Alfonso Mata
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La memoria no solo es útil para la salud sino para muchas cosas: juicios, condenas, se basan muchas veces en ella; toma de decisiones en momentos urgentes o para decidir futuro, para realizar cálculos, para la construcción de algo, enseñanza, defensa contra enfermedades, necesitan de ella; en fin, muchas cosas.

¿Qué sabe la población sobre la memoria?

¿Cree usted que la memoria funciona como una videocámara que graba fielmente todas nuestras vivencias de tal forma que siempre podemos volver a verlas y oírlas de manera precisa? Si respondió afirmativamente, su contestación es la misma que da por encima del 60% toda la población. La respuesta correcta es no.

Igualmente, casi una de cada dos personas, cree que una vez que se vive un acontecimiento y se forma un recuerdo sobre él, esa evocación ya no cambia. Y también una de cada dos personas cree, que la hipnosis puede ayudar a que un testigo rememore de forma vívida, los detalles de un delito; Y tres de cada cuatro, indica que generalmente somos capaces de darnos cuenta de que un objeto inesperado, ha entrado en nuestro campo visual, incluso si estamos concentrados haciendo alguna tarea.

El mundo de los recuerdos, genera una gran cantidad de falsas creencias. Parte de la culpa la tienen la intuición y el sentido común, que son malos consejeros en estas cuestiones. Lo que vemos, sabemos y aprendemos sobre ella de nuestros profesores, nuestras vivencias y lo que nos enseña vivencias ajenas en cine, televisión, teatro y novela, tiene la culpa también.

Los estudios a la fecha, han demostrado que, estas creencias erróneas tienen importantes ramificaciones prácticas. En primer lugar, muestran que las creencias erróneas, persisten frente a los esfuerzos regulares de la ciencia para comunicar los límites y las debilidades de la memoria. La persistencia de tal creencia, podría ser una consecuencia de nuestras experiencias incompletas: raramente nos vemos obligados a confrontar evidencias que definitivamente demuestren que nuestros vívidos recuerdos están equivocados. E incluso cuando se corrigen las conclusiones erróneas, las ideas erróneas a menudo persisten.

Segundo, estos conceptos erróneos, juegan un papel en las decisiones personales, sociales y legales. Por ejemplo, las personas confían demasiado en la memoria de los testigos, ya que piensan que es inmutable o más precisa de lo que realmente es. Muchas convicciones falsas, se basan en los recuerdos erróneos de un testigo ocular, y las personas muchas veces toman decisiones, basándose a su creencia en la veracidad de sus recuerdos (aunque muchas veces esto va cargado de otros intereses). Solo entendiendo mejor la naturaleza y la prevalencia de tales creencias erróneas, los educadores y los responsables de las políticas pueden trabajar para erradicarlas.

LAS CREENCIAS INCORRECTAS TIENEN AMPLIAS IMPLICACIONES:
• Los medios de comunicación combinan el olvido normal y la distorsión inadvertida de la memoria en los que entrevistan y del entrevistador, con el engaño intencional, comunicando falsas apreciaciones de hechos acontecimientos.

• Los jurados emiten veredictos basados ​​en intuiciones defectuosas sobre la precisión y la confianza del testimonio, la mala intención; los prejuicios; propician errores de relación y apreciación.

• Y los estudiantes malinterpretan el papel de la memoria en el aprendizaje.

UN POCO DE CONOCIMIENTO SOBRE LA MEMORIA

Veamos algunas cosas que la ciencia trata de reencausar.

Primero: debemos tener claro, que nuestro cerebro realiza con la memoria, un ejercicio de reconstrucción, no de reproducción y en esto influye el nuevo medio en que se está recordando y nuestro estado de ánimo y de salud, cultura y muchas cosas. “las cosas no se recuerdan ni se piensan igual estando enfermo que sano” –dice la gente. Seamos claros, no disponemos de un sistema de «formación y almacenamiento, de un registro preciso e inamovible de lo que vemos, sentimos, oímos, experimentamos», todo eso puede cambiar, al alterarse percepciones con la enfermedad. Para empezar, lo que hacemos todo el tiempo es: «conceder más énfasis a aquellos elementos que nos parecen más importantes, haciendo caso omiso de otros detalles». Por otro lado, cuando volvemos a invocar nuestras vivencias: «estamos generando esas memorias de nuevo, orientadas a algo nuevo muy probablemente e intencionalidades diferentes a lo que nos sucedió antaño». Por eso resulta válido decir que la memoria no es como una cámara de video.

