Carlos Figueroa

carlosfigueroaibarra@gmail.com

Doctor en Sociología. Investigador Nacional Nivel II del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México. Profesor Investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Profesor Emérito de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales sede Guatemala. Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Carlos. Autor de varios libros y artículos especializados en materia de sociología política, sociología de la violencia y procesos políticos latinoamericanos.

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Carlos Figueroa Ibarra

El 17 de noviembre se anunció un acuerdo entre México y Estados Unidos de América para que el Departamento de Justicia estadounidense retirara los cargos que le hizo al ex secretario de Defensa general Salvador Cienfuegos. La decisión no es menor, se trata de un imputado por la fiscalía de EU de operar para el cártel de los Beltrán Leyva. No falta quien interpreta el hecho como el pago del gobierno de Trump al no reconocimiento por parte de López Obrador al triunfo de Biden. En realidad son dos hechos no vinculados entre sí excepto en un asunto cardinal para la política exterior mexicana: la soberanía de México. El seguimiento de la política exterior de México constata el esfuerzo por mantener un equilibrio entre la inevitable vecindad con el país más poderoso del mundo y la necesidad de preservar su soberanía. Este precario equilibrio fue roto por el neoliberalismo que hizo de México un país casi enteramente orientado hacia el norte.

El no reconocimiento a Biden hasta el momento, se sustenta en que México no puede reconocer a un candidato triunfador solamente en base a las proyecciones hechas por televisoras y recuentos no oficializados. No puede hacerlo cuando existe en EU una situación insólita en su historia: el candidato perdedor, presidente del país, no ha aceptado el triunfo de su oponente. Cuando en el pasado el propio López Obrador fue víctima de reconocimientos precipitados como el acontecido con el presidente Rodríguez Zapatero en el contexto del fraude electoral de 2006. En este contexto, México no puede levantarle la mano a Biden como nunca el gobierno de Peña Nieto debió haber invitado al candidato Trump a una visita a la residencia oficial presidencial y haberle dado trato de jefe de Estado. Eso sí fue agravio a Hillary Clinton hecho en plena campaña presidencial. No me cabe duda que la actitud del gobierno de López Obrador hacia Trump no se sustenta en una supuesta afinidad ideológica (la cual ni de lejos existe) sino en una razón de Estado: la necesidad de que la Casa Blanca respete a su vecino del sur.

Por ello el gobierno mexicano expresó su descontento al Departamento de Estado y a la Fiscalía estadounidense el 21 de octubre, tras la detención del general Cienfuegos en Los Ángeles. Fue una detención unilateral, en base a una investigación no informada a México, cuando se supone que son estrechas las relaciones de cooperación en materia de seguridad entre ambos países. La diplomacia mexicana obtuvo un gran éxito al hacer que Washington reconozca su error y rectifique porque le conviene tener buena relación con México. A diferencia de otros países de la región, México no necesita tener el apoyo de la Casa Blanca para realizar su política interior y exterior. Tiene lo suficiente para negociar. Así las cosas, el general Cienfuegos regresará a México y será procesado por lo que se le está imputando. A menos que la investigación estadounidense entregada a México fuera débil, el general tiene un futuro incierto.

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