Juan José Hurtado

Médico general especializado en pediatría y antropólogo con especialidad en antropología médica.

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Juan José Hurtado Vega
juanjo@ufm.edu

Leyendo La Gaceta de Harvard del 20 de junio de 2018, me llamó de inmediato la atención el siguiente título: Statement by Center Director Jack P. Shonkoff, M.D. on Separation of Families. La declaración del Director del Centro sobre el Niño en Desarrollo de la Universidad de Harvard es de suma importancia por la situación de los niños hijos de migrantes recluidos en los Estados Unidos de Norteamérica, me parece muy oportuna y me motiva a repetir los conceptos fundamentales.

Ojalá las autoridades superiores guatemaltecas, particularmente el Presidente de la República, sus asesores y la Ministra de Relaciones Exteriores se interesaran y leyeran un poco al respecto del daño que la separación súbita y forzada de esos niños de sus familias ocasiona en el desarrollo psicomotor y la salud en general del niño. Esto les ayudaría a entender el daño que se les ha hecho a esos niños y tal vez los motivaría a actuar de una manera más enérgica. El desarrollo psicomotor y general de esos niños está gravemente comprometido, lo cual repercutirá en el desarrollo del país.

Si eso ocurriera (que se interesen más), es probable que Guatemala hiciera una denuncia más enérgica sobre el problema que ya se ha causado y se puede seguir causando. Esos niños merecen gestión importante de las autoridades del país que los retiene y de su país de origen y asistencia urgente de especialistas neurocientíficos en el país que los ha separado de sus padres.

El doctor Shonkoff dice en su declaración “La política de separación de las familias es un tema crítico que trasciende la ideología política y el partidismo.” Señala dos conceptos fundamentales, el primero: en el centro de nuestra compresión del desarrollo cerebral de los niños, para un desarrollo saludable del cerebro de bebes y niños pequeños se requiere la disponibilidad constante de una relación estable, sensible y solidaria con al menos un padre, madre o cuidador. El segundo concepto: los niveles elevados y persistentes de estrés pueden alterar la arquitectura del cerebro en desarrollo, lo que tendrá impactos negativos graves sobre el aprendizaje, el comportamiento, la salud física y mental para el resto de su vida.

La súbita separación forzosa y violenta de los niños es profundamente traumática tanto para el niño, como para los padres. Más allá de la angustia visible “externamente”, esta terrible experiencia desencadena una respuesta biológica, un estrés de consecuencias desastrosas. Lo brusco y violento de la separación hace más grave este estrés que únicamente podría ser disminuido por la asistencia materna, paterna o familiar.

Viendo con angustia escenas (en fotos y en la televisión) de la separación violenta que tantos niños han sufrido y viendo las condiciones en que se ve que están “enjaulados”, no puedo entender como la Ministra de Relaciones Exteriores pudo decir que están bien cuidados.

La pregunta ¿qué se puede hacer por el futuro de estos niños? debe planteársela cada ciudadano, pero sobre todo las autoridades nacionales, particularmente del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, el Ministerio de Educación y la Secretaría de Bienestar Social.

Desgraciadamente los ciudadanos comunes y corrientes, que tenemos conciencia de la vulnerabilidad del niño no podemos actuar en este problema. Por lo menos debemos de señalar que a estos niños ya se les había hecho mucho daño en Guatemala por las condiciones miserables de vida que hizo migrar a sus padres, llevándolos con ellos. Ahora se les ha agregado en los Estados Unidos de Norteamérica, un nuevo estrés súbito y muy grande: la separación brusca de sus padres y su aislamiento en condiciones de “prisioneros”.

Daba por terminado este artículo cuando el padre de un paciente, profesor de enseñanza primaria y media me contó lo siguiente:

“Desarrollando un tema de tecnología en donde los estudiantes tenían que imaginar una aplicación para el aprendizaje de las tablas de multiplicación, uno de los alumnos hizo el siguiente comentario: Profe, ¿será que esta aplicación también la pueden utilizar los niños de Estados Unidos que se encuentran enjaulados? Esto llamó mucho mi atención, decidí suspender la clase magistral y pedí a los alumnos una “lluvia de ideas”. Otro hizo un nuevo comentario, pidiendo excusa por usar una mala palabra: mi papá dice “el señor Trump trata mejor a los animales que a los niños, porque es un ……”.

Como maestro llamé a una reflexión: que ellos se pusieran en la situación de esos niños. La clase terminó allí, con un absoluto silencio.”
Yo me había hecho anteriormente una pregunta parecida. No pude contestarme y hasta el momento me inquieta ¿Cómo me sentiría como niño o como padre?

Le pido a usted que se la haga.

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