Luis Enrique Pérez

lepereze@gmail.com

Nació el 3 de junio de 1946. Ha sido profesor universitario de filosofía, y columnista de varios periódicos de Guatemala, en los cuales ha publicado por lo menos 3,500 artículos sobre economía, política, derecho, historia, ciencia y filosofía. En 1995 impartió la lección inaugural de la Universidad Francisco Marroquín.

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Luis Enrique Pérez

El intrépido, impetuoso y desafiante movimiento migratorio que han emprendido miles de hondureños no es, por supuesto, movimiento hacia un país socialista, como Cuba o Venezuela. Los hondureños decidieron migrar a Estados Unidos de América, es decir, a una de las naciones del mundo que tienen más propensión capitalista, o propensión a la libertad económica. En esa nación tal propensión ha posibilitado una prosperidad creadora de fantásticas oportunidades de mejorar.

Si tuviera que cuantificar la propensión capitalista de Estados Unidos de América, con respecto a aquello que, creo, es capitalismo, le adjudicaría una propensión de 30%, una de las mayores entre los países del mundo que pretenden ser capitalistas. Esta proporción, con la cooperación de una confiable administración de justicia y una sensata certidumbre jurídica, ha soportado el restante 70% de propensiones socialistas, que han impedido que esa nación haya inaugurado la época más explosiva de prosperidad en la historia de la humanidad.

Es tal la prosperidad de Estados Unidos de América, que en él hay una acechante oportunidad y una fundada esperanza de ser menos pobre. Era probable, entonces, que los hondureños pobres fueran seducidos por los promotores, ya ocultos, ya manifiestos, del movimiento migratorio, y que abandonaran su país, y emprendieran un aventurado viaje hacia aquella nación, acompañados por intrusos africanos y asiáticos del Medio Oriente.

Aunque sepan o no sepan qué es el capitalismo, los pobres de Honduras, y también de Guatemala, El Salvador y México, se exponen a la muerte en el intento de aprovechar las oportunidades que brinda Estados Unidos de América. Y en esta nación hay capitalistas riquísimos; y puede haber una descomunal diferencia de riqueza entre capitalistas y trabajadores; pero esa diferencia ha contribuido a brindar oportunidades de reducir la pobreza y hasta oportunidades de que los pobres se vuelvan ricos; y ha demostrado que la creencia en que la desigualdad económica es origen de la pobreza es un espléndido error.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas comenzó en el año 1922, y se disolvió completamente en el año 1991, es decir, duró casi 70 años. Estados Unidos de América comenzó en el año 1776. Ha durado, entonces, casi 242 años, o 3.5 veces de lo que duró aquel imperio socialista. Este imperio nunca brindó codiciadas oportunidades de prosperidad. Era un imperio al cual la voluntad le reclamaba libertad. Y la razón exigía aniquilarlo hasta sus más ominosos cimientos. Y el sentimiento imponía repudio. Y la real naturaleza humana se resistía a transformarse en torpe invención utopista. Y la historia universal se arrepentía de su propio acontecer,

Para evitar la migración, por ejemplo, de guatemaltecos, hondureños, salvadoreños o mexicanos, el presidente Donald Trump se propone construir murallas, o asignar fuerzas militares para resguardar fronteras. No creo que tenga éxito, porque es improbable que esas murallas y esas fuerzas puedan detener a aquel cuya impetuosa finalidad de mejorar su vida ha eliminado el temor a la muerte.

Post scriptum. El medio más eficaz que el presidente Trump puede emplear para evitar la migración es convertir a Estados Unidos de América en una nación socialista.

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