
La bendición de la torre de Jesucristo por parte del Papa León XIV, prevista para el próximo 10 de julio durante su visita a Barcelona, volverá a situar a la Sagrada Familia en el centro de la atención mundial. El acto llega pocos meses después de que el templo culminara el exterior de su torre central y se convirtiera, con 172,5 metros de altura, en el edificio religioso más alto del mundo.
Pero la imagen de una obra terminada dista de la realidad: la basílica diseñada por Antoni Gaudí continúa en construcción 144 años después de la colocación de su primera piedra.
La visita del pontífice coincide también con la conmemoración del centenario de la muerte de Gaudí, el arquitecto que transformó un proyecto neogótico convencional en una de las obras más reconocibles de la arquitectura contemporánea. León XIV presidirá una misa en su honor y posteriormente bendecirá la torre de Jesucristo, coronada el pasado 20 de febrero con una cruz de 17 metros y 100 toneladas.
Según la historia oficial publicada por la Basílica de la Sagrada Familia, el proyecto comenzó en 1882 bajo la dirección del arquitecto Francisco de Paula del Villar, cuyo diseño seguía las directrices neogóticas predominantes de la época.
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Sin embargo, las diferencias técnicas y económicas derivaron en su sustitución por Antoni Gaudí en 1883, quien reformuló completamente el concepto del templo y lo convirtió en una propuesta arquitectónica de gran complejidad, concebida como una síntesis entre naturaleza, simbolismo cristiano e innovación estructural.
Durante más de cuatro décadas, Gaudí dirigió las obras mientras desarrollaba otros proyectos y, en sus últimos años, dedicó prácticamente toda su actividad a la basílica. Su muerte, en 1926, dejó la construcción en manos de su discípulo Domènec Sugranyes.
CONTINÚA EN CONSTRUCCIÓN
El proyecto sufrió uno de sus momentos más críticos una década después. En 1936, durante la Guerra Civil española, la Sagrada Familia fue vandalizada y gran parte de los planos, fotografías y maquetas de yeso elaboradas por Gaudí fueron destruidas. De acuerdo con la propia basílica, la continuidad de la obra fue posible gracias al material que pudo recuperarse y a la reconstrucción realizada a partir de documentación previamente publicada.
Cinco generaciones han visto avanzar una construcción que ha pasado por distintos equipos de arquitectos y por profundas transformaciones técnicas. En 2010, el papa Benedicto XVI consagró el templo para el culto religioso y lo declaró basílica menor. En los años siguientes comenzaron a levantarse las torres centrales dedicadas a los Evangelistas, la Virgen María y Jesucristo, consideradas el núcleo del proyecto ideado por Gaudí.

La culminación exterior de la torre de Jesucristo en febrero de este año marcó un nuevo hito. Con 172,5 metros de altura, la Sagrada Familia superó a la catedral de Ulm y pasó a ser el edificio religioso más alto del mundo, un logro que León XIV bendecirá oficialmente durante su estancia en Barcelona.
Sin embargo, la obra aún está lejos de concluir. Permanecen pendientes cuatro torres dedicadas a los apóstoles, una segunda sacristía y la fachada de la Gloria, concebida como el acceso principal al templo y considerada una de las intervenciones más complejas del conjunto.
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El avance de la construcción depende exclusivamente de financiación privada. En 2025, la basílica vendió 4,8 millones de entradas y obtuvo ingresos por 134 millones de euros, de los cuales 113 millones se destinaron directamente a las obras. Ese modelo ha permitido mantener un proyecto que, desde sus orígenes, ha sido impulsado sin recursos públicos.
La visita del papa León XIV ofrecerá una imagen inédita: la del máximo representante de la Iglesia católica bendiciendo la torre más alta de un templo que todavía sigue levantándose. Ciento cuarenta y cuatro años después del inicio de las obras, la Sagrada Familia permanece como un edificio en construcción y, al mismo tiempo, como uno de los monumentos más visitados e icónicos del mundo.







