Luis Enrique Pérez

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Nació el 3 de junio de 1946. Ha sido profesor universitario de filosofía, y columnista de varios periódicos de Guatemala, en los cuales ha publicado por lo menos 3,500 artículos sobre economía, política, derecho, historia, ciencia y filosofía. En 1995 impartió la lección inaugural de la Universidad Francisco Marroquín.

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Luis Enrique Pérez

En el año 1582 el mes de octubre, que tiene 31 días, tuvo 21 días, en varios países del mundo: el jueves 4 de octubre fue seguido por el lunes 15 de octubre. Fueron eliminados, entonces, 10 días: viernes 5, sábado 6, domingo 7, lunes 8, martes 9, miércoles 10, jueves 11, viernes 12, sábado 13 y domingo 14. Podemos conjeturar que los acreedores estuvieron satisfechos: cobrarían la misma tasa mensual de interés financiero por un mes de 21 días que por uno de 31 días. También podemos conjeturar que los deudores protestaron: no debían pagar una tasa de interés por los 10 días eliminados.

La causa de aquel mes de octubre de 21 días fue que, en el siglo XVI, exactamente el 24 de febrero del año 1582, el Papa Gregorio XIII, cuyo nombre era Ugo Boncampagni, decretó un nuevo calendario para calcular con más precisión la fecha en que debía celebrarse la Pascua. El nuevo calendario se denominó “gregoriano”; y sustituyó al calendario denominado “juliano”, decretado por el dictador romano Julio César, en el año 46 antes de la Era Cristiana, y vigente a partir del año siguiente.

El año del calendario juliano tenía 365.25 días e incurría en un error de un día cada 128 años. En el año 1582 ese calendario se había adelantado 10 días. El año del calendario gregoriano tendría 365.2425 días e incurriría en un error de un día cada 3,300 años; y debía corregir el alarmante adelanto del calendario juliano, es decir, debía eliminar aquellos 10 días Este calendario fue obra inicial del filósofo y matemático Luis Lilio y obra final del matemático y astrónomo Cristóbal Clavio. En calidad de homenaje a ambos, uno de los cráteres de la Luna se denomina “Clavio”, y uno se denomina «Lilio». Galileo Galilei visitó a Clavio. El propósito fue deliberar sobre las observaciones telescópicas de Galileo.

La diferencia entre el calendario juliano y el gregoriano es la regla de cálculo del año bisiesto, o año de 366 días, es decir, año que tiene un día adicional. Ese día se incluye en el mes de febrero. En el calendario juliano, un año bisiesto es aquel que es exactamente divisible por el número 4. Por ejemplo, es bisiesto el año 1900. En el calendario gregoriano un año bisiesto es aquel que es exactamente divisible por el número 4; pero el último año de un siglo, aunque sea divisible por ese número, no es bisiesto, excepto que sea exactamente divisible por el número 400. Por ejemplo, en el calendario gregoriano el año 1900, que fue el último del Siglo XIX, no fue bisiesto porque, aunque era divisible exactamente por el número 4, no lo era por el número 400.

Algunos de los países que en el mismo siglo XVI adoptaron el nuevo calendario fueron Italia, España, Polonia y Portugal. Los países que lo adoptaron en siglos posteriores eliminaron más de 10 días. Por ejemplo, aquellos que lo adoptaron en el siglo XVIII eliminaron 11 días. Aquellos que lo adoptaron en el siglo XIX eliminaron 12 días. Y aquellos que lo adoptaron en el siglo XX eliminaron 13 días.

El papa Gregorio XIII decretó el nuevo calendario en la bula denominada “Inter Gravissimas”. Eran palabras latinas que significaban “entre las más serias”. Las “más serias” eran algunas de las obligaciones que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana debía cumplir. Una de ellas era acatar los mandatos del Concilio de Trento, celebrado entre los años 1545 y 1563. Y uno de esos mandatos era un nuevo calendario.

Post scriptum. En el calendario juliano y en el gregoriano el año es el denominado “año tropical”, o tiempo que transcurre entre dos equinoccios sucesivos de primavera o de otoño, o entre dos solsticios sucesivos de verano o de invierno. La palabra “equinoccio” significa “noche igual”. La palabra “solsticio” significa “sol quieto”.

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