Por: Isabel Díaz Sabán

En los últimos tiempos, el libro infantil se ha vuelto más popular. Los niños han encontrado en él un pequeño refugio fantástico para pasar momentos agradables. Durante la emergencia sanitaria, las grandes editoriales reportan un aumento significativo en las ventas de este tipo de literatura, pero no es necesaria una pandemia para que los niños disfruten de la lectura.

¿A qué edad deberíamos tener el primer contacto con la literatura? Para los más pequeños hay libros con colores, sonidos, texturas, que favorecen el desarrollo de los sentidos y la curiosidad por el mundo. Muchos están elaborados con materiales como hule y tela, lavables y duraderos.

Luego, cuando empiezan a caminar y a poner en palabras sus deseos y necesidades, llegan a escena los libros rígidos. Esos gruesos y breves volúmenes con figuras familiares les permiten sentirse identificados por primera vez con una historia de ficción, de las más básicas.

A esa edad, la hora del cuento puede volverse temible para los padres, pues los pequeños disfrutan de las repeticiones como una forma de sentirse seguros y tranquilos, según los especialistas. En un mundo aún desconocido, los infantes encuentran control y certeza en la misma historia, lo que les permite transitar sus propias emociones, reconocerlas e iniciar su manejo. Ese fue mi caso, leer cientos de veces el mismo cuento hizo que, aunque mis hijos lo hayan olvidado, yo aún lo recuerde línea por línea.

El libro rígido se deja manipular, puede caer, se limpia fácilmente, se recupera de rayones o derrames, su estructura física dura casi tanto como las historias que contiene. En mi caso, pudo sobrevivir a dos pequeños inquietos y convertirse en un regalo para otros.

La temática de estos ejemplares puede parecernos muy simple a los adultos, pero para un pequeño de 18 meses, es hilarante. Historias sobre animales de su entorno, dar un nombre a sus deseos, notar un comportamiento similar al propio, resolver los pequeños problemas que todo niño enfrenta a esa edad, como poner todos los juguetes en su canasta o encontrar su otro zapato, son aventuras que disfrutan al máximo.

Los primeros favoritos de mis hijos provenían de la pluma del autor e ilustrador Satoshi Kitamura, que con honestidad y perspicacia presenta una serie de cuatro aventuras protagonizadas por ardilla, pato, perro y gato.

En un párrafo anterior mencioné los problemas de un niño de 18 meses, esto puede parecer extraño, pero no para la autora Martha Alexander, quien transformó esas situaciones en divertidas historias que provocan las risas de los pequeños lectores.

Cuando mis niños tuvieron un par de años más, fue sencillo aprender a leer con estos libros, ya las historias no eran lo relevante, pero descubrieron las primeras letras en el nombre de Ana o en las breves respuestas de Lalo, que jalaba a Oso mientras buscaban una bota.

Así llegó la comprensión de las letras y mis hijos pudieron leer por sí solos y nunca se han detenido. Ahora ya no leen libros de papel, pero consumen productos literarios en diversos dispositivos, desarrollando un gusto particular que ha cambiado según su edad.

El Fondo de Cultura Económica tiene entre sus colecciones justo los libros con los que mis hijos se iniciaron en el mundo de la lectura. En una reciente visita a su sala de ventas, los vi en un estante, con nostalgia: coloridos, enteritos y limpios, pero con las mismas historias que tantas veces repetí a la hora del cuento.

Ahora pienso, en mi función editorial, qué tipo de libro infantil me gustaría editar. Seguramente la experiencia con mis hijos en sus distintas edades estará relacionada con mi producción de libros, no de los que enseñan materias escolares, sino historias fantásticas que hagan disfrutar a otros pequeños, tanto o más que a los míos.

Con información de: ¿Por qué a los niños les gusta que les cuenten el mismo cuento una y otra vez?, Clic aquí.

Previo al Día del Niño en Guatemala, el próximo 1 de octubre, recuerde que esta y otras novedades puede adquirirlas consultando en clic aquí y a través de WhatsApp: 5017-3130 o por mensaje directo en redes sociales: FCE Guatemala. El envío es gratis en compras mayores de Q200, dentro del perímetro de la Ciudad de Guatemala y Q300 en los departamentos. Aplican restricciones. Puede visitarnos en 11 calle 6-50 zona 1, de la Ciudad de Guatemala.

 

Juego de pies, de Round Ground

En las primeras etapas de la vida de las niñas y los niños es fundamental estimular su imaginación mientras exploran y descubren las posibilidades de su cuerpo. Con este libro, los pequeños lectores se divertirán con sus pies: formarán montañas, visitarán el mar, aprenderán a jugar a las escondidas con los dedos y saltarán como canguros. Al mismo tiempo, podrán compartir un momento lúdico con mamá o papá, que a través de las páginas de este libro, se guiarán para crear divertidos juegos de pies.

Yo no soy un conejo, de Pepe Márquez y Natalia Colombo

Si tiene dos largas orejas y come zanahorias, ¿es un conejo? No necesariamente, puede ser cualquier otra cosa, lo que tú quieras, pues en la imaginación todo es posible, pero ¡cuidado! ¿Y si ocurre algo que te haga cambiar de opinión? “Yo no soy un conejo. Estoy seguro de que soy un zombi alienígena mutante”. Un zombi afirma su personalidad y se compara todo el tiempo con seres extraños de largas orejas y fanáticos de las zanahorias; en cambio, él come pasteles de chocolate, lee, tiene poderosos tentáculos… Sin embargo, un importante suceso lo hace reconocer su propia identidad. Es un relato lleno de humor que cuestiona la identidad de los personajes y resignifica su posición en el mundo.

Caperucita Roja, de Adolfo Serra

El peligro acecha en todos lados, esto es lo que el lector ve cuando se asoma a la nueva versión ilustrada del cuento clásico Caperucita Roja. Adolfo Serra hace un novedoso giro para contar la historia sin palabras, apoyándose solamente en metáforas visuales. En este peculiar viaje, la pequeña niña deberá completar el recorrido que va desde la punta de la cola hasta el fiero hocico del animal.

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