica. En forma silenciosa, junto con Moisés Barrios, enviaba sus grabados en pequeños formatos por correo a los más destacados certámenes donde su trabajo fue reconocido. Prueba de ello son los numerosos catálogos donde quedó registrada esta obra. Isabel Ruiz se sabía sola, como el resto de los artistas plásticos con convicción, dentro de un mundo del arte de la complacencia y el postureo. Por lo que unió esfuerzos con otros colegas para forjar una carrera que la llevó a destacar en la Ciudad de México, Nueva York, Los Ángeles, Inglaterra lugares donde su trabajo, al igual que en Europa, fue valorado y entendido en su verdadera dimensión. Fue la voz de la mujer dentro del grupo Imaginaria.

Isabel Ruiz, junto con los demás miembros de Imaginaria, fue uno de los personajes que cambió el rumbo del arte visual de Guatemala en la década de los ochenta y noventa del siglo XX, hasta principios del siglo XXI. Siempre buscó estar actualizada de los sucesos del arte visual en el mundo, esto le permitió salir de la monotonía de una técnica y explorar el performance, la instalación. Este cumulo de conocimiento le permitió establecer un puente con las nuevas generaciones de artistas.

Testiga directa de la guerra en Guatemala, siempre llevó la herida lacerante de la pérdida de numerosos amigos, pero también de la gente de tantos pueblos arrasados por el ejército y la situación de los migrantes. Este dolor fue sublimado en potentes obras de arte y series, Historia sitiada, Rio Negro, e innumerables grabados que reflejaban el ser del mal encarnado, torturadores que rondaban las calles de ciudades del país. La totalidad de la obra de esta artista es una ventana a los horrores de sufridos y que aun sufre la población guatemalteca de distintos estratos sociales. Isabel luchó por poner de manifiesto la desigualdad y desequilibrio de fuerzas en el país.

La obra de Isabel Ruiz nunca fue complaciente, su temática y solución a los asuntos plásticos entra en la categoría kantiana de lo sublime, de una estética trascendental, donde la sensibilidad del ser humano es el detonante para poder tener acceso a los significados, siempre poderosos en su obra. Lo sublime conmueve, mueve las entrañas del observador. Inquebrantable en su postura, le valió ser vista de reojo desde las galerías tradicionales y ortodoxas, donde abundaba el paisaje y las acuarelas edulcoradas. Una visión cronológica de su producción artística permite aventurarse a decir que fue premonitoria. Las figuras espectrales, que se aluden en mucha de su obra, fueron ratificadas luego con fotografías de los desenterramientos de fosas clandestinas y el conocimiento de los estragos de la guerra a través del Rehmi.

Una de las obras señeras de Isabel Ruiz lo constituye la instalación Historia sitiada (1996). Sobre un piso de carbón se confrontan cinco sillas quemadas de madera. Al centro la figura de una cruz formada por tres acuarelas de gran formato. Sobre cada una de las sillas, una vela encendida, que permanece viva hasta su extinción. Esta es la metáfora de un hogar arrasado por la guerra. Esta instalación fue realizada por primera vez en la exposición Mesótica II, en el Museo de Diseño y arte contemporáneo de Costa Rica y que luego fue presentada en España, Roma, París, llevada por Virginia Pérez-Ratton.

Definida como una arcana negra por Lucrecia Méndez de Penedo, la obra de esta brillante y volcánica artística vivirá por siempre como parte esencial de la Historia del Arte de Guatemala.

Presentación

Es hermoso considerar la vida eterna cuando se trata de vivir en clave de esperanza estimulados por personajes como Isabel Ruiz.  La artista, qué duda cabe, ha dejado un vacío inmenso en nuestro desolado país, que hace que el horizonte sea más triste en medio de tantas noticias malas.  Pero más que llorar, cabe celebrar desde las posibilidades que ofrece evocar su memoria.

Para ello, no solo dedicamos nuestra portada, sino que nos engalanamos con dos contribuciones que, además de analizar el valor de la obra de la pintora, subrayan la humanidad de un personaje plenamente humano.  Miguel Flores y Francisco Morales Santos (su esposo), ofrecen pistas de comprensión de una creadora quizá no suficientemente valorada en nuestro contexto guatemalteco.

Y duele más aún, en medio del olvido y la ignorancia, la falta de apoyo y reconocimiento del aparato burocrático incapaz de sostener a sus artistas.  Muy preocupados por saquear el erario y urdir burdamente su impunidad, con una sensibilidad nula hacia el universo estético, abandonan a sus creadores y los deja morir sin asistencia mínima.

En medio de tanto paladar maltrecho y moralidad miserable, en La Hora celebramos el nacimiento a la vida de la artista.  No solo desde la fe cristiana que nos consuela con la afirmación de su doctrina, sino induciendo el conocimiento a través de la exposición de su obra.  Por ello invitamos a los lectores a revisar los textos para disfrutar el mundo atisbado por la pintora.

Le sugerimos, finalmente, las colaboraciones de Víctor Muñoz, Lenina García y Enán Moreno.  Cada una de sus propuestas barruntan un “locus” privilegiado que, al tiempo de estimular el pensamiento, generan ideas posibilitadoras de humanismo.  Así, impregnados por la lectura podemos ser portadores de un carácter que nos diferencie y sea semilla de una cultura mucho más civilizada que la que vivimos en nuestros días.  Ojalá así sea.

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