¿Puede servir el juicio emitido por un solo testigo, para decidir condena? Algo difícil. Si una persona está muy segura de un recuerdo y confía menos en otro, es mucho más probable que el segundo u otros estados no sean certeros. Sin embargo, como suele decirse, cada individuo es un mundo y ese sueño le cambia según su estado de salud y ánimo. Los sujetos que están totalmente convencidos de la reconstrucción del pasado que les dicta su mente, no tienen por qué ser más dueños de la verdad que aquellos que se muestran más dubitativos respecto a sus vivencias. Pero una vez que se ha formado un recuerdo sobre un evento, esa evocación puede cambiar, se puede modificar, y resulta sorprendente lo mucho que puede afectarlo una serie de circunstancias y eventos al momento del recuerdo relacionadas con la persona misma como la enfermedad o presiones del medio. De hecho, se ha comprobado que esa transformación, depende en gran medida de las experiencias que vivimos y vivamos posteriormente al hecho y del momento del recuerdo.

¿Existen métodos para mejorar la memoria? ¡Claro! el cerebro tiene la capacidad de cambiar con entrenamiento muchas funciones, el memorizar también pero hay que entender uno de ellos: la hipnosis. La hipnosis no es un adecuado método, los recuerdos que se obtienen con ella, no son ni mejores ni peores. Lo que sí aumenta, debido al estado de sugestión en el que se encuentra la persona hipnotizada, es la confianza en ellos. Por eso, puede ocurrir que este procedimiento incremente el número de reminiscencias falsas y en muchos sistemas judiciales, esto no es permitido.

En el acto de memorización, hay muchos detalles que se nos escapan, sobre todo si estamos concentrados en otra tarea, como sucede con las enfermedades. De hecho, en una persona sana, cuando estamos viendo la tele y de pronto aparece una figura o un elemento fuera de contexto al habitual, para la mayoría pasará inadvertido; en una segunda oportunidad, se falla menos; en la memoria sucede otro tanto, elementos culturales, estados de ánimo, funcionamiento orgánico, alteran lo que se registra y lo que se recuerda.

Pero el concepto y atributos sobre lo que es y cómo funciona nuestra memoria, no es del todo cosa social o educativa o cultural; los más instruidos sólo aciertan en un porcentaje ligeramente mayor, a entender las limitaciones de la memoria, porque ésta es una consecuencia natural de cómo experimentamos y concebimos nuestro mundo. Pero es muy posible que nuestro convencimiento de que nuestra memoria es más completa y certera de lo que realmente es, de confiar tanto en ella, se deba probablemente a que solo en muy contadas oportunidades la ponemos a prueba. Nuestro concepto del valor y confiabilidad que tienen nuestros aparatos, equipos e instrumentos, lo testamos todo el tiempo y así decimos si son buenos o malos, trabajan bien o mal, con pruebas que afirman nuestro juicio, pero a la memoria no la sometemos estrictamente a eso. Lo más que llegamos a comprobar es: qué detalles y apreciaciones cambian o pueden cambiar a lo largo del tiempo: “ya olvidé quiénes más estaban, si llovía, el color de su gorra” son afirmaciones frecuentes.

Entonces, podemos deducir ¿que la memoria es muy frágil y nos engaña continuamente? ¡En lo absoluto! ahí está para apoyarnos, se consolida con algunas acciones, trabaja bastante bien la mayor parte del tiempo. Nos ayuda a hacer predicciones sobre lo que ocurrirá en el futuro, al permitirnos comparar situaciones similares a las que hemos vivido; el arte está en apoyarla con buenos juicios y razonamiento. Así mismo, nos permite «sintetizar lo que es importante y representativo en una escena” e incorporar esas interpretaciones a nuestro entendimiento del mundo propio y ajeno y enriquecerlo. El juez, el médico, el psicólogo, siempre nos han aclarado que sólo puede decirse que es débil o limitada, cuando pretendemos que sea una cámara de vídeo en vez de una herramienta que da sentido a lo que nos rodea.

Bien vale para terminar cerrar nuestra exposición con las palabras de Ortega y Gasset: “Todo ese pueblo incalculable de estados sensitivos intracorporales, con sus incesantes y exquisitas modificaciones…, es el teclado maravilloso sobre el que se apoya directamente la percepción que de nosotros mismos tenemos. Como los sentidos corporales son el aparato selector, el tamiz que en cada caso detiene o deja pasar los objetos del mundo exterior, así la sensibilidad intracorporal subraya o apaga nuestros estados íntimos y hace que percibamos ahora estos y no los otros; luego, los otros y no estos”.

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